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A B C de la música 19 de junio de 1998 BDlift FBAMISDIIITA EH EL TEATRO Dt lA ZiWZBELA EO fe! Scherzo de este mes y me desartillo, de risa. Vferm una caite director firniada por Wences- lao Serrano de lo más ugo a, en la que cuenta cómo García Navarro hizo cola en el Auditorio para seJudar a Chaiily y, cuando llegó a él, éste! e firmó un autógrafo. ¡Así piensan traernos al Real los primeras espadas! Personajes variopintos pululan por doquier. Porejemplo, por elflealCmservaíorío Superior de Madrid. Uno de sus catedráticos ha enviado a Daniel Barenboim una amena cala en la cpie se ofrece a enseñarle a dirigir en el bien entendido que el pianista no tiene ni pajolera idea, Barenboim me pre; guntó por e! individuo en cuestión pero yo sólo pude responderle que creía que era ríieto de alguien. En otra búsqueda tuve más suerte, porque investigando he logrado descubrir por qué Vicente Molina Foix, Alberto Ruiz éaflardón y Alonso se oponían a Luna según ha decía- rado Cano. Y es que se habían r artido eí colarro con urja idea m M. f olina Folx había tr ajacto sctae esa maravillosa estrofa del Padre Sofer que reza hiisiera ser t n to como la hjna y qm los niños cantan con entusia Tio en sus excursíorí cctegiales. Haíffter, De Pablo, Prieto, 8 ernaola, García Abril y hasta M co se habíai puesto de acuerdo para e r! hir urtas variaciones sobre tan bella. melodfa fíuiz Gailardón iba a estrenar ta nueva- ópera en la inauguración del- próximo Festival de Otoño con el Coro de la Comunidad, aunque no se sabía aún si participaría la Orquesta p r i ó nica deiMadrid, a de la Comucádad o la Nacional, puesto que iba a dirigir Frühbeck. Alonso ya había pactado con el dprector dedicar al tema ia portada y fes diez páginas de mú ca del ABC Cultural. Buscaí como solida a alguien; con las ganas de figurar- de Domingo pero que, cuaido l l e el momerito, se sepa su partéy- no tenga a la orquesta en fes ensajos repitiendóy r itlertdo, y que no salga a c a n t en manga. s de. camisa. -Por eso, smigm, porque se les adefetó, aidan los tres tan molestos- con Cano y esa Luna de ta c e sóíb vferémos la cara oculta en cuanto deje de pisarla Plácido. Y a a y f iacto más cabreados porque con tanta ópera José María ha dejado de promocionar- su doble compacto de Mecano- y las ventas se resienten. Si ya les vengo yo diciendo que esto de la ópera sólo trae disgustos. Y, para colmo, otro ciudadano madrileño, Tomás ferco, tampoco puede estrenar su ópera Oceáéides en el i eal, m siquiera ait, su ciudad natal. No hay derecho. ¿Qui tendrá la culpa esta vez? Les juro que yo r BECKM SER 46 L LT mi l M i n i! ÍP Ib María Bayo en un momento de Doña Francisquita montaje que ya se pudo ver en Buenos Aires en 1996 A ÑOS veinte de este siglo; es el momento en ei que un artista de raza, preparado e inspirado, un gran músico como Amadeo Vives, se lanza a dar nuevo impulso a la zarzuela grande, que ya ha tanteado con fortuna- Don Lucas del cigarral (1899) La generala (1912) o la égloga lírica Maruxa (1914) y escribe su obra cumbre, Doña Francisquita con libreto de Guillermo Fernández- Shaw y Federico Romero basado en La discreta enamorada de Lope de Vega (1608) que iiabía tomado a su vez la idea argumental del Decamerón de Boceado. La acción se trasladó al Madrid de 1840 y dio pie al compositor para dibujar un cuadro costumbrista que tiene también mucho de Moratín El sí de las niñas donde hay personajes semejantes, aunque más serios y trascendentes) y de Galdós. Aunque catalán, Vives conocía bien el folclore madrileño y realizó con talento una magnífica labor de adaptación y estilización de la música popular a fin de ajustaría a la acción, desarrollada durante una semana de carnaval. Es de alabar el proverbial buen gusto del compositor de Collbató, que escribió a partir de esos elementos una música llena de finura, sabiamente orquestada y armonizada, colorista y variada, amena y jugosa, cuajada de detalles delicados y con un tratamiento vocal de ex- celente factura, tanto para el coro como para las voces solistas, que tienen amplia oportunidad para el lucimiento. Se encuentran en la obra, como recuerda Gómez Amat, rastros reconocibles de viejas tonadillas guardadas en el Museo Municipal o del Cancionero salmantino de Ledesma y, desde luego, rasgos de las músicas de signo popular de los Chapí, Bretón o Barbieri. Fandangos, seguidillas, boleros- el tan célebre del Marabú ya empleado por el mismo Vives con anterioridad- y otras danzas más o menos antiguas. Montee laudido La producción que el próximo día 23 se va a presentar en el histórico teatro de la calle de Jovellanos- reinaugurado en 1956 justamente con este título- está iiecha a medias con el Teatro Colón de Buenos Aires, donde se estrenó ya hiace meses. El montaje que veremos ahora en Madrid ya ha sido aplaudido allende los mares. La dirección escénica corre a cargo de Emilio Sagi, a quien se le dan bien este tipo de espectáculos, que él sabe colorear y animar. Los decorados son del refinado, detallista y evocador Ezio Frigerio y los figurines de su colaboradora habitual, la estilizada Franca Squarciapino. La atmósfera del Madrid romántico, que tan bien plasmara Vives en su partitura, será recreada desde el foso por Antoni Ros Marbá, un director cuidadoso donde los haya, que no deja nada al azar y que busca siempre la expresión a través de la claridad del sonido y la nitidez del acento, en él nunca enfático. Su conocimiento de la obra, que ha llevado con éxito al disco para el sello Auvidis Valois, está fuera de discusión. Otra cosa es lo que deparen en la práctica estas representaciones madrileñas, que cuentan con un reparto vocal de calidad contrastada. Francisquita será, en el cartel titular, María Bayo, cuya voz de lírico- ligera, su solvente zona alta, su estilo exquisito- a veces un punto melindroso- y su discurso, medido y matizado, van como un guante a esta discreta enamorada no tan descarada como la de Lope, pero puede que más ladina. La soprano navarra ya demostró taies cualidades en la citada grabación de la obra. A su lado, el Fernando de José Bros, un tenor tirando a ligero, de timbre grato y agudo fácil. Limitaciones como una cierta falta de variedad en el fraseo o ei escaso cuerpo vocal, puestas de manifiesto en su buen Nemorino del Real, no deben empañar en exceso su prestación. La castiza y sensual Aurora la Beltrana será la mezzo argentina Cecilia Díaz, premio Operalia de 1994; el travieso y vital Cardona- personaje en el que se apoya continuamente el apocado protagonista- será encarnado por Santiago Sánchez Gericó, un cantante que se las sabe todas y que es bastante más que un tenor cómico, y don Matías aparecerá servido por la sobriedad y saber estar de Luis Álvarez, de voz un punto menos grave de lo que pide el papel. En funciones sucesivas- de ellas, cinco matines- se da paso a otros cantantes, jóvenes y ya de probado mérito; Isabel Monar, María José Moreno y Milagros Poblador como Francisquita; Marina Rodríguez Cusí como Beltrana, Santiago Calderón y Ángel Rodríguez como Fernando, Emilio Sánchez como Cardona. Mari Carmen Ramírez es, en todos los casos, doña Francisca. Arturo REVERTER