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27 de marzo de 1998 A B C literario Poesía Vi je al fin del invierno Jenaro Talens Premio Loewe. Visor Fundación Loewe, 1998. 121 páginas. 800 pesetas ¿2 Í J D ESDE comienzos de la década de los setenta viene Jenaro Talens (Tarifa, Cádiz, 1946) conjugando los estudios de teoría y crítica literaria con la creación. Comenzada en el ámbito de la renovación novísima, su trayectoria como poeta ha gravitado con preferencia hacia los núcleos capitales de la modernidad, sus preocupaciones y su imaginario. Y ahí entronca de lleno este libro que ha merecido el premio Loewe. Planteado en una estructura circular cuyo sentido se va desvelando poco a poco para revelarse definitivamente al final, el viaje acompasa una reflexión abierta en el espacio y en el tiempo con la exploración amorosa del cuerpo de la mujer amada, sentido como única base para la afirmación de la propia identidad y de la razón de vivir: La luz que se escapa de tu cuerpo se me ofrece de noche. Nunca duerme. Dónde instauró su lumbre rota, su floración como un guijarro al pie de la frontera (página 13) He ahí condensados tres elementos simbólicos- luz, piedra, frontera- que servirán para tejer una alegoría abierta, ¡risada en mil fragmentos o destellos: las ruinas con las que podemos construir las fábulas del ver Debajo de ellas descubre el poeta: la fragilidad que me devuelve al límite que soy (página 70) Quien habla no es un individuo particular ni lo hace desde una experiencia personal: el invierno se identifica con toda existencia muda, habitada con una pasión hecha de frío y de distancia, y extrañeza Ése es el espacio de la piedra, en el que el cuerpo se limita a trasladar estaciones de un lugar a otro. A veces, sin embargo, el protagonista del viaje se atreve a cruzar la frontera (página 12) a alejarse, impertérrito de sí mismo. Se da cuenta de que las palabras que no ha dicho le circundan, parpadean en el aire como fogonazos Son las iluminaciones poéticas que pueden suponer retornos, no repeticiones. Sienta ahí Talens las bases de una poética en la que las palabras ofrecen la posibilidad de excitar nueva vida. La realidad pensada: un simulacro, esa criatura sin conciencia, sin espacio, sin cuerpo (página 27) Esa opción fundamental por la palabra, convertida en cuerpo que se explora al trasluz de la exploración amorosa del cuerpo de la amada, plantea de inmediato el problema de la conciencia de identidad: Yo soy el que ocupa el mismo lugar que yo; y ahora que mi imaginación va de visita... El poeta comprende que se enfrenta a la racionalidad, que vuelve la espalda a la realidad de la piedra, para emprender un viaje hacia adentro, al centro mismo del estupor Y sabe, además, que su ilusión puede ser calificada de vana: Sé lo que me aguarda, un círculo (página 37) No le quedan ya imágenes, sólo palabras que remiten unas a otras como espejos deshabitados (páginas 38- 39) A ellas se aterra; con ellas edifica su voluntad de vivir. En ocasiones se dice: Piensa si todo esto terminase pero enseguida rectifica: No, toca la luz de nuevo, sin pensar, el borde de una quietud donde se desmorona cuanto nos hizo islas (página 44) Y con esa conciencia de habitante de la fron- tera, se aterra a la imagen del cuerpo amado como la yedra al sol de mediodía. Viene a ser de este modo el poeta un fabricante de espejos: Un nombre es todo lo que necesito para asumir la sinrazón (página 65) La palabra crea la realidad suficiente para cobrar conciencia de un estar aquí dentro de un cuerpo cuya fragilidad define los propios límites. En lógica consecuencia, al problema de la propia identidad se añade el de la identidad del otro: Soy yo quien te hace y te deshace: tras pasar hambre y sed ...empiezo de nuevo y te construyo. Tú eres mi ciudad (página 77) Un paso más, y en ese viaje se produce la explicitación del condicionamiento básico: Por qué buscar verdades donde nunca las hubo (página 83) Todo poeta, creador de espejos, es a la vez un actor experimentado y por ello desengañado de la máscara; no pretende vender verdades: Reinventa el amor como en un cuadro Ni siquiera ha de preocuparse del orden de su pensamiento: está ahí, -simplemente, junto a la amada: Sé que el silencio que nos cubre es esto, dos bultos que se plie- Nos hallamos ante el libro más trabado y hondo de Jenaro Talens. Tal vez a alguno le resulte un tanto reiterativo. Es el riesgo que el poeta asume, al encerrarse cuerjjo a cuerpo en el limitado circulo del puro deseo gan y se envuelven para volver de nuevo hasta su soledad (página 89) Fuera está la otra realidad amenazante, simbolizada en esa lluvia que golpea las ventanas con sus lentas espinas Llegado a este punto, la identidad misma de la amada se difumina: ¿Quién eres? ¿Dónde estás? Qué importa si te elegí entre todas las estrellas El círculo se va estrechando y sólo queda el deseo: es quien impulsa las manos que recorren el cuerpo de la mujer, que, al tiempo, afirman sobre el cuerpo de la página la voluntad de cruzar la frontera. Nos hallamos ante el libro más trabado y hondo de J. Talens. Tal vez a alguno le resulte un tanto reiterativo. Es el riesgo que el poeta asume, al encerrarse cuerpo a cuerpo en el limitado círculo del puro deseo. Víctor GARCÍA DE LA CONCHA de la Real Academia Española JUANA SALABERT Mar de los espejos El oscuro pasado de una mujer. La belleza desnuda de enfrentarse a uno mismo. 13 PLAZA U JANES