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Creación ética 20 de febrero de 1998 CRÓNICAS DE LA ULTRAMODERNIDAD V IVIMOS en la realidad y en la cultura, y a veces es difícil separar ambas cosas. No crean que exagero. Si hago caso de dos libros que tengo sobre la mesa, no sé si la depresión y la menopausia son fenómenos fisiológicos o culturales. Uno de ellos- Culture and Depression (University of California Press) dirigido por A. Kleíman y B. Good- es un estudio de psiquiatría intercultural. Afirma que es posible que la depresión sea el fruto amargo de nuestra cultura. El otro es un estudio realizado por Yewoubdar Beyenne, una antropóloga médica. Cuenta que al llegar a EE. UU. procedente de Etiopía quedó sorprendida por la patologización de la menopausia. Por mis antecedentes no occidentales- escribeignoraba que la menopausia fuera causa de depresiones y otros trastornos emocionales y físicos. Sólo sabía que era el momento a partir del cual las mujeres de mi cultura se consideran exentas de los tabúes menstruales Un momento, pues, de liberación y no de decadencia. Decidió hacer un estudio comparado de cómo se vivía ese acontecimiento en distintas culturas y llegó a la conclusión de que se trataba de un fenómeno biocultural Si los seres humanos fuéramos geranios sólo tendríamos que preocuparnos de la calidad química de nuestro habitat, pero ocurre que respiramos, además de aire, creencias, por lo que no sería mala ¡dea que las competencias del IVIinisterio de Cultura pasaran al Ministerio de Medio Ambiente. Sin parar y sin darnos cuenta, traga- mos creencias que funcionan después como ingredientes de nuestros sentimientos. Son canon para nuestras- aspiraciones y criterio para nuestros fracasos o alegrías. La manera de relacionarnos está casi determinada por esos dogmas asimilados por osmosis social. Les diré uno muy simple, recogido por un dicho popular: La mujer se casa creyendo que el hombre cambiará. El hombre se casa creyendo que la mujer no cambiará. Ambos se equivocan Les pondré otro ejemplo más académico. La Asociación Americana de Psicología acaba de publicar un libro Bridgind Separates Gender World denunciando que los prejuicios que sobre los géneros masculino y femenino tienen los psicoterapeutas influyen peligrosamente en su actuación profesional. Las creencias de nuevo. Lo que leo y oigo en los medios de comunicación me hace pensar que muchos personajes que configuran esas creencias ambientales son predicadores de la simpleza que ni leen, ni estudian, ni saben. A pesar de lo cual, lo que dicen pasa a formar parte de nuestra atmósfera, contaminándola. no queremos ni atragantamos con ruedas de molino ni tirar al niño con el agua de la bañera. Sabemos que la realidad es compleja y, además, está enmarañada. Por eso somos precavidos, críticos y estudiosos de nuestra personalidad, la finalidad de todo desarrollo intelectual. Muchos elementos ayudan a configurarla. El primero, la imagen que tenemos de nosotros mismos, imagen recibida en gran parte del exterior, de los modelos y papeles que la sociedad nos impone, de las creencias. Sabiendo esto, los movimientos feministas están dando mucha importancia al fomento de la autoestima en la mujer. Gloria Steinem lo trata en uno de sus últimos libros- Revolución desde dentro (Anagrama) -y Carolyn Hillman ha escrito una obra sin pretensiones teóricas pero con gran sentido común- Sentirte bien contigo misma (Aguilar) que ha sido recomendado por el Instituto de Estudios de la Mujer, de la Universidad Autónoma de Madrid. Del contenido que demos a esa autonomía va a depender que nuestras relaciones afectivas sean sumisas o dominantes, nítidas o enmarañadas, epidérmicas o profundas. No puede haber reciprocidad de sentimientos si no hay reciprocidad de autonomías. Sobre este asunto hay planteado un debate muy interesante. En nuestro ámbito cultural, autonomía se ha convertido en sinónimo de autosuficiencia. Independencia y libertad. La relación ideal es un non binding comitment una unión sin compromiso, sin deshacer las maletas, vamos. Algunas feministas americanas sostienen, sin embargo, que éste es un concepto de autonomía machista y aspiran a una autonomía compatible con vínculos afectivos profundos que, irremediablemente, limitan la autosuficiencia, la independencia y la libertad. ¿Usted qué cree? Es cierto que no todas las feministas defienden esa postura. Leo en Cosmopolitan un artículo titulado; ¿Quién dice que sólo puedes tener un amante? firmado por Beatriz Ortega. Escribe: ¿Por qué con una misma actitud ante el amor, los chicos son conquistadores y ellas son promiscuas? Si la doble moral persiste, tal vez ha llegado el momento de que las mujeres se la apliquen y descubran sus ventajas en vivo y en directo En este caso, se trata de alcanzar la misma autonomía desvinculada que el hombre. El ángel de los libros que rige mis lecturas me hace llegar un libro de Margaret Leroy- El placer femenino (Paldós) uno de cuyos capítulos se titula Las mujeres jóvenes sin hijos: la mujer Cosmopolitan interesante ejemplo de cómo los medios de comunicación pueden imponer un modelo, y de sus consecuencias. Los ultramodernos Hablemos del placer Esas relaciones sin compromiso son un camino sencillo para sentir placer sexual, un tema del que aparentemente se habla mucho. Digo aparentemente porque creo que se habla poco, tópica y reiterativamente. En este momento hay una moral ambiental y de mínimos que se reduce a dos principios: (1) El ser humano actúa siempre buscando el placer. (2) Todo placer es bueno mientras no haga daño a nadie ¿Quién no va a estar de acuerdo con tanta sensatez? Esta moral mínima tiene dos versiones: una progresista y otra conservadora. Tal coincidencia de los opuestos ya hace sospechar alguna confusión. La progresista insiste en el carácter hedónico de esos principios: la lucha por el placer es la gran revolución, vinieron a decir los chicos del sesenta y ocho. Que Marcuse, Lacan y Deleuze se lo paguen. La facción conservadora, el pensamiento neoliberal, da una formulación más contenida. La búsqueda del interés propio arreglará todos los problemas. Unos y otros, los propugnadores de la búsqueda del placer y los propugnadores de la búsqueda del interés, creen por igual en la mano invisible que conseguirá convertir esa diáspora de satisfacciones en la concordancia del bien común. El pensamiento único que nos acogota es, precisamente, la creencia universal en esa mano invisible. Todo esto es muy tosco, muy falso y muy indocumentado. Ni la búsqueda del interés privado mejora automáticamente la justicia Otra vez Ariadna Entre los intoxicados está la convivencia afectiva, por eso conviene someterla a una cura de desintoxicación. Muchos problemas se resolverán cuando los miembros de la pareja consigan una verdadera autonomía antes y durante su emparejamiento. Necesitamos, pues, tener ideas claras sobre ella. La autonomía debe ser el centro Nosnuan mcuRO 62