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r f wmera naMiPii SAURA, ADIÓS L A desaparición de Antonio Saura me sume en una desconcertada angustia que me impide tiasta pensar. No parece posible que Antonio ya no exista. Nos conocíamos desde hacía muchos años, por edad y por paisanaje. No se trataba de un conocido, sino de un verdadero amigo. El paisanaje influye, aragoneses ambos, conocidos de Huesca y de Zaragoza, cuando irrumpió en Ja más brillante escena de la pintura, cuando casi todavía adolescente expuso sus primeros cuadros en fa Galería Buchhoiz, de Recoletos de Madrid, con unos cuadros de un amargor y una penetración impropias de un adolescente. Parecía premonitoria a tristeza que saludó, paradójicamente, la aparición de un nuevo y original artista. La enfermedad fue su primera compañera. En ella se inspiró para tratar de encontrar un mundo nuevo. Sus sueños eran angustiosos, con la presencia de un destino que, probabtem te, esperaba. Tuve el honor de acercarme a sus constelaciones, con cierta premonición de angustia, y se pre- sentó en la sala Libros de Zaragoza; era un muchacho convaleciente y por ello mucho- más sensitivo a una realidad onírica y melancólica. De Aragón pasa a Madrid y luego a Francia, dentro de un fragor surrealista que daba a sus obras un, eco de tristezaVive en Parts dos años y aHí vdvió a reconocerla, en esa extraña amargura que parecía trazada por el destino, Pero era, a! a vez, cordial con sus amigos y colaboradores de la galería dirigida por el crítico Micheí Tapié. Ya tenía un destino de una brillante fatalidad. Alto, espigado, de cara rapada de penitente, pronto se hizo un lugar en el París de la posguerra, Bi las radiantes sonrisas que nos dtedicaba a los amigos había siempre un dejo dé amargura, combinada con una poderosa imaginación plástica. Es el gran personaje del grupo El Paso y sus manifiestos tenían un doble sentido de amargor y de entusiasmo. Se trata de una recreación informalisía de una indescriptible melancolía. Y, sin embargo, qué radiante era su sonrisa, con qué fragancia saludaba a los miigos y cómo creaba pei onajes a un tiempo grotescos y trágicos, damas, crucificados, retratos imaginarios pero a la vez tan reales que eran dolorosos de mirar. Ese triunfador déla pintura aragonesa encuentra en (os personajes cervantinos una tramontana grotesca y trágicamente despiadada que contradice la risa de su gesto anigal, el abrevo que repartía a sus raros amigos. A la vez es creador de M humorismo amargo, casi agresivo, de tristes mujeres, hidalgos famélicos en una terrible poda entre don Quijote de la Mancha y Dora Maar. En un momento de euforia decora el plafón de ta sala de reuniones de la Diputación de Huesca. Recuerdo con qué devota atención contemplaban sus paisanos esa delirante amalgama de euforia y furor. Fue una d sus pinturas más coloristas. Normalmente se atenía a una severidad lindante con lo duro y lo grotesca Sus enormes cabezas de mujer, de perros, de atormentados, no calan en lo fácil- j nás por la elegiaca tristeza de ios personaje desvalidos o ffe ros. Ha ilustrado libros importantes, de Bergamín, de Ulláp, de Valeníe, y al mismo tiempo fu -ufi desgarrador poeta de la prosa, con la amarga vida de lo perecedero. La enormidad de premios y recompensas que mefecíéron tanto sus dibujos como sus obras escritas no pueden hacernos olvidar ni estos dibujos ni estos escritos. De hecho, era e! cronista agudo y- sarcástico, de una belleza que mira del revés, con! a triste euforia del condenado a morir. No puedo creerlo todavía... se nos mu en los grandes artistas todavía jóvenes, y el heroico Saura era capaz de sonreír en la agonía de una vida destinada a esfumarse. Querido Antonio, bajo la bóveda craneal majestuosa, y con la larga silueta apoyada en el bastón, tBlucfan alternadamente tus ojos tan irónicos como tiranos. En su Viaje alrededor de la pintura Antonio era tddavía capaz de sonreír con esa risa que abre definitivamente las puertas del más allá. Dios b acoja en su gloria. Antonio Saura, amigo inolvida. ble, por. favor sonrie ofra ve 2... Más. di cJI. es ocultar aquella lágrima cordial d tu mirada. Julián GALLEGO J 5