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ABC literario Novela 6 de febrero de 1998 Relatos El pasajero Alfredo Tajan Destino. Barcelona, 1997. 223 páginas, 1.900 pesetas j U I E R E N saber de una novela J f asombrosa, de esas que, impreg Cf nadas de ingenio, de sencillez y de palabras sustanciales, logran escapar a esquemas reductivos? Pues sáltense la breve reseña que ofrecemos sobre los méritos de su autor- el argentino Alfredo Tajan (Rosario, 1960) afincado en Málaga desde 1970, licenciado en Derecho, crítico de arte y literatura, autor de libros de poesía como Noclie dálmata y merecedor de premios como El salvaje de Borneo (premio Juan March, 1993) y esta última, El pasajero (premio Café Gijón, 1996) Pero ahora escuchen. Porque la novela de la que vamos a hablarles huyendo de prolegómenos y de hiperbólicas categorías, como la de justificar que alcanza el rango de las- mejores- historias- jamás- contadas, se refiere a una trama de vicisitudes tan humanas y reales que lo que persigue es parodiar la realidad. Por eso arranca con el acertado aserto de que la vida es un reflejo de la literatura Por eso su forma es la de un viaje con calas en los diferentes modos de esa realidad, y su historia, la versión que de ella ofrece Yamil Mansur, el pasajero un tipo de cautivadores modales narrativos, capaz de tomarse a sí mismo en broma, y capaz, por su oficio de escritor, de un relato que gana contundencia con sus ironías y la saludable perspicacia de los argumentos sobre los que nos conduce hacia donde a él le condujo su huida. A tan procaz personalidad se suma su linaje libanes- nada raro en una ciudad como Buenos Aires, consolidada sobre el mestizaje racial y cultural- y su edad, 33 años: lo suficientemente joven como para edificar con sus palabras las memorias de una generación, y lo bastante viejo para intentar ofrecerles un relato inocente Frío de vivir Carlos Castán Emecé. Barcelona, 1997 158 páginas, 1.500 pesetas ¿Q tido, a vagar de casa en casa y a internarse por una acción de múltiples direcciones, sufriendo las consecuencias de una trama enturbiada por infidelidades y desencuentros. Pero se equivocan si piensan que esto, siendo mucho, lo es todo. Es, sí, parte de la aventura de un emigrante obligado a la búsqueda inútil de otra vida en otro territorio con la certeza de que jamás va a encontrarla parte de un cambalache sentimental en el que interviene un rico muestrario de voces y personajes, y parte del relato de este épico personaje que de no ser por la mínima creencia en la escritura aún seguiría torturándose con U (I ÍIHCV Pero zambullámonos en su historia. Para empezar, el argumento se ofrece con tan acertado grado de indeterminación que hay travesías para todos. Así que escojan ruta. La de la historia de la Argentina más reciente, por ejemplo, la que él vivió y vive- en ese año, 1987- culpa de tanto exilio picaro y tremendista de la miseria más injusta y la riqueza más insultante Ahí está, y se le escapa en pensamientos en voz alta por más que se fustigue para evitar detenerse en juicios críticos lacerantes que sólo le impiden seguir su historia, con minúsculas La del precipitado viaje de Buenos Aires a Montevideo para luego volar a España, el país de sus expectativas en compañía de Catrina Weisemann, huyendo del desacuerdo entre ésta y su marido, el ilustre escritor Mario Pineda. Un argumento disparatado que le obliga a vivir al margen de la normalidad por ningún delito come- el significado último de su viaje. Es eso y es, sobre todo, su conciencia de escritor rumiando el extravío de su condición con los argumentos de autoridad de la mejor literatura, musitando su fracaso en esa absurda carrera hacia el no ser en favor del llegar a convertirse Es el más digno y embaucador de los argumentos: el de la literatura sobre la literatura. Así que quienes gusten de doblar sus precauciones a la hora de escoger una gran historia, prepárense, porque ahí la tienen. ¿Cuál, si no, iba a ser el único sentido del vagar de este pasajero que, huyendo de la realidad, se enfrasca en ficciones que le devuelven a ella? ¿Cómo evitar poner énfasis en los sobresaltos y la tensión especulativa de la aventura a través de uno mismo? Están advertidos. Ahora ustedes verán si le acompañan. De hacerlo, la historia les deparará- ¡estarán de acuerdo I- kilos y kilómetros de complacencia Pilar CASTRO GESUALDO BUFALINO Tommaso y el fotógrafo ciego La última novela de uno de los grandes escritores contemporáneos W BELÉN GOPEGUI La conquista p del aire La consagración de la autora de La escala de los mapas NOS pocos meses después de que la editorial Zócalo publicara este primer volumen de relatos de Carlos Castán (Barcelona, 1960) Emecé hace suya la misma iniciativa- y de entrada hay que contar con que la avale con una prorñoción y distribución mayores que los de su predecesora- para presentar este nada desdeñable título. Sin embargo, no deja de ser inquietante que en una colección en la que los textos de autores españoles son una rareza- más aún los de autores noveles y ni que hablar de las recopilaciones de relatos- se haya decidido publicar un libro que apareció en el mercado, con otro sello, hace tan sólo ocho meses. Expresado el desconcierto que en más de uno puede provocar esta política, hay que añadir que el libro de Castán nada tiene que ver con ella, que siempre será motivo de regocijo que una buena obra encuentre el cauce más apropiado por el que llegar a su lector. Para sentar algunas bases desde el comienzo, hay que decir que este libro de Castán es irregular, lo que equivale a afirmar que algunos cuentos son más logrados que otros, cuestión inevitable si de lo que se trata es de dar cabida en un mismo volumen a quince relatos independientes. Es por eso por lo que cada vez son más- y no sólo editores- los que dicen preferir los conjuntos de relatos trabajados desde un nexo común, desde una perspectiva globalizadora de todo el libro. En este sentido cuenta siempre Bryce Echenique un comentario que sobre su forma de escribir relatos hizo García Márquez, cuando le dijo que Bryce era el único escritor de los que conocía que se sentaba a escribir libros de cuentos. Hacía referencia el Nobel a la mala costumbre que existe entre los escritores de ir escribiendo relatos sueltos con fines diversos para luego recopilarlos todos y formar un libro de materiales variopintos. Pues bien, sirva esto para ejemplificar lo dicho: se echan de menos, en la producción de los más jóvenes, los buenos volúmenes de relatos y, sobre todo, los trabajados como tales. Volviendo a los cuentos de Castán de esta recopilación: tienen en común una de las mejores tarjetas de presentación que puede esgrimir un escritor, y más cuando empieza: un depurado estilo. El de Castán linda en ocasiones con lo poético, y también con la profundidad casi filosófica, pero en ningún caso olvida la eficacia a que se debe la narración, ni descuida el ritmo. Tampoco descuida el autor aquellos aspectos en los que radica la fuerza de todo relato breve: domina los inicios y los remates de las historias, y dosifica la información para que la pulpa de lo contado resulte todo lo jugosa que desearía un lector exigente. Valgan como ejemplo para ¡lustrar lo anterior el de dos de los relatos que conforman este libro: La tía Autora y Un día resbaladizo Ambos tienen todo lo que podemos pedirle a un buen texto breve: un buen comienzo, interés en el conflicto planteado, concisión a la hora de resolverlo, recreación de sugerentes personajes, envolvente estilo y buen final. Son dos botones de muestra magníficos de lo que es capaz de dar de sí este narrador al que recién conocemos. Y son suficientes para pronosticar un futuro optimista. Care SANTOS ANAGRAMA 14