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6 de febrero de 1998 A B C literario color, algo que ocurría allá, en el recuerdo, en la información de hechos pretéritos, aunque fueran recientes, pero enfatizados por el periódico que amarillea enseguida y ya se inserta como objeto distante en la memoria. Luego, en esa forma de enfatización distanciadora, en aquellos montajes de Brecht, se introducía la música de Kurt Weill, minimalista y percutente como pocas y que nos remite a Satie. Tengamos presente que la música de La ópera de dos centavos cuenta por mucho en la evolución de los lenguajes escénico- musicales, en la ópera que se puede decir moderna Es una obra de referencia, un hito musical. Melodías que cantaron Lotte Lenia y Marlene Dietrich. Ciertamente, en la dramaturgia brechtiana había elementos de mucha consideración. En plurales aspectos significaba una evolución estética, un salto cualitativo en la escena mundial, y el partido pudo arbolar un decantado producto artístico vivo que no era precisamente arte soviético sino arte universal y hasta muy bien emparentado con la vanguardia, si bien hay algún malentendido frente a esto. Las mejores obras de Brecht fueron escritas fuera del partido y, a raíz de su gran encumbramiento como soporte popular del marxismo ortodoxo, sólo escribió obras que hoy no resisten bien una representación. Pocas, por fortuna. Como quiera que fuese, Brecht y su forma de ver el teatro arrasaron de forma universal. En España fue como una peste o poco menos. Se hicieron imitaciones ridiculas. El método de Brecht servía para intimidar a la profesión, para presumir de elevación cultural y elevación marxista. En Cataluña- siempre tan á la page -más que en cualquier otro lugar. LGUNOS años después, cuando me fue dado trabajar en la Ópera Cómica, en Berlín Oriental, pude entrar en contacto con el Berliner, cuyo edificio estaba muy cerca del nuestro y en cuya cantina no se comía mal. Trabé una ligera amistad con Helen Weigel, la gran actriz y compañera de Brecht, así como con el sucesor de Kurt: Weill, que era Paul Dessau. Como yo pasaba a menudo de! Berlín Oriental al Occidental- el ominoso muro de Berlín- la Weigel me encargaba que le trajera cosméticos de Max Factor o de Marcel Ro- yOMO quiera que fuese, Brecht y su forma de ver el teatro arrasaron deforma universal. En España fue como una peste o poco menos. Se hicieron imitaciones ridiculas. El método de Brecht servia para intimidar a la profesión, para presumir de elevación cultural y elevación marxista mente? -en una reliquia. Nada más decepcionante para mí que una representación cotidiana de Arturo Ui en aquel tiempo y en aquel teatro. No me gustó, como no me gustó Las panaderías que era un auténtico tostón, una lección a base de palmeta comunista. No me permití darle o quitarie la razón a Giorgio Strehier y me callé, pero estaba pensando lo mismo y me alegré de coincidir con tan libre opinión de tan brillante artista. Este es el destino de toda obra con demasiado éxito, que ha creado una verdadera sugestión colectiva. Siempre sobreviene una saturación que hace crisis. De aquel Imprevisto encuentro y conversación en el ascensor de un hotel, que se prolongó algunos minutos en el descansillo, saqué muy tempranamente la conclusión- era el año 68- de que ya se estaba consumiendo un Brecht demasiado falseado por la ideología y desvitaminizado como afirmaba Strehier, pero no se podía decir en España para no disgustar profundamente a los amigos de la oposición franquista. Me había complacido mucho una diatriba contra el brechtianismo que se llamaba L lmprovisaEscena del montaje de Maurizio Scaparo de Vita de Galileo (1989) tion de l Alma y cuyo autor era nada menos que lonesco, al que la progresía convencional persiguió chas. Y Dessau me pedía conocer que todo se conservara impolutalibros de lonesco o de Beckett, que mente, dirección, escenografía, lu- por involuclonista y conservador. yo introducía entre la espalda y el ces, figurines, pasados unos años, Ya se ve, quien con Plrandello, Beccinturón, con no poco recelo de a veces sólo unos meses, la cosa kett y Brecht han hecho toda la hisque me detuvieran. ha envejecido de modo singular. toria del teatro en este siglo que finiPasados esos años y fallecido Esta es la fugacidad y fragilidad del quita. Brecht, el Berliner Ensemble, visto teatro. No tanto de los textos como de cerca resultaba un poco tristón, de su interpretación material. Y, aun ORQUE, ahora, Brecht ha fané con algo de marchito y de así, también con los textos sucede. entrado en la historia de la Strehier, fallecido él también hace amanerado. Yo me alojaba en el literatura y la cultura del siglo hotel Unter den Linden y, una tarde, poco más de un mes, hombre de XX como lo que fue, un magnífico me encontré en el ascensor con acendrada cultura germánica, ad- dinamizador de la escena. Nadie Strehier, que venía de tener una in- mirador apasionado de Brecht, ha- podrá borrar su huella. Su teatro y tensa discusión con Helen Weigel y bía mostrado no hacía mucho su forma han tenido descendientes se alojaba allí. Lo acompañaban tiempo en París una espléndida ver- ilustres, directores que absorbieron Peter Weiss y su mujer, que era es- sión de la Ópera de dos centavos de él y evolucionaron brillantecenógrafa. A la sazón, me estaba en el marco del TNP, o sea, el The- mente, apoyados en su manera de ocupando del escenario y los figuri- atre Nationale Populaire, que dirigía celebrar el hecho teatral: Vitez, nes de Marat- Sade que prepa- Jean Vllar. Una versión menos aus- Peter Stein, Chereau, Klaus Gruber raba Marsillach, y fue ocasión de tera, más carnal y espectacular, y muchos más. Pudiéramos decir mostrar al autor mi interpretación que compungió a los marxistas or- que el siglo se cierra sobre su cende su obra. Todo sucedió de forma todoxos, pero que era uno de los tenario admirativamente. Tan gran simultánea y rápida. Strehier venía más bellos trabajos escénicos de hombre de teatro ha sido, que su un poco acalorado de la discusión este director, comunista de car- permanencia en la oscura reserva con la Weigel y sostenía que el Ber- net él mismo, según creo. Pen- ha durado muy poco. Volveremos a liner Ensemble se había convertido saba con razón que Brecht estaba admirarlo sin prejuicios, volveremos en un santuario estancado, donde perdiendo mucho con ese trato aé! todo se repetía desangeladamente. conservador, que nos lo alejaba No hay cosa que envejezca con cada vez más, que lo iba convirFrancisco NIEVA mayor rapidez que el teatro. Aun- tiendo lentamente- ¿tan lentade la Real Academia Española 21 P