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A B C literario Poesía 27 de marzo de 1998 Antología poética Giacomo Leopardi Edic. ytraduc. E. Sánchez Rosillo. Pre- Textos, 1998. 197 páginas, 2.500 pesetas Peregrinas andanzas Herme G. Donis Libros del Pexe. Gijón, 1997 84 páginas, 1.200 pesetas A poesía entendida como una travesía conlleva el distanciamiento de las emociones y la proyección de ios recuerdospaisajes dentro de una especial forma anímica. Así sucede en la lírica de Herme G. Donis (Villalón de Campos, Valladolid, 1951) donde el cruce de itinerarios- experiencia- ordena el recuento de las cosas añoradas: Perseguir las formas desconocidas que te aguardan, las huellas secretas que rastrean ios extraños En El fuego desvelado (1987) su tercer libro, exhibir la belleza del encuentro amoroso implicaba el misterio de la realidad. Descifrando la noche como símbolo temporal y el lenguaje oscuro e invisible de la evidencia, las huellas de la pasión creaban un espacio profundo para la entrega, anhelo de sueño en la otredad Ahora, en la reciente muestra, el conocimiento de las ciudades resuelve los enigmas cotidianos ante la explicación de las fuentes de la vida. Desde poner distancia a la rutina para adentrarse en ¡a plenitud estética- la música de siglos hasta otorgar al mundo una página en blanco, la autora propone unos objetivos de clara navegación un mosaico del propio destino; Que ya no eres tú objeto precioso que se va por las calles toda espuma flotando en el aire Una vez asimilada la idea de Pessoa que figura al frente de la segunda sección del volumen ¿viajar? Para viajar basta con existir el trayecto de días perdidos concreta aquí los últimos recursos según las reglas de los recuerdos, clave de una existencia deseada: Perdíamos el rumbo entre los vasos mientras en la radio alguien cantaba un viejo blues A través de las páginas del diario meditativo que aflora en estos versos, los fragmentos de voluntad itinerante alcanzan las profundas aristas del tiempo y los sentidos: Ha llegado el límite a la sangre y el abismo llama a lo más hondo de su celda El viaje- también de los nombres y los libros- finalmente queda definido como superación de la muerte- invisible manto de ceniza -y como espacio de la imaginación. No en balde la escritora, en los reconocimientos del libro, ha enumerado las lecturas que hacen posible despejar rutas y obstáculos al viajero, desde la grata infidelidad que provoca la memoria En la dedicatoria Al duque de Béjar de las Soledades escribe Góngora: Pasos de un peregrino son errante cuanto me dictó versos dulce Musa Y en El peregrino en su patria Lope apunta: El Peregrino, deseoso de saber (general inclinación de los que andan por extrañas tierras) se fue con ellos También Herme G. Donis ha trazado las peregrinas andanzas y ha vislumbrado el regreso de los sentimientos bajo el disfraz de los paisajes anteriores En El fuego desvelado acierta a especificar esa imagen, desde la temática amorosa: Bajo tus labios, herida de nostalgia. renace el mundo Ahora, amplía esa cosmovisión hacia las estancias libres del corazón, más allá del momento final y del olvido: La vida bulle alrededor cercana y yo ansio apresarme en ella, si me basta con sentirla tenuemente para saberme eterna Todo ello con las palabras de N. Ginzburg que la misma codirectora de la revista Hydra recoge: La vida perdura cuando se ata a la memoria José María BARRERA L EOPARDI es más un tono que un estilo, una vivencia lírica profunda y un conocimiento interiorizado y asumido de una pero que muy determinada tradición: la de los temas y motivos del epigrama, desarrollados por la variedad formal de la elegía y susceptibles, como ellos, de evolucionar hacia la oda, de dar un giro hacia la tierra de nadie que hay entre la epístola y la sátira, de derivar hacia la silva o de desembocar en la canción. En Leopardi, todo esto se mezcla como se mezclaba ya en los inicios de esta tradición y, unas veces, se transparente la rectilínea composición del epigrama y, otras, el centrífugo desarrollo de la elegía y su recorrido en excursos autónomos, con fragmentos orquestados en bloques de sentido no siempre definido y de extensión cambiante, difusa y desigual. Por eso su obra no es tanto un género como un yo que habla, y en esa experiencia de su yo, explícita en la experiencia de su habla, no sólo está una de las claves de su romanticismo otro y diferente, sino también la razón de ser de su poética, la proximidad de su persona poemática y la identificación simpatética que despierta en autores de la modernidad. Unamuno nunca ocultó la suya; Cemuda la puso por escrito; Colinas la ha sistematizado. Eloy Sánchez Rosillo propone una nueva lectura, que es también una apuesta por un código y que reduce la escritura poética leopardiana a poco menos que a su mitad: a veinte poemas de los cuarenta y uno de los que su obra consta y se compone. Su selección puede ser arbitraria, pero su criterio es por completo coherente: excluye lo que considera materia muerta y, por tal, entiende la que hace las delicias de los filólogos y de los eruditos, pero que nada añade al Leopardi que él quiere presentar. Habrá quien discuta esta parcial y subjetiva selección, que yo suscribo tanto como comparto. No faltará tampoco quien eche de menos al Leopardi más frío, intelectual, abstracto y filosófico. Pero Sánchez Rosillo ha apostado por una clave de lectura y tiene la honradez de señalarlo, y eso es algo que, por su infrecuen- cia, conviene respetar. Su prólogo tiene mucho de diario, de confesión, de historia de sí mismo y de poética: recuerda la tersa prosa de Cernuda, a la que, como modelo, ¡mita y con la que se puede comparar. Informa más sobre Eloy Sánchez Rosillo que sobre Leopardi o- mejor dicho- establece un nítido puente entre los dos. El lector agradece las confidencias que el traductor le hace, pero se pregunta si no tendrá razón Nietzsche cuando exige un leer bien distinto del leer correctamente y si la emoción que un texto produce no depende- o no depende sólo- de su absoluta y plena comprensión. Digo esto porque, aunque las versiones mantienen todas el mismo número de versos e, incluso, la misma métrica del original hay veces en que o no se entiende el texto u opone firme resistencia y oscura dificultad. No es lo usual, pero así ocurre en II pensiero dominan- te -en el verso A quello onde tu moví y desde quest uno hasta all uman core que necesitan algo de lima o de barniz; así también en la inexacta traducción del superba del verso séptimo de Aspasia y, tal vez, también en las distintas ocasiones en que natura se mantiene como tal en lugar de ser vertida como naturaleza Pero estos son nimios detalles en una traducción hecha con voluntad, rigor y estética de orfebre; que acerca los poemas en- y en como- lo que son; que ofrece la mejor versión de II passero solitario que conozco; que conserva la cohesión e intensidad de L lnfinito que mantiene la relación entre ritmo y sintaxis; que resuelve con acierto la difícil interpunción leopardiana; que, como en el verso último del Canto Notturno di un pastore errante dell Asia no sólo lo transfiere sino que lo mejora; que no recrea sino que reproduce; que es fiel al orden de palabras y a la unidad de frase; y que ofrece una imagen de Leopardi, que supone un adentrarse por sus galerías y un navegar por su interioridad. Jaime SILES L ARUNDHATI ROY El dios de las pequeñas cosas Premio Booker Un debut deslumbrante (John Updike) que se ha convertido en un best- seller internacional ANAGRAMA 12