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19 dejuniodel 998 A B C de las artes LDIK LOCiEN FREUD Y EL REALISMO ENGAÑOSO Tate Gallery Millbank Hasta el 26 de julio rece, aquí describe mucho más un mundo enteramente personal e inexpugnable del artista que un mundo exterior del que Freud sería apenas un agente. Todos los detalles- la silla anodina que es la protagonista de Sillón frente a la chimenea las paredes desnudas de Retrato sobre un sofá rojo -transmiten sensaciones, impresiones, que no son las de los objetos o habitaciones que inspiraron la imaginación del artista, sino las que nacen de la forma en que Freud ha utilizado esos materiales. La apariencia de realidad anodina, incluso en Jardín, Notting Hill Gafe un óleo del que brota sólo un montón de plantas y arbustos, es engañosa. Todo forma parte de un contexto, el de la visión del artista, que produce en el espectador, si no agrado o seducción, casi siempre la sensación de novedad o, más exactamente, de originalidad. Cuando se ie señala a Freud que escoge deliberadamente cosas simples, o, a veces, cosas feas, él responde que escoge cosas que tienen vida No es exactamente así: él les da vida porque las escoge. La presencia del desnudo es determinante en la muestra, como no podía ser de otra manera tratándose de él. La obra maestra de la exposición es un cuadro que ya ha circulado antes, Girl ¡n Attic Doonway en el que, a diferencia de otros desnudos, el cuerpo libre de vestimentas- la carne como le gusta decir a Freud- resulta un elemento entre otros, y no el más importante, de la escena. El contraste de la simpleza de la imagen- la mujer sentada en la abertura que parece ventana- con la perturbación que produce el vacío que la subyace, un vacío hacia el que uno siente que la protagonista podría precipitarse inocentemente en cualquier momento, hace del contexto, de los alrededores de la figura humana. rio, de anormalidad de sufrimiento, que desdibujan el perfil humano como si el centro de gravedad de los cuadros ya no fueran los personajes sino sus complejos mundos interiores. El tratamiento de la figura humana es tal que uno siente totalmente justificado que Freud haya T IENE 75 años, es uno de los dos o tres pintores británicos más importantes del siglo y, sin embargo, es la primera vez que expone en la Tate Gallery. Para ser su primera exposición allí, los 22 óleos y tres o cuatro grabados al aguafuerte, todos posteriores a 1992 y la mayoría realizados en los últimos tres años, resultan una muestra insuficiente, aunque para los aficionados a este artista al que los críticos consideran el realista más realista del mundo la pequeña exposición resultará extremadamente característica. Este es, más que nunca, el Lucien Freud de la segunda etapa como artista, es decir, el que ha abandonado la brocha de piel de marta cibellina por la brocha de piel de cerdo, y que hace mucho se ha liberado de las imágenes atormentadas de la Segunda Guerra Mundial. Como todos los artistas de verdad, Lucien Freud perturba más que seduce, conmueve más que gusta, a veces irrita y suscita siempre en el espectador todos los antónimos de la indiferencia. Su célebre realismo está aquí por todas partes, y hasta la forma en que ha sido organizada la muestra, con una luz natural que va variando según vaya variando la propia luz del día, quiere acentuar en la propuesta del artista la obsesión de realidad. Sin embargo, este prostituido término, que nunca quiere decir lo que pa- Leigh descansando (22,9 x 17,1) de 1993 el verdadero centro del cuadro. Particular pathos tienen el retrato de Isaíah Berlín, situado deliberadamente en un rincón de la sala donde no llega la luz, y el autorretrato del pintor, también oscurecido por la ubicación. La imagen del filósofo recientemente fallecido es menos profunda que la del propio Lucien Freud, pero ambas tienen un grado de mistepintado obsesivamente a lo largo de su vida unos mismos modelos. El grado de intimidad que alcanza en su exploración de la figura y el alma humanas únicamente puede resultar de la larga observación de un artista que ve en ellas, en su realidad, lo que nadie ve. Alvaro VARGAS LLOSA Lucien Freud (en la imagen, detalle de Reflejo con dos niños. Autorretrato de 1965) nació en Berlín en 1922 y adoptó la nacionalidad británica en 1931. Tras ser dado de baja por invalidez en los años cuarenta, se dedicó por completo al dibujo, al que era aficionado desde su niñez. La obtención del Primer Premio del Festival de Bretaña en 1952 marcó su trayectoria futura y le valió el ser considerado como uno de los más destacados artistas figurativos. Pintor realista en sus temas- retratos en primeros planos o en escorzos pronunciados, desnudos masculinos y femeninos que inquietan, perturban y seducen- el nieto de Sigmund Freud es uno de los pintores británicos más importantes del este siglo 37