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x dc 993 A B C de las artes A la ¿quterda, íMatJsso do día, Watlsso de ñocha A la ÚG GOha. íAutcurotrato Moeth us V su amtgoí. Aba o tUos boíT chos ¿7 crz V sión óe piuetTSS del ca Scler distintivo dc su piopiíoaia. el ttescubnmit ilo de rTijchos sUeric is y esos estados cotno de duda a los que Akaifea era tan propicc Q íiisüliado, las piniuias se hia optado pctf uri 3 selección muy exigenie. inclüGO csüicia) desveda las devociones de las que parle. Desde las pinturas techadas en 1970. C 3 S 0 de las- pisctnas- señala su alecto por Hockr ey peio lambiCn que lo suyo iba por otio iGJTcnO, fri ¿5 líquido y hc- rri étic: 0. más iTiiertor Como si las por lüi que miraba Alcdoa fuesen pi 6 Mr nas. Anlo s j s cuadros se rkola la cuiosidad con la que miraba la pinliaa. con independer Cia do que SIJS relcfericias hfesen más o n nos piOi- imas. Los cuadros dialogan con Tizlano, con Matisse, con k s pmlofes nc- oyorquinos do milad de siglo, con algufkos pop conx AteíL Kalz o Kitaj, pero no lo hxacen al írodo hatulual. AJcoíea no se dü a sedu i por las fonnas, no se entiega ante bs rriodeíos los ¡nlaioga. y u 5 píogijnias son afiladas VoJvor a VCÍ- Matisse de día, N 4 a (isso do ixiche- es comprobar hasia QU e remo supo adivinar el fondo sabio y filo del qijG se nulrfa una pmTuo apareníementc lan sensual como la del Irancés. Con los cuadios de Aí- cia GStan- os ante la oerteja de qi e es d plnloi qjien luega con las snágencs y las apanencas. y bs retratos- vistos en su con yn o- resultan l i n m prcsionanfes coa io el sc CrD iiQOf con el que mira a Duciiarrip y k omenaiea. Otro atractrv o de La muestra y no el rrenoí- cs la cenosa que se f 3 rc bc al vsiTa ta la Ornea opción válida pEjra lícilcdr trri t ü l j pinlufii es la jambüHida Ccfno mctáíoia y como ccricía Lo reclaman las ín- aenoj y lo sugieren los mjiadas í nphces que lanzan las piopfas pinturas. Migiiol FERNÁNDEZ- CID