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ABC üterario 20 é: íebr ro de 1998 Jünger, memoria viva AMBIÉN los dioses visitan los cuerpos de los hombres ancianos y muy ancianos. La morada se ha vuelto más grata: se sienten bien dentro de ella. Descansan un rato allí y luego se dan a conocer y se marchan junto con el anfitrión (Jünger) Jünger ha nacido en las postrimerías de un siglo y ha muerto en las de otro. No pertenece a ninguno de los dos. El tiempo físico no ha sido su tiempo vital. Por otra parte, decía, toda la vida del hombre es una lucha contra el poder del tiempo. Y así consideraba que siguen siendo válidas hoy ¡as palabras que pronunció Catón cuando tenía noventa años: Es difícil defenderse en una época, cuando uno ha vivido en otra La época en la que vivió Jünger fue la de los caballeros de la pluma y de la espada, del corazón aventurero No es tanto una época histórica definida como una cierta moral de lucidez y voluntad de estilo en nuestro tiempo: hay que seguir defendiendo después de todas las guerras interiores y exteriores el puesto perdido Su obra es el testimonio de un siglo y la mirada inquisitiva al venidero. Representa también el drama de una generación educada en el espíritu de una época pero que está condenada a vivir en otra. Se hace eco del malestar de la cultura pero no se refugia en la cultura del malestar. Sufre en sus propias carnes lo que Freud definió como la experiencia capital de nuestro tiempo, la de la Unheimiichhkeit la de la inhospitalidad, la de un mundo que ha saltado hecho pedazos en la Gran Guerra. Ya no es habitable y ha dejado de ser una casa. O como escribe a su amigo Kubin: Las cosas se han vuelto ambiguas y suscitan la pregunta de en qué medida todavía se puede confiar en ellas T JUVIE TODO, URIOB ni nismo que r i ¡nundo moderno expresa a todos los niveles Esa violencia titánica es un signo de nuestro tiempo y a veces Jünger se esconde en el enigmático personaje del emir Musa que aparece una y otra vez en sus obras como cicerone del dolor en la ciudad perdida. Pero, a diferencia de otros, su análisis del nihilismo contemporáneo deja siempre abierta una puerta a la esperanza. Estamos en una época de transición y todo esto pasará. A ello se refería en su obra La tijera que nos adelantó en su investidura como doctor honoris causa por la Universidad del País Vasco. Y allí citó también a otra figura complementaria de las suyas, la de Don Quijote, el Caballero de la Triste Figura. Al hablar de él nos dio una clave de su obra como caballero: también la resistencia es una cortesía Es conocida la fascinación de Jünger por España. En su centenario dio plantón a su ciudad natal, Heidelberg, para venir al Escorial y compartir una semana con los que allí analizábamos su obra. Se escapaba, cuando podía, a las corridas de toros, y sabía apreciar los caldos del Vega Sicilia suministrados por su fiel amigo y espléndido traductor de su obra Andrés Sánchez Pascual. Ha perseguido con igual ahínco el espíritu del Gran Duque de Alba por los salones del Palacio de Liria que en el fondo del cognac que lleva su nombre. C el poder de lo elemental. Cuya manifestación más clara para Jünger es el fenómeno de la técnica. La novedad de su tesis, expuesta en El Trabajador es que la técnica no es fruto de la razón sino hija de esas fuerzas elementales a las que aludía el mito del dios herrero. Por ello, sugiere, es preciso que nuestro siglo desarrolle una especial sensibilidad para comprenderla, ya que no estamos a su altura. Su diagnóstico es que nos encontramos al final de una cultura del logos y al comienzo de la época de las imágenes. Se trata de vivirlo positivamente: ...es preciso retornar a las imágenes; el logos es únicamente la radiación de ellas, su cara pulimentada La síntesis de ambos es lo que configura su legado: el pensamiento de imágenes. Las imágenes son el rostro de lo elemental que aflora en la retina de las cosas. Es fácil leer sus ensayos, novelas o el cuaderno de bitácora que son sus diarios, desde las imágenes de la catástrofe de nuestro siglo, pero sería insuficiente, pues lo que trata de mostrar es la catástrofe de las imágenes mismas, nuestra penuria de ellas. Su crítica de la modernidad no le impide entonces recoger la herencia de su otra parte de esa que magistralmente resumía Rilke cuando nos invitaba a saber la imagen Desde esta perspectiva arriesga el análisis y nuevas hipótesis metodológicas: Vivimos hoy en una etapa de transición, entre dos inmensos momentos de la historia, como ocurrió en tiempos de Heráclito. Éste se encontraba entre dos dimensiones: por un lado estaba el algo completamente diferente. Nuestro estado transitorio está caracterizado por una fase de tita- En su ensayo Sobre el dolor se encuentra una de las mejores descripciones de ese clima epocal: La situación en que nosotros nos encontramos es la de unos caminantes que han estado marchando durante largo tiempo sobre un lago helado cuya superficie comienza ahora a cuartearse en grandes témpanos debido a un cambio de temperatura. La superficie de los conceptos generales está empezando a resquebrajarse y la profundidad del elemento, que siempre estuvo ahí presente, trasparece oscuramente por las grietas y juntas. La obra de Jijnger se instala y nutre c aramente de la crisis de la modernidad. El camino, el método moderno, se abre a nuestros pies y a consecuencia de ese movimiento telúrico emerge del fondo aquello que siempre estuvo ahí agazapado: 18 UANDO uno ha escrito mu cho e investigado todavía más sobre la obra de Jünger se suele preguntar en estos momentos por las razones de ello. Los sentimientos son ambiguos. No comparto su pesimismo metafísico radical, sus salidas esteticistas de dandy, su conservadurismo político que bordea lo totalitario, su visión de la historia en la que queda minimizado el papel de lo humano, y que apenas atempera una vaga piedad schopenhaueriana. Pero me ha llamado la atención una frase suya en la que dice que a veces la verdad no siempre cae del lado que más nos gusta. Al fin y al cabo, él no prometía más que lucidez a los que se acercaban a su obra, y ayudarnos a enfrentarnos con nuestros demonios interiores. Como su inquietante personaje de Visita a Godenholm Schwarzenberg, Jünger nos dice en su despedida: Espero poder ofrecerles también el año que viene comida y bebida. En lo que toca al resto- sonrió- mi casa es como una posada española: los huéspedes no encuentran más que lo que traen consigo en su equipaje José Luis MOLINUEVO