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Creación ética 6 de febrero de 1998 CRÓNICAS DE LA OLTRAMODERNIDAD V UELVO al Proyecto Ariadna, ya saben, la soga, el laberinto y todo lo demás. Las preguntas urgentes acerca del amor, la pareja o el matrimonio cambian a lo largo de la vida. A mis alumnos más jóvenes les interesa saber si el amor dura siempre, si el amor y la infidelidad son compatibles, si se puede sentir amor por varias personas a la vez o si es verdad que el matrimonio es la tumba del amor. Las preguntas de sus padres suelen ser más escépticas y de sálvese quien pueda. Hoy voy a ocuparme de las preguntas de mis alumnos jóvenes y dejaré para otra ocasión las de sus mayores. En este momento se da por supuesto que la relación conyugal (institucional o libre, matrimonial o familiar) es importante, y que debe estar fundada en el amor. En él nos apoyaremos para decidir un compromiso, y lo que sobre él pensemos nos servirá de criterio para sentirnos defraudados o satisfechos. Así las cosas, parece insensato que nuestras opiniones acerca del amor sean tan insulsas. Aún me encuentro a mucha gente que considera ofensivo analizarlo porque la observación mata la poesía. Suelen estar de acuerdo con el siguiente poema de Ricardo León, que a mí me da mucha risa si estoy de buenas, y me cabrea mucho si estoy de malas: Amar es todo, conocer no es nada, ¿quién la razón de la razón conoce? Deléitate en los brazos de tu amada, sin descender al fondo de tu goce Se merecen un resbalón por casquivanos. Algunas creencias sobre sentimientos pueden resultar destructivas. Les citaré algunas: Quien da amor recibe amor quien ama lo comprende todo, lo perdona todo con el amor basta si mi pareja me quisiera sabría lo que es importante para mí sin que yo tuviera que decírselo si dos personas se aman de verdad, basta que se dejen llevar por la espontaneidad del amor o haces una cosa por amor o la haces por obligación Lo malo es la facilidad con que a ese sentirse en vilo se le llama amor, y a ese amor de montaña rusa se le considera un mirífico sentimiento capaz de soportar el choque con la realidad. Experimentar el romanticismo del estremecimiento está bien, con tal de que no se espere un estremecimiento eterno carme. Los sentimientos son un balance de nuestra situación, la experiencia consciente de cómo nos van las cosas. Si mis deseos o aspiraciones se van cumpliendo, me siento satisfecho, alegre o esperanzado; si pierdo aquello en que cifraba mi felicidad, me entristezco, deprimo o desespero; si aparece un obstáculo en mi camino me encrespo contra él; si irrumpe una amenaza, siento miedo; si mis expectativas no se cumplen me invade la decepción, la frustración o el agua amarga del fracaso. El balance sentimental cambia constantemente. En cinco minutos de conversación puedo sentirme colérico, avergonzado, tranquilo, alegre, arrepentido. El cardiograma afectivo es intermitente y lábil. Una misma situación puede provocarnos sentimientos distintos en distintos momentos. Lo que ahora hace reír a un niño puede hacerle llorar al minuto siguiente y a los adultos les pasa algo parecido. Hablar, pues, de sentimientos duraderos es contradictorio. En cambio, sí es duradero nuestro estilo afectivo, nuestra manera de responder a las situaciones. Hay personas coléricas, miedosas, pesimistas, optimistas, bienhumoradas, atrabiliarias. Esto quiere decir que son propensas a interpretar las cosas como ofensas, amenazas, pérdidas, obstáculos. Y son también duraderos nuestros hábitos del corazón. El amor no es en su origen un sentimiento ni un estilo sentimental ni un hábito. ¿Qué es entonces? Al analizar nuestras experiencias afectivas encontramos- junto a los sentimientos- los deseos. No son el resultado de lo que pasa sino su inicio. Se trata de experiencias dinámicas, fundadas en una carencia, que confieren a una cosa, a un acto o a una persona la peculiar propiedad de convertirse en realidades consumatorias, es decir, capaces de satisfacer el deseo. Una vez que aparecen dotadas de semejante atractivo, la vida del deseante girará en torno a ellas y, según sea la índole de la interacción, aparecerán sentimientos muy variados: inquietud, miedo, excitación, alegría, desdicha, desesperación, celos, aburrimiento. De eso hablan Lope y Quevedo. Es importante saber que los dos niveles son diferentes y que un mismo deseo puede coexistir con distintos sentimientos. Lo que caracteriza al amor es precisamente su carácter de de- seo y, por lo tanto, hay tantos tipos de amor como tipos de deseo puedan sentirse hacia una persona, que son muchos, heterogéneos y con frecuencia contradictorios. ¿Y usted qué desea? Bajo la equívoca palabra amor se incluyen muchos deseos: deseo sexual, deseo de conquista, deseo de huir del aburrimiento, deseo de posesión, deseo de ser querido, de evitar la soledad, de comunicación, de estabilidad social. Hay un deseo extremadamente novedoso y raro, tan contradictorio que Sartre pensó que era imposible: el deseo de hacer feliz a otra persona. Parece contradictorio porque quien disfruta con la realización de un deseo es quien siente el deseo, pero en este caso lo que satisface el deseo es la felicidad de la otra persona. El sobrio Kant definió el amor como hacer míos los fines de otro Sería clarificador resen ar la palabra amor para este raro poner mi felicidad en la felicidad de otra persona, pero lo veo difícil. Entre otras cosas porque no todo el mundo es capaz o tiene la suerte de sentirlo. Rilke, maravilloso escritor y detestable personaje, confesaba que era incapaz de querer a nadie. ¡Estoy siempre tan ocupado conmigo mismo! se excusaba el pajarraco. El deseo del que hablo provoca también sus propios espejismos y peligros. La generosidad, e incluso la compasión, puede confundirse con él. Me sorprende comprobar cuántas mujeres estupendas se casaron en los años cincuenta con hombres desastrosos porque creían que transformarlos era una misión maravillosa. Es es es es es un un un hielo abrasador, es fuego helado, herida que duele y no se siente, un soñado bien, un mal presente, un breve descanso muy cansado; un descuido que nos da cuidado, cobarde, con nombre de valiente, andar solitario entre la gente, amar solamente ser amado; Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde y animoso; no hallar fuera del bien centro y reposo, mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, enojado, valiente, fugitivo, satisfecho, ofendido, receloso; huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño; creer que el cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño: esto es amor: quien lo probó lo sabe. Los poetas mienten mncho Antes de seguir, lean los dos sonetos clónicos de Lope de Vega y de Quevedo. ¿Creen ustedes que están describiendo la esencia del amor? Yo, desde luego, no. Ambos poetas hablan de sentimientos, y el amor no es un sentimiento. Lo que acabo de decir merece una explicación- porque solemos hablar del amor, precisamente, como del sentimiento más quintaesenciadc así que paso a expli 62 es una libertad encarcelada, que dura hasta el postrero parasismo; enfermedad que crece si es curada. Este es el niño Amor, éste es su abismo. ¡Mirad cuál amistad tendrá con nada el que en todo es contrario de sí mismo! Francisco de Quevedo Lope de Vega