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20 de febrero de 1998 A B C literario Ensayo El problema teologal del hombre Xavier Zubiri Alianza. Madrid, 1997. 655 páginas. 4.700 pesetas E STE nuevo volumen de Xavier Zubiri prolonga y culmina la trilogía iniciada con El hombre y Dios y continuada con El problema filosófico de la historia de las religiones Se integra dentro de una línea de análisis que progresa desde un planteamiento general relativo a la apertura de todo hombre hacia Dios, a la convergencia de distintas religiones para culminar en el estudio más específico del cristianismo y de sus tesis centrales, principalmente Trinidad, creación, la figura de Cristo y el valor de la Iglesia. La edición, discreta, pero convincente, de varios textos de Zubiri de forma que tengan una unidad de conjunto, presenta a primera vista una versión trabada de su pensamiento en este campo, que se puede leer sin apreciar solución de continuidad. Nos encontramos ante una sola obra en virtud de la unidad del pensamiento del propio Zubiri. La anotación del texto también se ha llevado a cabo de una manera muy útil al insertar los distintos pasajes de la obra dentro del conjunto de lo ya publicado. Se trata de una de las más interesantes de Zubiri. Los aciertos de esta edición permiten apreciar la calidad de su pensamiento. Es cierto que se encuentra en la línea de lo que hasta ahora ha aparecido: además del parentesco temático con las dos obras arriba mencionadas, puede apreciarse una clara continuidad sistemática con el conjunto de su obra, sobre todo con Estructura dinámica de la realidad y, en última instancia, con Sobre la esencia Una vez más, la amplitud de los conocimientos escrituarios y teológicos y sobre todo la extraordinaria calidad de su discurso intelectual quedan nítidamente plasmadas. Pero además, aquí se aprecia mejor que en ninguna otra parte la envergadura de sus posiciones, aun cuando desde el punto de vista estrictamente filosófico se trate de una obra de menor radicalidad teórica que las dedicadas a la inteligencia sentiente o a la noción de esencia. El lector se encuentra ante lo que viene a ser una nueva versión del cristianismo que Zubiri sitúa dentro de la historia del pensamiento teológico para discutirla, aclararla y a veces enmendarla, siempre ateniéndose a su propia visión sistemática. Aunque gran parte de la filosofía de Zubiri debe discutirse sin tener en cuenta su posición religiosa- y de manera genérica no se le debe aplicar el calificativo de filósofo cristiano en este caso el desarrollo es teológico, en tanto que se trata primordialmente de prestar a la revelación un armazón conceptual desde el cual adquiera sentido. Tiene que remitirse a los textos de las escrituras y entender su trabajo en primer término como un esfuerzo por aclararlos. El pensador sistemático permite que este comentario adquiera la armonía y profundidad que lo inscriben, sin duda, dentro de los esfuerzos exegéticos más interesantes de nuestro tiempo. San Agustín, Santo Tomás y de la teología tradicional en muchos puntos importantes. Sustituye la noción platónica de imitabilidad de Dios por otra de fecundidad en virtud de la cual desde la relación trinitaria misma, Dios se proyecta en lo que crea. Asimismo, se apoya en conceptos ampliamente desarrollados en otros contextos, por ejemplo el de realidad abierta que, caracterizando la vida trinitaria de Dios, también se aplica al hombre. Con todo, la orientación fundamental de su posición abunda en la tesis de que la realidad humana reproduce mutatis mutandis determinadas formas que se encuentran eminentemente realizadas en un ser supremo. La plenitud que puede alcanzar el hombre consiste en su aproximación a Dios, es decir en la depuración de su condición de realidad abierta con inteligencia y libertad. En este sentido se trata de una obra prekantiana que entiende la realidad humana desde la acción de un Dios creador. En otros textos Zubiri ha criticado a Kant y reformulado las pruebas de la existencia de Dios, y estas críticas tienen que tenerse en cuenta ahora si se pretende valorar su posición desde el punto de vista filosófico. Pero no cabe duda de que además de la preocupación explícitamente filosófica sobre el fundamento de estas posiciones, se da aquí de una forma más manifiesta que en otras obras una determinada perspectiva sobre la realidad, incluso lo que puede denominarse una sensibilidad desde la que se viven los acontecimientos que trasciende la filosofía. Nos puede resultar a muchos ajena por el carácter secularizado de nuestra cultura La extraordinaria calidad del discurso intelectyxil de Zubiri queda una vez más plasmada. Además, aquí se aprecia mejor la envergadura de sus posiciones, aun cuando sea una obra de menor radicalidad teórica que las dedicadas a la noción de esencia actual. Por ello la gravedad de las críticas de Kant a la teología racional- si son correctas- no se reducen al mundo de la filosofía, sino que desautorizan determinada manera de representarse la realidad última por parte de quienes no son filósofos: entendiéndola como expresión de una realidad última. Además de reconocer la maestría del practicante del discurso filosófico, no se puede discutir que ofrece una visión global de las cosas en la que el hombre se ha encontrado e incluso en nuestra época frecuentemente se encuentra instalado a pesar de la secularización de la cultura. Se trata de una visión positiva en tanto que la presencia del hombre en el mundo es conceptuada como una prolongación de la vida trinitaria. Lejos de oponerse la experiencia religiosa a la emancipación del hombre, sería el cauce por el que éste se realiza. Desde esta sensibilidad adquiere sentido la instalación del hombre en su mundo. Se trata de un paso que difícilmente se puede dar desde el conjunto de la obra de Zubiri por más que haya sido en este apartado interesante la figura de Ellacuría, y que en cambio resulta mucho más practicable desde estos textos. La visión de la historia ofrece un buen ejemplo. Desde muy temprano se ha conocido la interpretación zubiriana de ésta como alumbramiento y obturación de posibilidades y ésta no requiere presupuesto teológico alguno. Pero en estos textos se añade la tesis de que el sentido de la historia en su conjunto es la libertad que Dios ha hecho posible por más que puedan ser gravosas sus consecuencias al hacer el hombre mal uso de él. Jaime de SALAS 21 IfenataoGarcfet- Valiño Lucía Etffibarria Btíiisw. I fiJ PR- mio Nadal 1998 LUCIA ETXEBARRIA Ante todo habría que destacar frente a la importantísima teología secularizadora que se ha practicado en el campo protestante en este siglo, la voluntad explícita de relacionar una antropología, es decir, una teoría del hombre y una teología. A estos respectos desempeña un papel central en la obra la interpretación del dogma de la Trinidad. En el detalle de su interpretación se distancia Zubiri explícitamente de la visión de Beatriz y los cuerpos celestes FINALISTA IGNACIO GARCÍA- VALIÑO La caricia del escorpión