Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C de la ciencia vi V i. 20 de febrero de 1998 A; ¿i mmw lp: n í: ííi i Sé! a u; El reloj biológico de los seres humanos funciona durante periodos de veinticuatro horas. De esta forma el organismo sabe cuándo debe dormir o ingerir alimentos. De alguna forma, todavía desconocida para los científicos, ese reloj interno se adapta a los cambios en la duración del día y a las estaciones climáticas. Los investigadores conocían que este ajuste se producía por la estimulación de la luz, a través de la vista. En un reciente hallazgo de la Universidad de Cornell se explica que la luz puede ajusfar los ritmos circadianos de las personas simplemente incidiendo en la parte posterior de las rodillas. El doctor Diego GarcíaBorreguero, director de la Unidad de Sueño de la Fundación Jiménez Díaz, aborda este descubrimiento en el contexto de las investigaciones sobre los ritmos circadianos y sus patologías El núcleo supraquiasmático del cerebro actúa como oscilador circadiano P ARA cualquier persona resultará evidente que su conducta atraviesa a lo largo del día por dos fases, una de vigilia y otra de sueño, que alternan de manera cíclica a lo largo de las 24 horas. De la misma manera, fenómenos biológicos tales como las secreciones hormonales, la temperatura corporal, la tensión arterial, el procesamiento sensorial del dolor, o el rendimiento intelectual siguen un patrón cíclico de actividad a lo largo de las 24 horas. Es decir, determinadas funciones del organismo atraviesan unas horas de máxima actividad, mientras que a otras horas del día su actividad es menor. Ambas fases conforman un ciclo llamado ritmo circadiano, cuya duración total es cercana a las 24 horas. De hecho, este ritmo de actividad circadiana caracteriza la mayor parte de los fenómenos fisiológicos y de la conducta. Aunque antiguamente se pensó 54 que la ritmicidad circadiana dependía de factores ambientales tales como el ritmo solar (existencia del día y de la noche) o las variaciones de la temperatura ambiental, etcétera, hoy se sabe que no es así, existiendo una amplísima documentación que demuestra la existencia de estos ritmos en muchas especies, incluida la humana, bajo condiciones ambientales constantes. Son ya clásicos en este sentido los estudios realizados por Wever y Aschoff, en los que estudiaron durante meses a jóvenes estudiantes en cámaras de aislamiento temporal continuado del Instituto Max- Planck de Andechs, cerca de Munich. Los sujetos participantes en los experimentos vivían en condiciones de iluminación constante, sin acceso al reloj, ni a otras personas, sin una actividad física regular y sin turno prefijado de comidas. Pues bien, en tales circunstan- cias podía observarse la persistencia del ritmo de sueño- vigilia. Sin embargo, en ausencia de indicadores horarios externos, dicho ritmo tenía una duración de aproximadamente 25 horas en lugar de las 24 que tiene el día solar, con lo que la aparición del sueño se retrasaba de manera progresiva cada día algo más de una hora. P traba situado en algún lugar del organismo. Los primeros estudios para localizar el sustrato fisiológico fueron realizados por Richter en la década de los 60 en diversos experimentos efectuados en ratas. Se pudo comprobar que, pese a la extirpación de diversos órganos endocrinos y la realización de lesiones específicas de muchas esOR otro lado, la investiga- tructuras cerebrales, la actividad ción animal demostró que circadiana no desaparecía. Sin el periodo de los ritmos cir- embargo, dicha ritmicidad biolócadianos de animales de la misma gica se desvanecía cuando se leespecie sometidos entre sí a idén- sionaba el hipotálamo ventrometicas condiciones ambientales va- dial. Los estudios posteriores perría ligeramente entre unos y otros, mitieron identificar con mayor lo cual sugiere que esta ritmicidad precisión una zona del hipotálamo es generada internamente y no se situada sobre el quiasma óptico, trata de simples respuestas a las llamado núcleo supraquiasmático, variaciones producidas por el día así como la existencia de una vía solar. Todo ello hizo pensar en la neuronal que une esta estructura existencia de un mecanismo in- directamente a la retina. Esta vía terno autosostenido que actuaba a nerviosa permitía explicar el impormodo de reloj y que se encon- tante efecto que ejerce la luz solar