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19 de junio de 1998 A B C literario Biografía Artículos Invitación a la sabiduría Raimon Panikkar Traduc. de A. Canadells. Espasa, 1998 204 páginas, 2.200 pesetas Memorias de Colombine, la primera periodista Federico Utrera HMR Hijos de Muley- Rubio. Madrid, 1998. 477 páginas R AIMON Panikkar, que no es otro que Raimundo Paniker, ha reunido en este volumen un cuarteto de conferencias y artículos sobre el tema de la sabiduría, publicados originalmente en catalán y aquí traducidos por Angeis Canadells con gran corrección. Siempre me ha interesado el concepto de sabiduría precisamente porque no es conceptual, antes al contrario, es un término que se aplica al conocimiento vital, o sea, no sistemático, ni racional, ni lógico, ni enseñado, sino vivido, intuido, ganado por la experiencia. Información la puede tener un ordenador, conocimiento un universitario, pero la sabiduría es un don de acción, y en esto lo fundamental es el momento y la intensidad. Por eso concuerdo con Panikkar cuando recuerda que San Buenaventura hace derivar sapientia de sapor (sabor) y sapere de gusto y saber. Heráclito decía que sopronein pensar prudentemente, es la mayor virtud y que sabiduría, sofía consiste en decir la verdad y actuar según la naturaleza, escuchándola. Esto es, exactamente, el Tao de los místicos chinos: escuchar a la naturaleza y actuar como ella. Las grandes tradiciones filosóficas del mundo coinciden cuando se va al fondo de las cuestiones porque la naturaleza humana es parecida en las cuestiones fundamentales, que no en las accesorias. Por muchas ventajas que tenga la cien- ciá moderna para ciertas élites, un saber que puede ser despedazado, no es sabiduría -nos recuerda Panikkar- cada vez hay más compartimentos, resultados interesantes, pero, al final, no podemos volver a juntar los pedazos Ganamos capacidad de control técnico para manipu far, a costa de perder conocimiento sobre el conjunto. Donde yo no seguiría hasta el final del camino con Panikkar es en equiparar- como se desprende en las numerosas citas- lo judeocristiano y lo hindú. Hay dos cuestiones enormes que separan la cosmogénesis occidental de la oriental: la culpa y el panteísmo. La mitología sumeria que da origen al relato bíblico de la culpa y la caída no tiene nada que ver con la mitología hindú- tan bien contada por Zimmer- de ciclos cósmicos. Para hacer cristiano a un chino, decía Lin- yu- tang, primero hay que convencerle de que es culpable. La culpa es un escollo irreductible entre dos mundos. Hay otro no menos formidable: la separación entre creador y creación. Lo que los judeocristianos llaman panteísmo es la hipótesis, bastante plausible por cierto, de que si hay un creador, éste sea consustancial con su creación, puesto que, por definición, ésta sale de él. Pretender que el creador está separado de su creación lleva a tratar a ésta de cualquier manera y acaba en los desastres ecológicos que ahora lamentamos. Si Occidente no hubiese pretendido que el hombre es el rey de la creación y que la tierra no tiene nada que ver con Dios, hubiésemos tratado al mundo con el respeto de los orientales o los amerindios. Por eso creo necesario mantener estas distinciones cuando se desea ser ecuménico, cosa, por otra parte, totalmente deseable. Es en su sentido ecuménico en el. que este libro resulta ejemplar. Además es muy agradable de lectura, porque Panikkar es un sabio. Luis RACIONERO P OCAS figuras tan atractivas en la literatura del siglo XX como la de Carmen de Burgos, que hizo pronto famoso el seudónimo, algo irónico, de Colombino Había nacido en Almería, el año 1867, y allí, en un periódico local, se inició como escritora. A comienzos de siglo, abandona a su marido- un señorito alcohólico, irresponsable y violento- y con su única hija se presenta en Madrid, dispuesta a ganarse la vida con las mal pagadas clases (tenía el título de maestra) y con la peor pagada literatura. Fue pionera en el periodismo profesional, la primera mujer que trabajaba en la mesa de redacción y era capaz de desem- haustiva investigación sobre la vida y la obra de Colombine en una ficticia autobiografía, en una especie de novela histórica escrita en primera persona. Se comprende la buena intención, pero el resultado exaspera y apena. Pocas veces un trabajo tan meritorio ha sido más claramente echado a perder por el autodidactismo del autor: la novelización, sin añadir valor literario, la resta validez documental. Utrera utiliza constantemente textos ajenos (bastantes de ellos inéditos o poco conocidos) sin citar jamás la procedencia. Al final de la obra se incluye una lista de Los libros que leyó Colombine o que le hubiera gustado leer (los que el autor fue saqueando, junto a abundante material periodístico, para escribir su ficticia autobiografía) pero esa bibliografía- en la que faltan los datos más elementales- termina con estas palabras: Y algunos más que por mis despistes y mi mala memoria no puedo recordar. Disculpas por ello No es cuestión de buena o mala memoria, sino de método. La perplejidad nos acompaña desde el principio. A un Pórtico del autor le sigue un Atrio de la autora ¿Es realmente de Carmen de Burgos? Parece que sí, pero no podemos asegurarlo si no tenemos la referencia del lugar de dónde fue tomado. El lector curioso averigua pronto que Utrera es poco de fiar en lo que a las fechas se refiere: en 1918, Alberto Guillen no pudo comentar con Carmen de Burgos su escandaloso libro de entrevistas La linterna de Diógenes porque el libro es de 1921; tampoco parece probable que en 1913 Gómez de la Serna recurriera a Juan Ramón para que promocionara a un jovencísimo poeta, García Lorca ¡y tan jovencísimo: tenía 15 años! Otro ejemplo de su peculiar modo de hacer: la ilustración de la página 412 lleva el pie Los propietarios de este cuadro aún no saben que la modelo de Julio Romero de Torres es María Álvarez de Burgos ¿Y cómo lo sabe él? No nos lo dice en ninguna parte. A pesar de sus limitaciones, no peñar cualquier tarea; escribió libros divulgativos sobre los más diversos temas (nunca desdeñaba un encargo) además de una copiosa obra literaria centrada sobre todo en la narrativa y en los libros de viaje. Era una mujer progresista que no tardó en llamar la atención con resonantes campañas a favor del divorcio, del voto de la mujer, de la anulación del artículo 438 del código penal, ese artículo que permitía quedar impune al marido que asesinara a la esposa adúltera... Murió en 1932, mientras intervenía en unos debates sobre educación celebrados en el Círculo Radical Socialista. Sus últimas palabras parecen las de la heroína de algún dramón revolucionario: Muero feliz porque muero dentro del pleno triunfo republicano. ¡Viva la Repúblical Señores, griten ustedes conmigo: ¡Viva la República! Voluntariosa y ejemplar, un tanto arribista también, quiso ser alguien en el mundo literario de su tiempo y empleó todos los medios para conseguirlo: organizó una célebre tertulia, fundó una revista literaria, fue compañera sentimental, durante veinte años, Ramón Gómez de la Serna (antes, al parecer, lo había sido de Blasco Ibáñez) coqueteó con Cansinos Assens, Tomás Morales, Alonso Quesada... Su hija, María Álvarez de Burgos, actriz, escritora, aventurera, ayudó a su notoriedad con algún escándalo: el más notorio, la seducción de Gómez de la Sema, todavía amante de la madre, durante el estreno de Los medios seres La vida de Carmen de Burgos da, no para una, para muchas novelas. Quizá por eso Federico Utrera haya querido convertir su ex- El libro exaspera y apena. Pocas veces un trabajo tan meritorio ha sido más claramente echado a perder por el autodidactismo del autor: la novelización le resta validez documental resulta en absoluto desdeñable esta singular aportación al mejor conocimiento de Carmen de Burgos (y no sólo de ella: de Ramón y de otros escritores de su tiempo se nos ofrecen datos inéditos) Colombine fue todo un personaje, nadie lo duda. Pero es también algo más: la autora de una ejemplar biografía de Larra, de memorables libros de viaje, de un puñado de narraciones que aún se leen con placer. Estas apócrifas memorias, muy copiosamente ilustradas, pueden ayudar a que vuelva del purgatorio del olvido. Bienvenidas sean. José Luis GARCÍA MARTIN 25