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A B C literario 27 de febrero de 1998 Ensayo Cultura política Edición de Pilar del Castillo e Ismael Crespo Tirant lo Blanch. Valencia, 1997. 278 páginas, 2.490 pesetas Juez y democracia Antoine Garapon Flor del Viento Edic. Barcelona, 1997 288 páginas, 3.200 pesetas A cualquier persona interesada por los asuntos públicos le atraerá la ¡dea de adquirir un mejor conocimiento sobre las actitudes, creencias y valores que subyacen a nuestra forma democrática de conducir la convivencia ciudadana. El lector español e iberoamericano dispone para ello de un excelente libro, compilado por Pilar del Castillo e Ismael Crespo, destacados profesores universitarios que desempeñan funciones de responsabilidad en el Centro de Investigaciones So- ciológicas. Un volumen colectivo donde se analizan distintas facetas de lo que se conoce como cultura política. Se trata ésta de una noción que, tras haber caído en desuso por parte de los expertos en ciencia política y sociología, recelosos de que con ella se pretendieran explicar demasiadas cosas, fia vuelto a adquirir notoriedad a lo largo de las dos últimas décadas. Nos ayuda a entender por qué las reacciones sociales ante el desarrollo de los acontecimientos políticos varían significativamente de unos países a otros, e incluso dentro de un mismo país a lo largo del tiempo o según las demarcaciones territoriales existentes. La obra, cuyo contenido está pensado para cubrir un vacío entre las monografías especializadas que se publican en castellano y que viene acompañada de una cuidada selección bibliográfica, resulta especialmente meritoria por su contribución al saber en tres cuestiones de particular interés. En primer lugar, las de carácter teórico y metodológico. Así, se ofrece un capítulo en el que Joan Botella argumenta la necesidad de revisar críticamente el concepto de cultura política, si bien considerándolo un instrumento de gran importancia para analizar los procesos que afectan a la contienda por el poder. También se incluye una revisión de los principales enfoques teóricos en el estudio de la cultura política elaborada por Francisco J. Llera, que revela los limitados avances metodológicos registrados en los últi- lera de Prat dedican, respectivamente, a las bases culturales de la ciudadanía democrática española y la subcultura política en que se inscribe el fenómeno italiano de la Liga Norte. El panorama de las naciones occidentales implicadas en el proceso de integración europea contrasta con el de las nuevas democracias emergentes en la Europa Central y Oriental, donde prevalece una cultura política voluble y la opinión pública se muestra desconcertada, en buena medida debido a la incapacidad que los ciudadanos manifiestan para entender los acontecimientos políticos en curso. Salvo en el ámbito de la antigua Unión Soviética, ello pa- P Es éste un excelente libro donde se analizan distintas facetas de la cultura política y cuyo contenido cubre un vacio entre las monografías especializadas que se publican en castellano mos años. Un segundo ámbito al que el libro presta atención, siempre dentro de las relaciones que vinculan cultura política y democracia, es el de la comparación entre Europa Occidental y la del Este. Los propios editores analizan algunos elementos básicos de la cultura política en los Estados miembros de la Unión Europea, observando una relativa homogeneidad, aunque con llamativas divergencias entre los países comunitarios del norte y los más meridionales. Un buen acompañamiento de este análisis lo constituyen los textos casuísticos que Jorge Benedicto y Cesáreo R. Agui 22 rece coincidir con un rechazo generalizado del pasado comunista, según aprecia Carmen González en su capítulo dedicado al tema. El estudio de las interrelaciones entre cultura política y élites ha adquirido creciente importancia, dada la influencia que éstas ejercen sobre la dinámica del poder. De aquí la oportunidad de que el libro recoja, como tercera cuestión, dos aportaciones centradas en dos dimensiones del tema. Por una parte, el estudio sobre la cultura política de las élites parlamentarias en América Latina, donde Antonia Martínez observa, tras un riguroso análisis de la evidencia empírica recopilada sobre diez naciones, que la democracia es cada vez más valorada por aquéllas como la forma de gobierno mejor adaptada para la efectiva resolución de conflictos internos, aunque persistan discrepancias acerca de la idoneidad de los modelos parlamentario y presidencialista. Por otra, un texto también bien informado de María L. Moran en el que se explora el papel de las élites parlamentarias españolas como actores decisivos en la formación y transformación de nuestra cultura política. Una cuestión que no podía quedar ausente de esta obra, informativa y accesible, que denota el grado de madurez alcanzado por la politología española y con la cual la editorial Tirant lo Blanch inicia su prometedora colección de Ciencia Política. Un ambicioso proyecto emplazado a convertirse, a juzgar por este volumen de presentación, en una referencia de primer orden. Fernando REINARES ARECE que debemos acostumbrarnos a que cuando los jueces escriben mezclen intuiciones profundas, algunas reflexiones realmente pensadas y con algún estudio anterior, junto con banalidades que en su aparente brillantez no esconden más que la muy arbitraria y subjetiva ideología del juez en cuestión. Éste sería, a vuelapluma, mi resumen de este libro. Antiguo juez de menores y hoy secretario general del Instituto de Altos Estudios sobre la Justicia en Francia, Garapon escribe desde su experiencia sobre el proceso, las víctimas, el papel de la judicatura y los medios de comunicación. Pero lo hace, lamentablemente, con un excursionismo hacia la filosofía en el que se nota la lectura apresurada de Lacan, Derrida y Foucault, que acaba por apresar el discurso experimental y convertirlo en una mezcla de agudas citas, corporativismo disimulado pero patente y progresismo del 68. No obstante, los perseverantes en el estudio sobre la Justicia encontrarán algún material de interés. Despojado de la manía de referirse a los espacios simbólicos y a los juegos virtuales, el lector verá motivos de meditación en la idea, bien hallada, de que el juez es hoy el guardián de las promesas papel que destaca J. J. Toharia en su prólogo. Quizá sea esa consideración el hilo conductor del libro, si es que existe alguno, porque lo característico del mismo es que suma un conjunto de percepciones aisladas entre sí. No hay un argumento único, sino que el autor acota muchas de sus vivencias e ideas, y tras amalgamarlas en torno a la figura del juez o de la Justicia, según los casos, ofrece su propio juicio. Sinceridad, pues, como valor primordial. Unida a cierto coraje, que parece ser hoy otra de las características positivas del estamento judicialy que hay que aplaudir discretamente, puesto que a la postre es una muestra de la independencia. La convicción de que existen callejones sin salida de la democracia jurídica como enmarca su primera parte, no es otra cosa que la expresión de un deseo de salirse del derecho formal, pese a que Garapon lo conoce bien, al tener presente el modelo inglés que sitúa en el principio de igualdad de oportunidades el juego del fair play esencial a su impresionante cultura jurídica. Y la apuesta que realiza en la segunda sobre la justicia en una democracia renovada es un cúmulo de buenas intenciones basadas en los postulados racionalistas de la tradición francesa; la ley como instrumento de combate para lograr la igualdad en la que el pensamiento galo apoya democráticamente su concepción de la libertad. Y pese a que son constantes las críticas- quizá eco de algún resentimiento corporativista- sobre el papel del Consejo de Estado, al final la conclusión de que en un mundo social caótico el fulcro en el que todo reposa es la figura del juez no deja de ser una pelea de familia en la que la figura del padre parece recuperarse por la magistratura en la opinión del ilustre juez. Libro en todo caso ameno, aceptado a título de ensayo tiene el valor de intentar salirse de los muros en que se encierra la Justicia para contribuir a un debate en el que las ideas sean la única munición, lo cual es un paso adelante. José Eugenio SORIANO