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20 de febrero de 1998 A B C de la música FLAMENCO ZS AÑOS SIN MANOLO CARACOL L próximo martes, día 24, se cumplen veinticinco años de la muerte de Manolo Caracol en accidente de tráfico y ningún aficionado cabal le ha olvidado, dada su entidad de genio del cante jondo. Por ello será recordado en el Festival Flamenco de Madrid y en cuantas funciones flamencas se celebrarán en los próximos días. Manuel Ortega Juárez, Manolo Caracol en los carteles, flamenco de legendaria dinastía, la más larga que se ha dado en la historia de la música flamenca, nació en la Alameda de Hércules sevillana el 7 de julio de 1909. Y trece años más tarde ganó el célebre Concurso de Cante Jondo de Granada, compartiendo el primer premio con el veterano cantaor El Tenazas. Sin lugar a dudas, Manolo Caracol es la culminación de la dinastía flamenca más importante de la historia. Una sangre más destilada en el flamenco no la hubo nunca y difícilmente será posible la repetición del fenómeno. Manolo Caracol llevaba el cante más en la sangre, o sea, en el sentir, que en la cabeza. Digamos firmemente que, en realidad, su naturaleza espiritual y física no conocía otro ámbito que el flamenco. ¿Fue por ello su prototipo más configurado? Quizás. Y sin ánimo de exagerar, tenemos que afirmar lo que siempre hemos pensado escuchándole y viéndole: cantaba flamenco porque sencilla y racionalmente vivía en lo flamenco. La impresión que transmitía al oyente y al espectador era determinante, se percibía la sensación de que era el cante mismo. Manolo Caracol lo había aprendido todo sin darse cuenta, casi sin saberlo. Asumió el cante cuando nacía y por tal causa lo improvisaba E M W importaba en su voz el estilo, ni si la acompañaba una guitarra, un piano o una orquesta entera, ni si era copla o canción lo que entonaba. Manolo Caracol le infundía a su decir un eco propio y a la par arcaico; lo que importaba era el mensaje que difundía e infundía en la sensibilidad de los aficionados. La enjundia de su expresión ha quedado como ejemplo de jondura. Se comenta que a veces no seguía la vieja ortodoxia flamenca a rajatabla, pero ya se ha dicho que el arte del cantaor es salirse de la reglita para seguirla mejor En su voz y su entendimiento del cante, todo cante quedaba donoso y jondo a la vez. Y ésta es una virtud que es común, que cuaja en contados artistas del género. Manolo Caracol la poseía con creces. en cada tercio. Y de todo el cante de su gente hizo el suyo sin esforzarse lo más mínimo. Y el cante parecía que tomaba cuerpo con su figura. Por otro lado, su voz era la voz adecuada para interpretarlo. O sea, era ia voz que la imaginación popular idealizó como la voz flamenca por antonomasia, la voz cantaora por excelencia. Con ella fue un intérprete que, sin perder nunca las lindes de su arte, la esencia del cante jondo, supo pasarlas y seguir siendo auténtico, genuino por los atributos de su genialidad. Realmente, cantaba Caracol, y no M UCHAS serían las opiniones en torno al cante de Manolo Caracol que podríamos traer a colación, pero quedémonos con dos sumamente importantes, la del musicólogo Manuel García Matos y la del flamencólogo Anselmo González Climent. García Matos publicó el siguiente comentario: En la interpretación del auténtico y serio cante flamenco, Manolo Caracol resitúa las hondas expresiones de este arte excepcional en el cimero y difícil punto a que la llevaron los más conspicuos maestros de la edad áurea de dicho arte... Pídanle sólo que os entone un simple y breve ¡hayi flamenco, veréis fluir de su garganta la oná %ll ameante y estremecida de un sollozo que os penetra y conmueve, aunque no queráis. Sensible en grado máximo para el cante flamenco, casi no sabe emitir palabra del mismo sin poner en ella calor vital de emoción sentida. Por su parte, González Climent afirmó: Manolo Caracol está casi desligado de toda externidad amable. Va directamente al rajo angustioso y denso del jipío... Parece cante de aljamía. Sin embargo, hasta sus locuras conservan un h lito afiligranado de gracia plástica. Con el solo ejemplo de Manolo Caracol se puede hablar de lo que buenamente puede entenderse por perfección flamenca. Siendo historia, y de la mejor, Manolo Caracol es ante todo vida fluyente, devoradora... No se puede hablar o escribir de Manolo Caracol nada más que en sentido admirativo, como corresponde al clamor fervoroso que despiertan los genios. Indiscutiblemente, Caracol ha dejado una estela en el cante; puede decirse que su sonío ha impregnado a determinados estilos, desde el fandango a la bularía. Manuel RÍOS RUIZ í, MBIIO SIGLO DE CANTE r i i R A S el hito que supuso ganar siendo un niño- El A Niño de Caracol en su primera etapa profesionalel Concurso de Cante Jondo de Granada, estando el jurado presidido por don Antonio Chacón, la carrera de Manolo Caracol tuvo momentos culminantes y significativos, sin olvidar sus películas, entre ellas Embrujo y La Niña de la Venta Reseñemos algunos de ellos: en 1929 encabezó una compafiía en gira junto al mismísimo Manuel Torre. Pasada la guerra civil, en 1943, formó pareja con la bailaora y cancionista jerezana Lola Flores, protagonizando el espectáculo Zambra durante varios años y llenando los teatros a rebosar. Su antología discográfica Una historia del cante apareció en 1958. El 1 de marzo de 1963 inauguró en Madrid su tablao Los Canasteros La Semana de Estudios Flamencos de Málaga le concedió en 1965 su Medalla de Oro y, en 1966, recibe un homenaje en Jerez de la Frontera. Otro homenaje se le otorga en Madrid, cuando le es impuesta la Real Orden de Isabel la Católica. Su último disco, Mis Bodas de Oro con el cante se grabó en 1972, un año antes de su trágico fallecimiento, y en él dejó para los anales su grandioso Fandango de despedida algo que se nos antoja un presentimiento de su cercana muerte, ya que en su letra le pide a los gitanos de la Cava que lloren por él, porque se va a morir. -M. R. R. 19 4 7 Quintero LtüSn 3 UN- CO O r A S D ACIUACÍOH 47