Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
20 de febrero de 1998 Creación ética bueno, pero no todos los placeres nos corresponden ¡Vaya! ¡Ahora va a resultar que el terrible Epicuro era un reprimido! No- creo que lo fuera. Sólo se dio cuenta de que no todos los placeres son compatibles. Que un régimen de vida sustentado en un tipo de placer incapacita para una vida orientada a otro placer. Lo relevante no es el placer, sino el tipo de persona que siente placer. Desde Platón a Bertrand Russell se ha repetido una frase contundente: E! cerdo quiere una felicidad de cerdo El adanismo con que mucha gente habla ahora del placer me parece tan ridículo como que un físico hablara a estas alturas de los cuatro elementos. Cunde, por ejemplo, a ¡dea de que toda limitación de los placeres es una imposición judeo- cristiana, cuando la gran meditación sobre este asunto se hizo antes. Por eso creo que debemos dar un salto de siglos, retomar aquella viva y profunda reflexión y contar cómo se fueron ampliando las experiencias del amor y de la vida amorosa (dos cosas, por supuesto, muy diferentes) En esa historia hay páginas intensas, como el descubrimiento de la fidelidad o del amor conyugal, y otras curiosas y desinhibidas, como los debates sobre las ventajas del matrimonio comparado con el amor homosexual a los muchachos. Pueden leerlos en Plutarco o en el Pseudo- Luciano. Los ultramodernos no queremos ni atragantarnos con ruedas de molino ni tirar al niño con el agua de la bañera. Sabemos que la realidad es compleja y, además, está enmarañada. Por eso somos precavidos, críticos y estudiosos. En fin, ante la simpleza con que se habla del placer, siento nostalgia de Epicuro, con el que tan bien me entendería. José Antonio MARINA pública, ni la búsqueda del placer permite construir niveles aceptables de convivencia. Creer en las virtudes miríficas del mercado o de la cama es una ingenuidad reductora. Lo que han hecho las grandes culturas ha sido, precisamente, ampliar la experiencia del placer, iluminar inteligentemente su propia dinámica. Creo que lo mejor es volver a Epicuro y comenzar de nuevo. Sorprendentemente, Epicuro era muy poco epicúreo. Afirmó, como era lógico, que el placer y el dolor son las guías de nuestra acción. Pero a renglón seguido añadió: Todo placer es 63