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6 de febrero de 1998 A B C de la música DISCOS Dussek Conciertos para piano op. 17 op. 27 y op. 40 María Gar n (piano) Neues Rheinisches Kammerorchester. Diredor: Jan Corazolla. Kocli Sdiwann 3- 64312. DDD. Bralims: Lieder Op. 63,71,72, 94 y 121 O. Bar (barftono) CD. 5563662. EMI. Sciiubert Ueder A. S. von Otter (mez 23 soprano) B. Forslserg (piano) CD. 453 4812. DG. Messiaen: Poémes pour Mi Le réveii des oiseaux Sept helM Orq. de Cleveland. F. Pollet (soprano) P. -L Almard, Joela Jones (piano) Dir. P. Boulez. CD. D. G. 453 478- 2. Bralims: Sonatas para violonchelo y piano 1 y 2 Heinrich Schiff, Gerhard Oppitz. Philips 456 402- 2. DDD. E MPARENTADO con MuzioClementi, Jan Ladislav Dussek (1760- 1810) sin ser un genio, se constituyó en un conspicuo creador de transición a medio camino entre el clasicismo dorado y el romanticismo naciente de Weber y Beethoven. Fue un gran pianista (y tañedor de armónica de cristal) de los primeros en emplear los instrumentos construidos por John Broadwood. Los tres conciertos contenidos en este compacto poseen excelente factura formal- heredada probablemente de su. relación con C. P. E. Bach- solvente elaboración temática y fácil y pegadiza vena melódica, a veces curiosamente rossiniana. Hallamos en el Larghetto del op. 17 una indudable semejanza con el tiempo correspondiente del Concierto número 3 de Beethoven, cuyo Emperador creado un año después de la muerte de Dussek, asoma entre líneas por el op. 40 una obra bautizada como Gran concierto militar carácter que posee evidentemente la composición del sordo de Bonn. En la interpretación destaca por encima de la orquesta, que exhibe una tímbrica un tanto rústica, y de la dirección correcta de Corazolla, el preciso y precioso juego de la madrileña María Garzón, hace años afincada en Londres, que muestra la exigible nitidez de digitación, una sonoridad muy rica y un impulso y animación contagiosos. La grabación, que ha tardado cuatro años en salir al mercado, es previsiblemente el inicio de la integral de conciertos para piano de Dussek: 15 partituras de las que en la actualidad solamente estaban registradas la op. 22 y la op. 49 (quizá la más conocida del autor) por el fortepianista Andreas Staier y Coiogne Concertó para Capricclo. A. REVERTER BRAS de un romanticismo fomezzosoprano, la de barítonoGrammophon es un verdadero goso, L AS vocesmedias -ladebe- E STO que ofrece Deutsche Ocon unproblemáticas, irregula- no son, probablemente, las más regalo. Un monográfico Messiaen res, equilibrio entre voces llas. No poseen la brillantez de las voces agudas y difícilmente logran provocar el entusiasmo del gran público. Pero como contrapartida son las más humanas, las de mayor belleza tímbrica y capacidad emotiva, idóneas para el Lied donde el alarde de dificultad está de más y la facilidad y la naturalidad son los valores prioritarios. Una vez más Olaf Bar deja constancia de su gran talento como liederista. Posee esa sensibilidad a flor de piel, esa emotividad contenida, esa capacidad para recitar la poesía cantando y esa profundidad que son condiciones sine qua non Una selección interesante, por opus completos, que culmina en una notable versión de los fascinantes Cuatro cantos serios cuya hondura amarga y violenta constituye una verdadera prueba de fuego. El pianista Helmut Deutsch se le podría pedir un mayor protagonismo y un mayor aliento. Anne Sofie von Otter es una gran cantante y una gran liederista. Como intérprete de Schubert no sólo domina el estilo y la técnica, sino que además canta con un dramatismo y una seriedad trascendente que es más frecuente en las voces masculinas que en las femeninas. Y sin embargo... a su Schubert le falta algo de esa gracia, de ese encanto, de ese ángel que se pide más a las voces femeninas. Su exceso, por leve que sea, supone un riesgo de banalización; pero él, Schubert, no acaba de ser Schubert. Un buen recital, pero no un recital inolvidable- Alvaro MARÍAS De referencia Bueno con tres obras poco frecuentes, y presentadas con todo cuidado. La Orquesta de Cleveland, que está fantástica, siempre limpia y precisa, pone a sonar el peculiar mundo de Olivier Messiaen según la fiel y transparente versión de Pierre Boulez, su talentoso alumno. Desde los tiempos de Perotino hasta hoy mismo, son poquísimos- a lo mejor, tres o cuatro- los compositores que han conseguido definir un estilo propio con tanta claridad y originalidad como Messiaen. Este disco nos muestra ejemplos sonoros de tres facetas de este estilo, que, además, se nos explica muy bien en los magistrales comentarios del librito, escritos por el sabio belga Harry Halbreich. Los Poemas para Mi los canta Frangoise Pollet con poderosa voz de soprano dramática. Aunque cabría imaginar más flexibilidad en la expresión, es una magnífica versión. De primera fila son también las interpretaciones de los pianistas que protagonizan las otras dos obras. En el teclado nítido y potente de Pierre- Laurent Almard, la impresionante pajarería de El despertar de los pájaros suena hermosa y convincente. En el piano de Joela Jones se plasman admirablemente los colores y las formas del Japón milenario. El disco valdría la pena sólo por esta fantástica versión de los Siete haiku -Á. G. Aceptable Discreto Mediocre siempre conseguido, las dos Sonatas para violonchelo de Brahms, op. 38 y op. 99 no poseen el acabado de las correspondientes dedicadas al violín y de otras partituras camerísticas del autor. A veces el piano deja al más débil instrumento de cuerda en la sombra. He ahí una de las dificultades inherentes a cualquier interpretación de estas part: ituras. Un problema que Schiff y Oppitz han sabido solventar inteligentemente ayudados por la formidable toma de sonido, especialmente en el Finale de la primera Sonata El chelista revela una vez más que lo suyo es tañer su instrumento y no ponerse delante de una orquesta, actividad que, siguiendo la costumbre imperante, ha acometido con irregular fortuna en los últimos tiempos. Su sonido es robusto, redondo, bien dotado de armónicos, cálido, con unos bajos espectaculares, unos agudos guarnecidos y unos plzzicati fuera de serie. Algo tendrá que ver en esto y en la fluidez de su articulación y generosidad de fraseo su Stradivarius Mará de 1711. Oppitz por su lado sabe controlar adecuadamente su pulsación y salva las señaladas dificultades de escritura con singular fortuna; su pianismo es moderno y vital, muy propio de la música. Es por tanto muy recomendable esta interpretación, que se sitúa en un lugar preferente dentro de la discografía. Aunque no posea la palpitación tan intensamente lírica de la del dúo Du Pré- Barenboim (EMI, 1968) para ambas obras y la interna y monumental vibración de la de Casáis y Horszowski (EMI, 1936) o la pureza diamantina de la de Starker- Katchen (Decca, 1969) para la Sonata número 2 A. R. 51