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19 de junio de 1998 A B C de las artes EL APOCALIPSIS SEBÓN KIEFER E STA es la primera exposición individual dedicada en España a Anselm Kiefer (Donaueschingen, Alennan ¡a, 1945) uno de los pintores alemanes más notables de la segunda mitad del siglo XX. A la hora de calificarle hay que ser cuidadoso con los adjetivos. No estoy seguro de que sea el mejor, pero sí es el más conmovedor, aunque sea doblegando nuestra sensibilidad con potencia y tamaño, y no tanto seduciéndola con habilidad o rigor. Pero sería injusto negar, sea cual sea el origen, la capacidad emotiva de sus obras, su loca desmesura, su concentrada tensión. Comisariada por Alicia Chillida, la ubicación de la exposición en el Palacio de Veiázquez confiere a este espacio una solemnidad especial, como de Salón de Batallas Las de Kiefer parecen las de la misma supervivencia de nuestra especie, bajo tormentas radiactivas y entre libros insepultos. Palacio de Veiázquez Parque del Retiro Hasta el 20 de septiembre Madrid ladrillo a punto de volverse arcilla otra vez. Erosionadas, devoradas por las inclemencias, gastadas por el tiempo, están en tránsito hacia la nada. Es esa sensación dinámica la que creo que caracteriza sus horizontes de destrucción, sensación que nos envuelve a nosotros también, inscribiéndonos en el deterioro general de lo vivo. El ladrillo, es bien sabido, fue el primer material edificatorio en los antiquísimos imperios mesopotámicos, y en estos lienzos se nos aparece como la mejor metáfora de la historia, arrasada ésta por el tiempo, y ya no por el viento. Es decir, contemplamos el espectáculo de la decandencia de nuestra civilización más que la de nuestras viviendas. Y todo ello bajo una lluvia negra, dura, figurada con pipas de girasol, que de tan negras parecen de giraluna. Kiefer, que se educó en la dura posguerra alemana, traslada siempre a sus obras ese escepticismo ante la cultura que trajo consigo el Holocausto; los libros inútiles, los cultivos descuidados. Su faceta expresionista, evidente en las texturas agresivas y las composiciones gro- Los cuadros de Kiefer, y éstos no son una excepción, se caracterizan por sus grandes dimensiones y por el empleo de materiales incorporados al lienzo, que dotan a éste de una insólita contundencia. Cuadros grandes, pero también monumentales en su concepción: edificios o campos en perspectivas aguzadas, que reducen la escala del espectador y le miden Flor de ceniza (380 x 760) de 1997. Acrflico, emulsión, siempre con ámbitos excesivos. El innegable romanticismo que tiñe su obra tiene pues, a mi juicio, un componente de sublimidad. Pero lo que un David Gaspar Friedrich, por ejemplo, enCuantía de los Premios: contraba en hielos y precipicios- esa suspen 1 Premio de IDOaooOpts. sión del ánimo ante un espectáculo que estret 9 mecía su sensibilidad- Kiefer lo encuentra en? Premio de 5001100 iits. una naturaleza asolada y un urbanismo en esOi 3 Premio de 250.000 pts. combros. Lo encuentra también en esa especie y un Premio Especial 3 de naves o bodegas en las que se amontonan de 2 SaOOOpts. 3 paquetes: como si se tratase de un gigantesco Asimismo se establecen archivo de los sinsabores, de un almacén de oltres accésits de n vidos o de culpas. No creo que pueda prescin 50.000 pts. cada uno. TI dirse del tono dramático al referirse a estos esSoliaud de Bases, e pacios, por lo demás amplios y desiertos. Rehigaryiechade e cuerdan a esas otras instalaciones de Christian pieseataciótt. Boltanski, en las que se acumulan ropas, fotografías o legajos, y que hablan siempre de la au Fundación de Cultura del sencia trágica de una multitud de seres idos M Ayuntamiento de Oviedo, para siempre. M f f J c 19 de Julio s n. 33002 Oviedo, Junto a estos espacios interiores, Kiefer liaste el 30 de Septiembre de 1998. muestra en esta exposición un tipo de paisaje e O v i e d o Tei. 9352073 55 urbano destruido, para el que la palabra ruina no acaba de ser la más adecuada. La ruina es el estadio final del proceso de entropía: un final esFundación de Cultura table, apacible en su decadencia, melancólico. Las de Kiefer producen en el ánimo cualquier AYUNTAMIENTO DE OVIEDO cosa menos serenidad. Son construcciones de ceniza, tierra y girasoles sobre lienzo tescas, se ha aliado siempre a lo conceptual, representado por la narrativa personal cifrada en las fotografías que yacen a menudo en el fondo de sus cuadros. Su carga ideológica, a la vez crítica y hermética, es lo que hace de Kiefer no un pintor comprometido con la realidad histórica, sino con la esencia humana. Su épica alude a nuestra misma condición, no a un lugar y un tiempo determinados. Al colocar a los seres humanos equidistantes de la estrella y el barro, les proporciona también una vara para medir sus ideales y sus pesadillas. Otra influencia detectable en su obra es la de Joseph Beuys, quien fuera su maestro en Dusseldorf a principios de los setenta. Aunque su primera exposición data de esas fechas, no fue hasta su participación en la Bienal de Venecia de 1980 la figura de Kiefer comenzó a conocerse más allá de un círculo reducido. Ha sido, por tanto, uno de los últimos pintores capaces de sostener esa aureola mítica del creador abismado y secreto. Tras todo lo dicho, y lo que ustedes podrán ver y no puede decirse, la pregunta que tiembla en el aire es: ¿Qué puede hacer el arte ante tan prometido apocalipsis? José María PARRENO 5 a 3 m A 29