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ABC Uterario 6 de febrero de 1998 Cien años del d r a m a t u r g o esencial de los tiempos sombríos y la g u e r r a EN LA CLAVE TEATRAL DEL SIGLO El próximo martes se cumplen cien años del nacimiento del dramaturgo alemán Bertoit Brecht. De él se han dicho mil cosas: que prefería sus propias obras a las de los demás. Que de un incendio sólo habría salvado El libro de la selva de Kipling; Guerra y paz de Tolstoi, y Robinson Crusoe de Defoe. Que no escribió todo lo que firmó. Que era marxista, machista y mujeriego, amén de egocéntrico, cínico, avaro y enemigo de sus amigos. En su descargo podemos alegar que creó Teatro- así, con mayúsculas- O que lo reinventó. Un teatro como modo de estar en la sociedad. Como modo de ayudar a transformarla. De iluminar el siglo. En la cima de la escena contemporánea junto a lonesco y Beckett, Brecht influyó en dramaturgos, en narradores, en filósofos, en poetas... conscientes, como él, de vivir en tiempos sombríos de mentiras y muerte. De mitos caídos, en los que el rostro del dramaturgo aparece sin velo alguno. Francisco Nieva, que lo trató personalmente, valora su genio. También se ofrecen varias cartas inéditas en las que Brecht denuncia sus condiciones de vida en la RDA que vendía el periódico L Humanité a la salida del Theatre Marigni y daba la nota haciéndose arrestar por los gendarmes. Al día siguiente, L Humanité lo sacaba en pori: ada. Lo cierto es que nadie esperaba nada especialmente original, como arte, entre las apretadas filas de la progresía y el comunismo más ortodoxo- ni siquiera ellos- pero el refinado talento de Brecht como hombre de teatro hubo de dejarnos a todos confundidos, impresionados como no se puede imaginar. Ciertamente era así, pues de aquellas actuaciones en París salieron directores brechtianos en cantidad. El sistema adoptado por sus montajes se volvió regla y férula de la escena moderna. Desde Vitez a Patrie Chereau hay una buena lista de franceses, cuyos fundamentos estéticos se basaban en la dramaturgia brechtiana, más o menos distorsionada o llevada a sus extremos límites. N o deja de ser una ventaja que, habiendo nacido cuando se cumplía el primer cuarto del siglo XX, he atravesado el resto de la centuria figurando tangencialmente en algunas de sus grandes movidas como fue la del Berliner Ensemble, que dirigía Bertoit Brecht. La primera vez que esta formación ejemplar actuó en París, en el Teatro Sarah Bernhard- posteriormente llamado Theatre de la Ville- fuimos un amigo y yo a verla y salimos convertidos en unos brechtianos incondicionales. Éramos muy jóvenes y muy influenciables. Nuestro entusiasmo nos llevó también entre cajas para saludar al maestro que estuvo muy amable con nosotros, todo lo que se podía ser ante un cúmulo de gente que esperaba para demostrarle su admiración y reconocimiento. Yo no pude hacerlo una vez más, porque dos años más tarde murió. Brecht constituyó en París una sorpresa y no se pueden calcular los efectos de un éxito grande en París. En Madrid jamás puede producirse nada parecido, como no sea en el ambiente de los toros o del balón, creeriamos hacer el ridículo, desgarrándonos la túnica de ese modo y espontáneamente por algo de carácter intelectual. Del Berliner Ensemble se hablaba en todas partes y, entre los artistas o los intelectuales, la cosa tomó proporciones de alta sugestión colectiva, teniendo en cuenta un especial detalle: que el comunismo era en aquellos momentos una supersticiosa religión más que una ideología. Todavía no había muerto Stalin. Ni- ¡helas! -tampoco Sartre, 20 EL GRAN SALTO A mí, Brecht me aleccionaba con un incomparable espíritu de síntesis teatral, que daba un gran giro al cometido de un director de escena. El decorado se transformó y se convirtió como en el emblema de la obra que interpretaba, un emblema distanciador, un decorado fragmentario y expresionista, de gran movilidad y el más indicado para un teatro épico y dinámico, de tan saturada unidad emocional como el cine. Todo un hallazgo, toda una escuela. Me gustan todos los colores, con tal de que sean grises Esta frase de Brecht me impresionó, porque me Retrato de Bertoit Brecht de Bert Heller, realizado en 1956, año de la muerte del dramaturgo revelaba una forma de convertir la escena en una estampa de pasado