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24 de julio de 1998 ABC literario Ensayo ElKarma Gemán Castro Caycedo Planeta. Barcelona, 1998 278 páginas, 2.500 pesetas La retórica contra la competencia en España Pedro Fraile Fundación Argentaría- Visor. Madrid, 1998. 242 páginas, 2.100 pesetas E L 14 de noviembre de 1981, la Armada Nacional de Colombia Inundió en combate en el océano Pacífico un barco, El Karina que transportaba armas para el movimiento guerrillero M- 19. Castro Caycedo cuenta la liistoria del buque y de su cargamento, valiéndose de los testimonios directos de los guerrilleros, traficantes de armas, marinos, militares y aventureros que participaron en los hechos, y recorriendo los lugares donde sucedieron: Alemania, la costa norte de África, Panamá, el desierto tropical de la Guajira, el océano Pacífico y la selva amazónica colombiana. A pesar del tema que trata el libro, por sus páginas apenas aparece la violencia, hay escasos muertos y las relaciones entre los personajes variopintos son de amistad y compradazgo, casi nunca de enfrentamiento directo. Federico, el guerrillero que comienza la narración desde Hamburgo, a donde se ha desplazado para comprar el barco que transportará las armas, justifica la adquisición de éstas evocando una escena vivida en la selva colombiana, junto al comandante general del (VI- 19; un indígena y una guerrillera blanca conversan cariñosos. Él le acaricia la mejilla y ella sonríe, pero al tratar de devolverle la caricia, se enreda en el gatillo de la escopeta que el primero tenía apoyada en la pierna y suena un disparo seco. Una escopeta de mierda, insegura. ¿Te fijas por qué necesitamos cuanto antes esos malditos fierros? exclama el comandante mientras levantan al indio que agoniza. Pero no se sabe qué es lo que mueve a los guerrilleros a participar en unas empresas que les pueden costar la vida ni tampoco por qué combaten ni contra quién. Se embarcan gustosos en acciones complicadas, casi del tipo de Misión imposible pero con unos medios muy inferiores: escasez de comida, coches que hay que hacer andar atando una cuerda al acelerador, aviones que tienen que aterrizar en una pista diminuta anegada por un arroyo, en fin, la realidad cotidiana latinoamericana que otros conocen como realidad fantástica. A CABO de terminar la lectura de uno de los libros de economía más divertidos con los que me he encontrado en mucho tiempo. Su autor, prestigioso historiador económico, demuestra con él dos cosas importantes: la primera, que es posible decir cosas inteligentes sobre economía sin necesidad. de que el lector queme neuronas para entenderlas; la segunda que, aunque sea cierto que los tiempos adelantan que es una barbaridad, las ideas de la gente con respecto al funcionamiento de las economías y los mercados se parece aún mucho a la que tenían nuestros abuelos. de los aranceles según Guillermo de Osma en honor del ministro proteccionista que desempeñó un papel importante en las reformas antiliberales de 1906. No es fácil que estos modelos pasen en el futuro a desempeñar papel alguno en la historia de las doctrinas económicas, pero para el lector español resultan interesantes. El mensaje que todas estas personas y grupos han transmitido durante muchos años ha sido casi monocorde: la competencia envilece; es malo dejar a las fuerzas del mercado las cuestiones importantes de nuestra vida social. El discurso de hace cien o cincuenta años se repite así una y otra vez: parece, por ejemplo, que escuchamos a algunos de nuestros actuales políticos cuando leemos los textos de 1916 de Sánchez de Toca sobre la reconstitución económica. O que son los farmacéuticos de nuestros días los que afirman en un texto delicioso que publicó en 1930 La voz de la farmacia que la libre concurrencia es un manantial inagotable de malas artes Pero no han sido, desde luego, los profesionales los únicos enemigos de la libertad económica y la competencia. Rara ha sido, en España, la persona o la empresa que no se ha considerado digna de favores especiales de la Administración, bien porque su sector es estratégico bien porque crea puestos de trabajo, bien porque necesita protección frente a la competencia injusta que le hacen los productores de otros países. No es preciso añadir que, en esta comedia, el pobre consumidor suele representar el papel de comparsa, sin capacidad de influencia alguna y con la obligación siempre de tener que pagar más por productos y servicios peores. No es extraño, por tanto, que en este país hayan arraigado con fuerza todas las teorías contrarias a la economía de mercado, sin dis- Las autoridades, sin especificar nunca cuáles exactamente, hacen la vista gorda por dinero y, en general, todos están dispuestos a ganar unos pesos sin hacer preguntas. Ante nuestra vista se mezclan los personajes, del tráfico de drogas, del tráfico de armas, del contrabando de todo tipo, conviviendo sin molestarse apenas, y hasta aparecen los concursos de belleza, presentados como una obsesión de Colombia. En este mundo tan bien acoplado no hay razón de peso para atacar a El Karina por eso, cuando empieza a ser acosado por la Armada colombiana y es inminente su hundimiento, casi nos ponemos de parte de su tripulación, nos apena que vaya muriendo y nos alegra que, tras salvarse del hundimiento y permanecer un tiempo en el agua, los tres últimos guerrilleros decidan pedir auxilio antes de morir de agotamiento o devorados por los tiburones. Cuando desde el buque de la Armada logran oírlos y avanzan hacia ellos, se colocan con el pecho de frente para proporcionar un buen blanco y no quedar malheridos. Uno exclama: ¡Prepárense para morir! Pero no es así. Transcurren algunos segundos y nos alegramos de leer que un oficial de la Armada ordena: ¡Suban los náufragos a cubierta! Pedro PÉREZ HERRERO El tema escogido por el profesor Fraile es la retórica contra la competencia. En otras palabras, se trata de explicar no tanto por qué la mayoría de los españoles han sido tradicionalmente enemigos de los sistemas competitivos, como cuáles han sido los principales argumentos que los partidarios del proteccionismo y la regulación han presentado a la opinión pública. Por las páginas de este libro desfilan así las voces de los políticos reguladores, de los industriales, de los colegios profesionales, de los economistas- que en nuestro país no han destacado precisamente por su liberalismo hasta fechas bastante recientes y hasta de la Iglesia Católica, que tan bien ha engarzado su doctrina social con los incontables prejuicios antiliberales de la sociedad española. El estilo en el que está escrito La retórica contra la competencia en España (18751975) es sencillo y puede ser entendido perfectamente por quienes no son economistas. Aquellas personas que quieran profundizar algo más en los argumentos económicos pueden consultar unos análisis gráficos simples pero muy ilustrativos. Lo curioso de estos gráficos es que, además de presentar algunos de los argumentos fundamentales de la ciencia económica, son utilizados para poner en forma de modelo las ideas de algunos de los personajes cuyas teorías son estudiadas en el libro. Así puede uno encontrarse, por ejemplo, con una figura titulada El coste Este es uno de los libros de economía más divertidos con que me he encontrado. Demuestra que es posible decir cosas inteligentes sobre el tema sin que el lector queme neuronas tinción de ideologías. Autárquico y planificador fue el régimen de Franco. Intervencionistas y reguladoras fueron las ideas económicas de la izquierda cuando aquél desapareció. Enemigos del mercado siguen siendo la mayoría de nuestros periodistas, de nuestros jueces, de nuestros políticos y de nuestros clérigos. Creo, por tanto, que desde que he leído el libro de Pedro Fraile entiendo un poco mejor la curiosa sociedad en la que vivo. Francisco CABRILLO 23