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24 de julio de 1998 A B C de las artes F 0 N 1 ANA, ENTRE MATERIA Y ESPACIO Fundación la Caixa Plaza Weyler, 3 Hasta el 13 de septiembre Palma de Mallorca BRIENDO las conmemoraciones del centenario del nacimiento de Lucio Fontana (Rosario, Argentina, 1899- Varese, Italia, 1967) y a los treinta años de su desaparición, la Fundación la Caixa junto con el MNCARS, ha preparado una exposición que, sin ser una exhaustiva retrospectiva, sí muestra una selección de aquellos temas y campos de trabajo que mejor definen su trayectoria en el plural contexto artístico del siglo XX. La evolución de las sensibilidades es tan acelerada en la cultura contemporánea que, de vez en cuando, conviene revisar a los grandes maestros, particularmente a aquellos que han abierto nuevas perspectivas dentro del llamado arte de vanguardia. La lectura y el impacto que tuvieron las exposiciones de Fontana en la Galería Rene Metras de Barcelona en 1971, en el Palacio de Velázquez en Madrid en 1982, en el Centro Cultural de la Caixa en Barcelona en 1988 (que procedía del Centro Pompidou) y la que ahora se ha inaugurado en Palma, y que el 30 de septiembre se presentará en Madrid, son distintos porque llegaron en circunstancias estéticas e ideológicas marcadamente diferentes, y es que aunque entre ellas haya denominadores comunes en cuanto a la selección de obras, la manera de acercarnos a ellas ha cambiado. Si durante unos años Duchamp y su visión del arte dominaron dogmáticamente la lectura y la interpretación de las artes, con Fontana regresó una manera existencial de ver el mundo, donde la pasión individual, el sentido estético y la gran historia del arte juegan un papel determinante. Si Duchamp se inclina por la ruptura, negando el pasado. Fontana cataliza cambios y transformaciones, mirando el futuro apasionadamente pero apoyándose en el pasado. Debo confesar que me acerqué a esta exposición con reparos, pensando que la obra de Fontana habría envejecido mal, que con el paso de los años no habría podido mantener la frescura original de los cincuenta, cuando supo interpretar el espíritu de una época y anticipar muchas de las propuestas que luego le siguieron, y probablemente en su factura, en los materiales utilizados, en ciertas concesiones al gusto, en el A uso de técnicas tradicionales. Fontana resulte algo antiguo pero gracias a la selección de las ochenta obras que constituyen esta muestra y a la estructura de su discurso, nos encontramos con el Fontana más clarividente, más inquieto, más ambiciosoi profundamente preocupado por dimensiones tan cercanas y tan alejadas del hombre como el tiempo, el espacio y la materia. Cuando el centro de gravedad del arte de vanguardia se desplazó a los Estados Unidos, Fontana supo dar al arte europeo una respuesta que se apoyaba a los cambios culturales, sociales y técnicos de nuestra era. La aparición de la física nuclear, la televisión, el radar, el neón, los vuelos espaciales fueron para él avances que exigían un nuevo compromiso del artista con su época. Hijo de la tradición renacentista, el espíritu del barroco, el dinamismo futurista, el sentido expresionista de la materia, a su manera e intuitivamente buscó la evolución, primero con sus perforaciones buchi y después con sus cori; es tagli que constitu- yen el primer paso para superar la bidimensionalidad de la tela y entrar en otra fase, la de la conquista del espacio concetto spaziale Con papel, tela, metal, cerámica, neón, etcétera, Fontana inició una experimentación que le llevó a formularse las más diversas preguntas sobre el papel del arte en el futuro, sobre el origen y sentido de la existencia, en una reflexión que, como obsen a Franziska Nori, comisaria de la exposición junto a Thomas M. Messer, tuvo como ejes centrales la materia y el espíritu, lo divino y lo humano, lo masculino y lo femenino, lo terráqueo y lo cósmico... Una reflexión en la que todo fue válido, porque Fontana no distinguió entre lo figurativo y lo abstracto, lo barroco y lo concreto, lo bello y lo siniestro. La acertada selección de los comisarlos nos permite conocer de primera mano obras de los años treinta y cuarenta, en las que se contrapone la esencialidad de unas formas abstractas a una cerámica figurativa y expresionista, las distinlíis versiones de los conceptos espaciales, que pasan por el tratamiento de la materia, las perforaciones, hendiduras, e incrustaciones, los famosos cortes de esencialidad caligráfica y espíritu oriental, con los que consigue la transgresión de la tela tradicional y la incursión en el concepto de espacio, los grandes bloques de bronce con incisiones, las elegantes telas ovales de colores fosforescentes, la tela de transparencias horizontales que cuelga del techo o el impresionante laberinto blanco, titulado Ambiente spaziale de 1968, donde el espectador es situado literalmente en otra dimensión espacial, que anuncia muchas de las conquistas posteriores del arte contemporáneo. Nos encontramos, pues, ante un Fontana muy diverso en estilos y épocas, un artista que supo transmitir en cada momento sus estados de ánimo y sus r- inquietudes intelectuales, P que más allá de la materialidad física de sus obras nos dejó descubrir su inquieta capacidad indagatoria que hoy, en la perspectiva histórica de esta exposición, nos permite situarle como un precursor del informalismo, del arte cinético y lumínico, del espacialismo o de las instalaciones y el minimalismo. Porque Fontana fue capaz de anunciar una nueva concepción del arte, más allá de los soportes tradicionales y sin renunciar a lo más genuino de sus esencias: la dimensión estética y la intelectual. Arriba, Concetto spaziale, attese (1961) Sobre estas líneas, Concetto spaziale (1952) Daniel GIRALT- MIRACLE 27