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A B C literario A n s o n e n la Real Academia E s p a ñ o l a comprende también el elogio, aunque sea muy complicado elogiar a alguien con quien no estás de acuerdo. ¿Y no le parece que ejercer el contrapoder es muy difícil, ahora que en los grupos empresariales periodísticos se ha inmiscuido el poder? -En absoluto: cada vez hay más periodistas independientes y formados universitariamente. También podría decirse, por esa regla de tres, que los arquitectos estarían dispuestos a que las casas se les iniesen abajo, porque a muchos constructores les gustaría abaratar costes. Pero ya ve cómo ha deri ado la conversación hacia cuestiones no estrictamente literarias. 6 de febrero de 1998 EL periodismo es ante todo información. Y también ejercicio del contrapoder: elogiar al poder cuando el poder acierta, criticarlo cuando se equivoca, denunciarlo cuando abusa publicar) pero no en el caso def periodismo. Una vida agitada te llena de imaginación y de reflejos, te permite acertar en la redacción de un titular. No se hace un pie de foto que diga: Jordi Pujol, el hijo pródigo que vuelve a la casa común del centro derecha sin estar todos los días inmerso en esa agitación. En cambio, en lo que se refiere a mi faceta de ensayista, el ejercicio tan intenso del periodismo hace que no pueda atenderla como debiera. ¿Y no le asalta la sensación de no estar haciendo lo que verdaderamente desea? -No, no, yo siempre he hecho lo que he querido, aunque a veces me haya pesado lo que estaba haciendo, pues el trabajo es abrumador y te acaba agotando, por mucha capacidad que tengas y muchas horas que le dediques. Hay gente que, al aludir a mí, dice: Qué horror, ese señor no se toma vacaciones No, mire usted, es que a mí me parece que lo que usted está haciendo en vacaciones es cansarse como una fiera, y el que se está divirtiendo soy yo, que no me aborrego. A mí, pasar un mes en un yate, haciendo un viaje por el Mediterráneo, me aburre a morir, salvo que el yate tenga una buena biblioteca, que generalmente no la tiene. ¿No ha observado usted eso? Los dueños de los yates, los tíos, tienen una bodega magnífica, cantidad de cosas absurdas, pero ni un mísero libro. Sí, estoy contento con lo que hago, al margen de que a veces me hubiera gustado tener un poco más de tiempo para dedicar a mi familia, pero eso nos pasa a todos: hay gente con profesiones absurdas, que se dedican a jugar al golf y también descuidan a su familia. Otra cosa es cuando mi energía física empiece a declinar: entonces me dedicaré más a escribir libros y a la Academia. Porque yo no quiero estar mucho tiempo en la televisión digital, sino más bien poco, es una experiencia que en gran medida ya he realizado: ahora... hay que dejar el bebé en manos de otras personas. No me corresponde a mí hacer cosas que por edad no veré. El Oriente profondo Y su voz se ha ido contagiando de una melancolía discreta que apenas se hace notar entre la penumbra. Insisto en una cuestión que ya le he planteado en conversaciones privadas: ¿Y no se animará a escribir unas memorias, en ese futuro que anuncia? -No escribiré mis memorias, aunque ya sé que usted está empeñado en que lo haga, pues me han contado demasiadas cosas off the record para que resulten interesantes. Hay otras personas que no tienen empacho en desvelar secretos, pero yo no soy ese estilo de intelectual. En mi libro sobre Don Juan, por ejemplo, sólo cuento un treinta por ciento de lo que considero interesante. He tenido acceso a unas fuentes secretas de información que, a lo mejor, dentro de cuarenta años se podrán revelar, pero que sería una tropelía por mi parte descubrir ahora... Pero yo no soy un memorialista. A mí lo que me gustaría escribir es un ensayo de filosofía de la Historia titulado El Oriente profundo Y también un libro titulado El sacrificio de los toros sobre el origen común de los dos ritos taurinos que hay en el mundo, que son la fiesta de los toros y la vaca sagrada en la India. Pero todo eso requiere tener salud y tiempo y sosiego suficientes. Todavía soy capaz de trabajar dieciséis horas todos los días de la semana, pero no siempre será así. -Si tuviese que elegir a sus maestros literarios y vitales, ¿a quiénes mencionaría? -Una vida como la mía, llena de lecturas y de viajes, hace muy difícil esa elección. El maestro más importante que he tenido ha sido Luis Calvo, director de ABC durante nueve años, un escritor formidable, Corrompido por la literatura Se ríe en la penumbra, con esa risa de labios muy finos y palaciegos, como de hombre que disfruta de su inteligencia en secreto. Alguna vez lo han llamado corruptor de mayores pero yo quiero verlo corrompido por la literatura, que es lo que nos hermana. -Usted ha decidido embarcarse en un proyecto periodístico esencialmente tecnológico y visual. ¿No le ha supuesto un choque demasiado duro, acostumbrado a vivir entre letra impresa? -Yo creo que la letra impresa nunca perderá su primacía, porque te permite reflexionar, mientras que, cuando ves la televisión, si te paras a reflexionar, ya no ves lo siguiente. Ahora bien, las ventajas que ha abierto a la cultura la televisión digital son realmente asombrosas. Hoy, una persona con treinta años ha podido ver lo que cuando tienes sesenta y te has paseado por todo el mundo sólo has visto a trancas y barrancas. Yo me he incorporado a la televisión digital, no por la parte técnica ni por lo que va a suponer de incidencia en la vida social del futuro, sino para dejar tras de mí un par de canales serios. Es cierto que soy un enamorado de la letra impresa, pero he tenido la suerte de hacer esta operación sin desvincularme de ABC: con GiménezAlemán me entiendo divinamente, y la parcela que él me ha encargado, que es la de ABC Cultural, me resulta muy querida. No le digo que no sienta nostalgia, pero mucho menos de lo que usted se pudiera imaginar. Como trabajo tantas horas, tengo muy poco tiempo para la nostalgia. -Una vida sin horarios como la suya, ¿no llega a erosionar su creatividad? -Eso ocurre cuando se trata de crear una novela o un ensayo (por eso yo he pasado tantos años sin 18 sin la menor vanidad literaria, con un entendimiento del periodismo muy cercano al que he tenido yo. Luego, vital y humanamente, destacaría a Don Juan de Borbón, un personaje lleno de generosidad, sin la menor capacidad para ei rencor y el odio. Como ejercicio de penetración intelectual, Pedro Sainz Rodríguez, un hombre deslumbrante de cultura, de vivacidad, de juicios... Y entre mis lecturas, ¿cómo comparar a Quevedo con Alberti, o a Cornuda con Fray Luis de León? Me gustan todos, dependiendo de la etapa de mi vida que atraviese. Hay un Quevedo político que a mí me entusiasmaba con treinta años; ahora, sin embargo, me interesa más el Quevedo desterrado en la Torre de Juan Abad, porque me voy acercando a lo que Quevedo sentía en esos momentos: Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos. vivo en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos Fíjese en ese último verso: muchos de mis amigos de verdad han muerto ya, y los escucho con los ojos. Anson, que por lo común es jocundo e inagotable, se ha abismado por un segundo en una tristeza que me recuerda la de aquel Minotauro pintado por Watts. ¿Y qué ocurre con los que aún están vivos? ¿Es que le han defraudado? -En general, no. Aunque soy muy escéptico con la condición humana, he de decir que en los sitios donde he tenido autoridad me precio de haber sido una persona querida, no temida. Cuando abandoné la dirección de ABC, me callé como un mudo, le di el protagonismo al nuevo director, pero la gente estalló en aplausos, y aquellos aplausos venían del cariño. ¡Y tengo, sobre todo, amigas! Me resulta mucho más divertido tratar con la mujer que con el hombre, tal vez porque tengo un alto sentid estético. Al margen de la relación de amor o de sexo, el espectáculo estético de la mujer me deslumbra. ¡Es algo maravilloso, el mayor don que nos ha puesto Dios en la vida! Y ahora la alegría vivaz vuelve a instalarse en sus pupilas, como espantando esas tentaciones de retiro que han sobrevolado nuestro diálogo. Antes de abandonar la biblioteca, Luis María Anson me muestra con unción sus incunables más longevos; seguramente, se regodea en las descripciones bibliográficas para ponerme los dientes largos y recordarme que yo jamás los poseeré. A veces íiay que conformarse con el espectáculo estético. Juan Manuel de PRADA yreo que el periódico impreso mantendrá su primacía porque permite pararse y reflexionar, a diferencia del periódico hablado y del audiovisual