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A B C de las artes 27 de febrero de 1998 REALISMOS Galería Castelló 120 Castelló, 120. Madríd Hasta el 14 de marzo De 120.000 a 3.500.000 pesetas A. P. MARTINO Galería Altea Don Ramón de la Cruz, 25 De 275.000 a 1.100.000 pesetas Madríd Eloy Morales: Sara (72 x 50) L A exposición Realismo 98 ofrece como aliciente dos descubrimientos, el del joven pintor catalán de veintisiete años Carlos Díaz, representado por una escena de playa y una estación, ambas presididas por un afinado plasticismo, y el veterano José Manuel Gómez, para mí desconocido, que marida personalidades renacentistas con jóvenes de ahora, de informal apariencia, que sirven para dotar de temporalidad a sus composiciones. Ana Muñoz, como siempre, retrata la ternura en maternidades, paisajes y jóvenes, y Vicente Arnás, las máscaras existenciales sobre todo en ese ingenioso juego escénico titulado El Papamoscas Justo Girón convierte en teatro humorístico Tres personajes esperando un guión en e! que dos mujeres desnudas se ofrecen ya como motivo para la trama, y en El casador de modelo García Gómez reinterpreta pinturas históricas como el Inocencio X de Velázquez; Larra combina alegorías del gozo, la batalla, mientras Félix González traza una luminosa panorámica de la Carrera de San Jerónimo. Las obras más miméticas las firman los hiperrealistas Zambrana y Barberán, que han renunciado a la emoción en aras de un desangelado perfeccionismo. Las esculturas de Lorenzo Quinn recorren excesivo trecho historicista, al tiempo que el empacho- porque resulta bastante incoherente manejar tres estilos diferenciados en media docena de cuadros- al que no se le pueden poner peros de factura, de Luis Xubero ofrece unas curiosas construcciones geométricas con manzanas, aunque en otros cuadros regrese a los motivos y a los paisajes menos atrevidos. No quiero dejar de valorar los dibujos de Banegas y E. Morales, a más de una escultura en mármol negro de Casamayor, titulada El paquete y la pintura de Beristain Enamorado donde una pareja, orlada de cálidos cromatismos, repara, sin mirarse, las artes de la pesca. Carlos GARCÍA- OSUNA Q UE la pintura es observación, es algo aceptado; que esa observación debe ser interiorizada y deshacerse en sensaciones que se nos escapan de los dedos, también. Ahora bien, conseguir que esas sensaciones que tan sólo nos dejan un olor o el color en las retinas de un horizonte se plasmen en una tela es un reto. Y Antonio Pérez Martino lo sabe. Para un pintor, saber que no basta mirar y copiar es la clave para crecer en la pintura y, sobre todo, para expresar en la pintura. La obra que ha presentado en Altea- una obra de género muy a tono con la programación de esta galería que ahora ocupan Camilo Porta y Queen Tam- es un paisajismo elemental, basado en datos de su entorno vital más inmediato. Es una pintura superficial, técnicamente. Sólo el ensayo, la búsqueda de nuevas imágenes, la conquista de una realidad que siempre ha de encontrarse en el marasmo interior del pintor que mira, puede ayudarle a hacerse como pintor. Bodegones de extremada simplicidad, paisajes de una horizontalidad estática, personajes conventuales que parecen rescatados de otro tiempo, escenas familiares... Sin duda, su pintura necesita de datos algo más estimulantes. Hay que confiar en el trabajo y en una próxima exposición. -A. A. M. LAFORA Galería Ynguanzo Antonio Maura, 2. Madríd Hasta el 5 de marzo De 40.000 a 180.000 pesetas rejo F. TARASCO Sala Infantas Infantas, 19. Madrid Hasta el 12 de marzo De 100.000 a 500.000 pesetas M ANOLO Lafora (Madrid, 1952) exhibe 21 obras escultóricas realizadas en bronce, hierro y madera. Coexisten los múltiples con las piezas únicas y el autor, que celebra con ésta su tercera muestra personal, apuesta por los pequeños formatos, por volúmenes que no superen los 60 centímetros de altura. Hay que decir que Lafora, que proviene de una familia vinculada a los ámbitos de la música y la literatura, es autodidacta, lo que quiere decir, en este caso, que sus escrituras son herederas de diferentes corrientes estéticas, si bien la paternidad se la podemos situar en ios lares surrealistas y expresionistas, S; buscásemos alguna vinculación fo a con autores concretos yo ¡e incardlnaría en ia órbita mironiana, porque Lafora también tiende a lo alado, incorporando el argumento de los instrumentos musicales en! a mitad de las piezas expuestas, que recurren al hálito poético en ¡as tituladas Arquero asino Pájara pinta e 30 E Tejo (49 x 22 x 14) Hierro y madera idoio femenino Por lo que respecta a los homenajes, Los Deiaunay son aiudidos con ssmicírcuios, líneas y anuos imbricados, y ei tótem que habla de eaerico García Loraa, en madera, se compone ae tres salientes y un ojo ciclópeo, coronada la cora por una granada frontal, metáfora frutal del lugar de nacimiento del poeta. C. G. -O. S verdad que nunca se sabe dónde va a saltar la liebre del arte. En esta exposición de pintura que, pintada hoy no es ni mucho menos pintura de nuestro tiempo, en la cual, buena parte de lo expuesto sólo me interesa técnicamente, con cuadros que son el exponte de la mano de un pintor conservador. De pronto se abre la compuerta para la admiración, para la reflexión y para la emoción. Y me encuentro con obras en las que el pintor ya no aparece como un conservador al uso, sino como un artista paírimonia! con virtudes innegabies; y comienza ia acii acíDn nac; a ona técnica inseparaDie ya de CD ÍSnidO; un contenido que déla ds ser asunto circunstancial y se convierte en tema intempora: Así ocurre en obras comio Composición con fotografías antiguas o en Bodegón con friso de azulejos Y merece la pena la contemplación, desde luego. -C. P.