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19 de junio de 1998 A B C de la ciencia, r- RANAS, RATONES Y QSTEOSARCOMAS El mismo gen que orquesta las células implicadas en la formación del cerebro de las ranas ha resultado ser clave para el desarrollo correcto de las articulaciones de las ratas. Los autores de este hallazgo sospechan que el gen homólogo en humanos acomete la misma función, lo que abre una senda para, eventualmente, tratar los osteosarcomas EL GOLESTEROL EN EL OJjl DEL MÍTICO CICLOPE mito colesteE Lrol hamoderno delsorprenquedado dentemente unido al del gigante ciclópeo que, en las crónicas de Homero, se enfrentó a Ulises. Dos estudios, publicados en l a s revistas Science y Development arrojan luz sobre las causas moleculares que dan lugar a la aparición de un único ojo central en uno de cada 16.000 recién nacidos, afectados por una patología llamada holoprosencefalia. Este severo desorden del desarrollo se origina por fallos en la correcta subdivisión de la parte frontal del cerebro durante la fase embrionaria. Se puede producir por fallos genéticos, pero también por toxinas. En uno de estos estudios, e i biólogo molecular Philip Biachi, de la Universidad Johns Hopkins, demuestra que ciertas toxinas hacen que las células no puedan responder a señales críticas del desarrollo, probablemente porque interfieren en el tráfico normal del colesterol dentro de la célula. Según esta hipótesis, los fallos en la biosíntesis y transporte del colesterol, componente estructural de las membranas celulares, distorsionan la ruta bioquímica iniciada por el gen Sonicj Hedgehog (Shh) un arquitecto molecular que dirige la formación del cerebro y la cabeza. E Madrid. Carolina Samper L gen Noggin fue descubierto hace seis años por el biólogo molecular Richard Harland, de la Universidad de California en Berkeley, cuando investigaba la biología de embriones de la rana africana Xenopus laevis En su laboratorio, y con ayuda del investigador William Smith, comprobó que el Noggin realiza la función crítica de permitir que ciertas células originen el cerebro y tejidos del sistema nervioso central bloqueando, alternativamente, rutas bioquímicas que pueden dar lugar a otros tejidos, como la piel. Harland y Smith llamaron al gen Noggin porque cuando su proteína era producida en exceso daba lugar a embriones con cabezas muy grandes. Ahora, en un estudio publicado en Science el profesor Harland ha demostrado el importante papel de este mismo gen para el desarrollo del esqueleto de los mamíferos. De nuevo, la manipulación genética de embriones, en este caso ratones, produjo resultados muy ilustrativos. En colaboración con Andrew McMahon, de la Universidad de Harvard, Harland inactivo el gen Noggin en células embrionarias de ratón cultivadas en laboratorio y luego las introdujo en un ratón, consiguiendo con el tiempo una estirpe de roedores sin este gen. Los embriones resultantes carecían de articulaciones, tanto en las extremidades inferiores como en los dedos de los pies. Tal era la deformación del esqueleto que ninguno de los ratones nació vivo. Según la hipótesis de los científicos, la ausencia de la proteína expresada por el gen Noggin produce en estos mamíferos una acumulación en las articulaciones de un tipo de factor de crecimiento llamado proteínas morfogenéticas del hueso (BMPs) que promueven el crecimiento óseo. Como consecuencia se genera una mayor deposición de los cartílagos y huesos así como la no formación de las articulaciones. Harland y sus colaboradores creen que la proteína Noggin mantiene el control de otros factores celulares de crecimiento para que se produzca la forma- El ratón de la derecha no tiene el gen noggin ni articulaciones ción del tejido adecuado en el lugar correspondiente. Las investigaciones sobre el gen Noggin y su función orquestal en el desarrollo del esqueleto, han despertado el interés de ciertos laboratorios farmacéuticos. En concreto, una compañía de Nueva York investiga compuestos similares a la proteína Noggin para comprobar si bloquean las proteínas BMPs y favorecen la recuperación de los pacientes con osteosarcoma y de aquellos operados por patologías de rodilla. SENSIBILIDAD AL ALCOHOL EN MOSCAS BORRACHAS MOSCAS emborrachadas y desprovistas de un gen por científicos de la Universidad de California han proporcionado pistas sobre la ruta bioquímica que regula la sensibilidad al alcohol, el viejo misterio que explicaría por qué determinadas personas toleran mejor el alcohol que otras. Los investigadores norteamericanos, según publicaron en el último número de la prestigiosa revista Cell inactivaron varios genes antes de exponer a las moscas al alcohol. Al bloquear un gen llamado amnesiac las moscas alcanzaron un mayor nivel de intoxicación etílica. Posteriores estudios revelaron que este gen actúa en el sistema neural de las moscas regulando la ruta bioquímica de un compuesto natural llamado AMP cíclico. Cuanto menor era la producción de este compuesto, mayor eran La njta bioquímica del alcohol es similar en moscas y hombres los efectos etílicos observados. Aunque no se conoce un gen homólogo en humanos al amnesiac de las moscas, estos científicos piensan que probablemente ios mecanismos genéticos que regulan la respuesta al alcohol en humanos son muy similares. Es tudios previos han probado que las personas menos tolerantes al alcohol son las que tienen más riesgos de adicción. 61