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20 de febrero de 1998 ABC de las artel eiLBAO EDOUARD MANET, ESTAMPAS SOBRE PAPEL Museo de Bellas Artes Plaza del Museo, 2 Hasta el 29 de marzo en el trabajo de Manet, revelan sus intereses y, a la vez, la influencia del pintor francés en la pintura de Zuloaga. Así manifiestan la afinidad común por la tradición pictórica española, principalmente por Goya y Velázquez, tanto como su complicidad en el uso de la intensidad del negro. Las treinta y seis estampas expuestas pertenecen a ese pequeño museo de curiosidades como lo describe Lafuente Ferrari, que Valentina creó en su tiogar gracias a su pasión coleccionista de objetos menudos y de libros (madame Zuloaga en las subastas de París fue temible competidora de los más refinados bibliófilos La muestra, admirable en su presentación, se acompaña de un precioso libro con el que el Museo de Bellas Artes de Bilbao inicia la Serie Minor Una edición muy cuidada que en esta ocasión incluye un texto sobre Manet de Ángel González, correcto y revelador, titulado El espejito negro y otro de Miguel Zugaza que trata la relación del francés con Zuloaga. Consciente de la entidaáF de la obra gráfica, Edouard Manet desarrolló desde 1860 los valores propios de este medio, su expresividad y recursos mareados por una actitud que centra su atención en el motivo. Nada mejor que repasar las obras presentadas para comprobar liasta dónde llega la modernidad de su estilo y el sabor español de sus obras. Espada y guitarra, capa y espada, El torerc muerto o La infanta Margarita junto a la eterna belleza de Olympia o al retrato de Bertlne Morisot, rinden tributo a aquel pintor al que Baudelaire intentó consolar tras su fracaso en el Salón de 1868 diciéndole: Usted sólo es el primero en la decrepitud de su arte Alicia FERNÁNDEZ R Los gitanos (31,7 x 24) h. 1862. Aguafuerte EUNIR en una exposición más de un tercio de la obra grabada de Edouard Manet es suficiente para rendir un merecido homenaje al pintor francés. Y si la propietaria de las obras es alguien como Vaíentine Dethomas, esposa de Ignacio Zuloaga, la cita se convierte en un estupendo tributo a dos seres excepcionales. La exposición de grabados de Edouard Manet (París, 1832- 1883) es una de esas muestras menudas que llaman la atención por la grandeza de su contenido. Ofrecen una visión cuidada, permiten el análisis y transmiten la emoción del acontecimiento artístico. No es para menos: las imágenes inciden de un modo directo SEMILLA HOMENAJE A ALVARO Galería Alvaro Gloria, 9 Hasta el 7 de marzo una vez más, en el contenido de una exposición que, junto a los muchos artistas que permanecen fieles al recuerdo del amigo desaparecido, acoge siempre a otros que Obra de Miguel Pérez Aguilera aportan nuevos e interesantes motivos de interés. Más de sesenta son los representa- manera de interpretar la realidad se mezclan dos y entre sus creaciones hemos de significar con otros que, miembros de una nueva generala bellísima abstracción de formas, luces y colo- ción de artistas plásticos, ya se hacen notar con res mostrada por Miguel Pérez Aguilera (Linares, firmeza en el panorama artístico de la ciudad. 1915) el maestro más reconocido públicamente Tampoco cabe citar a todos; pero, hecha la exy el inagotable pintor que, tras exponer indivi- cepción a que obliga el prestigio e indiscutida dualmente sus cuadros más recientes, también personalidad del más veterano de los particise halla representado ahora en la colectiva Li- pantes, también debemos mencionar a Carmen nares, una mina de arte Borras. No sólo por ser la más joven. También, Se comprenderá que no es posible detener- porque sus composiciones, dotadas de una denos aquí en el comentario que exige la impor- liciosa desenvoltura, confirman el merecimiento tancia e interés de las obras presentadas por de cuantos premios lleva obtenidos en su todauna tan amplia nómina de autores, en la que vía brevísima trayectoria artística. muchos de los nombres más representativos de la pintura figurativa sevillana y de su peculiar IVIanuel LORENTE 35 L A exposición con que los artistas sevillanos rindieron en 1986 un emotivo homenaje a la memoria de Alvaro Balbontín, conmemorando el primer aniversario de su fallecimiento, se convertirá a partir de entonces en una cita que para muchos es ya ineludible en el calendario sentimental y artístico de la ciudad. Un lugar de encuentro que cada año se renueva en la entrañable galería de arte que, conservando el nombre de su creador, en el corsizón del barrio de Santa Cruz mantiene vivo el recuerdo de quien en 1974 la abriera a las incuietudes contrastadas de autores reconocidos y a las posibilidades que con tanta sensibilidad descubría en cada uno de los jóvenes que en ese espacio comenzaron su trayectoria. La suya, una línea de conducta que Alfonso Otero se propuso mantener desde el primer momento y cuyos frutos se ponen de manifiesto.