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ABC literario Novela 19 de junio de 1998 La foto de los suecos Juan Cruz Espasa Calpe. Madrid, 1998. 281 páginas, 2.400 pesetas verdadera patria del hombre es la infancia La foto de los suecos es un texto lleno de interés tanto en su construcción como novela de la memoria en la niñez como por la recreación de experiencias de aquellos años de la posguerra en la provincia- en este caso, además, una isla- rememoradas como una historia personal, quizá también como fragmentos de historias inventadas, y plasmadas en un texto de honda sensibilidad poética. En cuanto novela de la infancia, este libro parte de la necesidad autorial de comprenderse y contarse. Para ello el narrador emprende un viaje interior por la memoria hacia el fondo de sí mismo, con ánimo de recuperación y de despedida, con sentimientos de nostalgia y melancolía. Concibe su autoexploración creadora como una novela cuyo destinatario explícito es un tú plural que tanto puede ser una mujer como él mismo ante el espejo. Escribe desde el presente del autor en la actualidad, pero su discurso interiorizado permanece fiel a la perspectiva del niño asmático que se abre al mundo imaginado desde su cama. Lejos de soberbias pretensiones de quienes creen haber escrito la novela definitiva, este narrador se complace en presentar su novela como necesaria para mí para replantear algunas preguntas sin resolver. Todo arranca de la descripción de una foto familiar. A partir de sus imágenes el narrador acomete la reconstrucción de sus sentimientos, de su proceso de sentir el mundo desde su aprendizaje en la soledad, el silencio y el miedo de su forzosa reclusión en el domicilio familiar: una habitación con una cama, una radio y una ventana al exterior para imaginar el mundo, cuyo conocímiento se completaba con ios cuentos de un curioso mentor adulto y los cuidados de la madre, los dos personajes más logrados. Con las revelaciones de Antonio y de la madre, las palabras oídas de la radio y las primeras lecturas. Juanillo, Juan Azul Grana (por ser del Barcelona) o Juanillo Para Siempre Acostado va desgranando su difícil aprendizaje de la vida en circunstancias de precariedad en el aislamiento de la posguerra española y en los sueños, temores y frustraciones de sus primeros años de silencios y soledades. En su recreación invoca a la memoria con palabras adaptadas de Juan Ramón: Memoria, dame el nombre exacto de tu nombre Y con aquel mundo ya convertido en palabras, incluidos el destinatario explícito y los diálogos fundidos en la rememoración, el narrador recrea su inicial aprendizaje de la vida en su compleja relación con el medio, su despertar sexual, sus dudas ante la muerte, su contacto con la religión y su interés por la escritura. Al tiempo se pone de relieve la situación familiar en la posguerra, con tantos silencios obligados. De manera que el resultado ofrece un buen ejemplo de lo mucho que daba de sí lo poco que se tenía. Todo ello en una prosa de cuidada elaboración poética en su difícil sencillez. Habrá que reparar, sin embargo, el reiterado uso incorrecto del pronombre le en vez del plural les referido a. un complemento indirecto en plural y la Impropiedad del término pareado para designar un juego alfabético con las letras del nombre que, en todo caso, forma una redondilla. Ángel BASANTA L OS textos autobiográficos, aunque no son tan escasos en nuestra tradición como a veces se ha afirmado, abundan menos aquí que, por ejemplo, en las literaturas francesa e inglesa. Pero en el siglo XX, la literatura del yo ha dado excelentes frutos que han venido a reparar ciertas carencias. Se han sucedido, con algunos resultados de relevancia, las publicaciones de memorias, autobiografías, diarios, dietarios, epistolarios y otras manifestaciones de la literatura memorial. Entre ellas la infancia y la adolescencia constituyen un terreno abonado para el recuerdo. De su recuperación se han ocupado varios libros recientes, como Días del desván (1997) de Mateo Diez, por citar un texto ejemplar. Y a la infancia vuelve Juan Cruz (Tenerife, 1948) en esta obra, que tiene su más claro precedente en la crónica sentimental de la infancia y la adolescencia ofrecida en El territorio de la memoria (1995) Encabezado por la célebre cita de Rilke La Dime cinco cosas que quieres que te haga Nicolás Casariego Espasa. Madrid, 1998. 138 páginas, 2.200 pesetas B UEN pulso narrativo, amenidad, entretenimiento garantizado, firmeza en el tono y la dirección de un discurso fresco satinado con reflexiones oblicuas, un estilo que promete salir airoso de las comunes reticencias a un narrador de pocos años en un tiempo que exige más porque se retracta de haber acogido con manga ancha a muchos de los que engrosaron la lista de una joven y plural narrativa española. Si las sumamos son más de cinco razones para dar la bienvenida a la primera novela de Nicolás Casariego (Madrid, 1970) Ésta, que lleva por título Dime cinco cosas que quieres que te haga y que se lee con el mismo esfuerzo con que cualquiera se abandona a la escucha de una expresiva voz que arrastra hacia lo que acaba por componer no el relato de un suceso novelesco sino los motivos que lo rodearon y lo propiciaron. Meses de mili, relaciones obligadas por las circunstancias, rutina fácil trapícheos de gente que odia el riesgo y ama el costo amores desleales... temas poco originales en los que no reside el interés de una novela compuesta por el historial de andanzas cotidianas de Lucas con Sandra, con Gonzalo y el Peque por el cuartel y por la repetida realidad de un Madrid urbano en el que se inscriben las vivencias que dan lógica a los personajes. Ésta es la contrapartida, lo que resta posibilidades a la destreza con la que 1 4 las palabras del narrador anudan los avalares de su experiencia de la vida con las dorsales de otras experiencias. Un narrador cuya forma de narrar- nada torpe en el manejo de los vaivenes temporales obligados en la recuperación de escenas necesarias para interrogarse sobre el sentido de lo que, sólo en el momento del discurso, cobra forma de historia -evidencia su firmeza en la naturalidad con la que esquiva la necesidad de justificar sus intenciones. Él resultado es la gestación de este relato en la voz de Lucas, su protagonista, en su mirada hacia el interior de las situaciones en las que sé inscribe lo que fue sucediendo meses atrás. Una etapa vivida sobrellevada con conversaciones saturadas de burrimiento para que los últimos meses de la mili pasaran rápido, en la costumbre del día a día con el Peque, un tipo que sólo pedía un poco de respeto a la vida la relación segura- pensaba él- con Sandra y ninguna otra anécdota reseñable hasta la llegada de esa figura de humo con dos ojos tristes y serviles, a eso se reducía Gonzalo que parecían preguntar siempre la razón de su desdicha... Con él empezó todo lo que se relata cuando todo ha terminado. Y si ahora él regresa a ella es porque su ideario contempla tal excepción si éstas están escritas con letras de amor o de rabia Y ése es su caso, por eso necesita reconstruir lo que entiende como las causas y consecuencias que desencadenaron el género de errores que va ensamblando su memoria. Las mentiras sin objetivo empañando los encuentros con Sandra, el riesgo por el riesgo, un asunto turbio en el cuartel y, enredándolo todo, esa solicitud- Dime cinco cosas que quieres que te haga -cuya respuesta llegó, cuando no la esperaba, como una lista cerrada, corta y determinante Una respuesta, para los lectores, nada desdeñable. Un escritor que empieza y del que cabe esperar más. Pilar CASTRO