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19 de junio de 1998 A B C de las artes ARqUITECTURA PROPUESTAS como ésta defienden el espacio urbano residual del centro de nuestras ciudades con valiente talante constructivo. Es una denuncia de errores urbanísticos, pero también de sus soluciones envolviendo el volumen interior. Desde el interior la desconcertante realidad urbana se percibe filtrada a través de una compleja celosía. Desde el exterior, se nota la actividad interna velada por los distintos filtros que conforman la fachada. El programa resuelve una sala que responda a los nuevos requerimientos escénicos, así como un espacio de exposiciones en la parte superior, dominando las perspectivas de los Paseos de la Castellana y del Prado desde su situación privilegiada. El proyecto de Nacho Martín Asunción será presentado el ano que viene en un congreso organiza- LUCIO COSTA rjD UlD H OMBRE muy emprendedor y dotado de un espíritu teórico, Costa desempeñó un papel de líder de la vanguardia que renovó, a finales de los años veinte, la arquitectura y la plástica brasileña. En su taller trabajó el arquitecto Óscar Niemeyer y en sus obras colaboraron el jardinero Roberto Burle Marx y el pintor Cándido Portinari. Amigo de Le Corbusier, quien en 1929 visitó por primera vez Brasil, Costa supo aprovechar la coyuntura política de la revolución de 1930 para crear el ámbito favorable a las nuevas tendencias racionalistas. Nombrado entonces director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, hizo venir de nuevo, en 1936, a Le Corbusier que, en poco más de una semana de intensivo trabajo, trazó el emplazamiento de la Ciudad Universitaria y proporcionó la idea para el edificio del Ministerio de Educación realizado por Costa y Niemeyer. Con el fallecimiento, en Río de Janeiro a los 96 años de edad, del arquitecto Lucio Costa desaparece una de las figuras fundamentales del urbanismo de nuestro siglo. Nacido en Toulon (Francia) en 1902 y con título profesional de 1924, fue el introductor en Brasil del estilo internacional o arquitectura del movimiento moderno nado en implantar una nueva capital para un país que se proyectaba hacia un futuro prometedor de desarrollo a escala mundial. Brasilia, capital político- administrativa, sería una civitas racional y monumental. Con una distribución perfectamente organizada de sus partes, barrios residenciales, de oficinas, embajadas y talleres, su planta, con forma de arco tendido, con una flecha, parece un pájaro de curvas alas desplegadas. Su cabeza es la monumental Plaza de los Tres Poderes, con los edificios de Gobierno, Justicia y Parlamento que al final de un ancho eje monumental constituye, con sus torres, la parte más visible y grandiosa. La catedral completa este conjunto de amplias perspectivas y edificios- escul- Nacho Martín Asunción do por ACSA en Mineápolis (Estados Unidos) Nos tememos que su caso no es una excepción, teniendo en cuenta los repetidos aciertos en la escena internacional de las propuestas de los jóvenes arquitectos españoles. Propuestas como ésta defienden el espacio urbano residual- deshabitado ahora y, a la larga, deteriorado- del centro de nuestras ciudades con valiente talante constructivo. Es una denuncia de errores urbanísticos, pero también de sus posibles soluciones. Antón GARCÍA- ABRIL Costa, que construyó diversas obras de arquitectura y que como historiador se ocupó de la Comisión de Monumentos Antiguos, pasará a la historia universal del urbanismo como creador, en los años cincuenta, de la ciudad de Brasilia. Sólo Le Corbusier, en Chardigarh (India) llevará a cabo una obra de pareja envergadura y belleza. Brasilia, que venía a colmar el sueño decimonónico de ganar para la civilización el despoblado corazón de Brasil, supuso una empresa titánica, el esfuerzo heroico del presidente Juscelino Kubitschek empe- tura. La cola es la estación de ferrocarril. La ciudad está cruzada por un sistema de autovías a distintos niveles. Las calles peatonales y los vastos espacios verdes se reservan para la superficie. Un centro subterráneo con una estación de autobuses es un punto por el cual irremediablemente tienen que pasar todos aquellos que no tienen un automóvil. Costa, que trazó una ciudad para que Niemeyer pudiese levantar sus edificios modernos, ha recibido numerosas críticas. Su ciudad se ha comparado a los paisajes urbanos metafísicos de De Chirico y se le ha achacado el haber creado en sus superbloques de habitación de lujo una ciudad disgregadora. Frente a la ciudad rígida y monumental, nacida como Minerva toda entera, han proliferado en su periferia los barrios obreros y vivos de pobres barracas. En la plataforma central, los oficinistas, para coger el autobús o regresar al final de la jornada a sus hogares, en vez de seguir los ortogonales caminos empedrados, han creado con sus pisadas sendas que en oblicuo rompen el verde del césped pensado por el arquitecto- urbanista. De todas formas la belleza extraña de Brasilia ha merecido que la ciudad sea hoy Patrimonio de la Humanidad. Costa, hoy en las Praderas del Edén o en los Campos Elíseos, seguirá probablemente soñando y trazando utópicas ciudades de dilatados horizontes. Antonio BONET CORREA Vista de Brasilia durante su construcción 39