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6 de febrero de 1998 A B C literario E nuevo, el espacio se identiL crítico portugués fica con otro laberinto. Su Eduardo Lourengo enormidad equivale al de la consideró que ToJosé Saramago Conservaduría. También dos los nombres era la allí, ante el progresivo creInistoria de amor más inTraduc. de Pilar del Río. Alfaguara. Madrid, 1998. 323 páginas, buu pesetas cimiento de los difuntos, va tensa de la literatura portuguesa de todos ios tiempos Pero en el relato ampliándose el espacio destinado a los muersobre don José, el protagonista de Todos los tos y retrasándose su frontera. También en su nombres sólo aparece la palabra amor en una trabajo el espacio destinado a los fallecidos ocasión, ya en las últimas páginas del libro, obliga a ampliar el local retrasando la pared ficuando dialoga con el techo de su habitación, nal. El feliz descubhmiento del conservador tendido sobre la cama: No soy estúpido, Pues- sólo en apariencia ajeno a todo cuanto suno, estúpido no eres, lo que pasa es que emcede, salvo al reglamento- es el mezclar en los pleas demasiado tiempo en entender las coexpedientes los datos de los vivos con los de sas, sobre todo las más simples. Por ejemplo. su muerte. Que no tenias ningún motivo para buscar a esa En buena medida, la novela discurre con una mujer, a no ser, A no ser qué, A no ser el amor. deliberada morosidad descriptiva. Con ello, se Es necesario ser un techo para tener una idea acentúa la verosimilitud (del todo inverosímil) de tan absurda Pero me temo que el techo, lo narrado. Podría decirse que se utilizan las arcomo asegura don José, no tenia razón. Y remas del realismo para llevarnos hasta el campo sulta improbable que la última novela de Saracontrario. Se ha de permitir, además, amplias mago pueda entenderse como un relato amodigresiones que conectan el relato con el enroso. Habrá ya advertido el lector, en la cita, alsayo o la reflexión filosófica. Se sirve con freguna licencia formal que el novelista se ha cuencia también del material onírico. La más permitido. La presentación de los diálogos, seque mediocre vida del funcionario, sometido a parados por una simple coma o, entre otras unas leyes arbitrarlas y absurdas durante su cosas, la supresión de otras formas de puntuatrabajo, carente de relaciones o de amigos, ción. Y podremos advertir recursos narrativos emprende una peligrosa aventura, en la que se más o menos originales, pese a que la novela juega su puesto de trabajo y hasta la prisión, ha sido construida siguiendo los cánones del sin un motivo aparente. Se trata de romper los realismo. estrechos moldes de lo cotidiano y abrirse a la Todos los nombres Si de una parte la atmósfera de la novela no se aparta del mundo burocrático que podemos observar en la narrativa rusa de Chejov, el comportamiento y el opresivo ambiente deshumanizado debe vincularse al mundo de Kafka, sin que la novela se aparte de un indefinible aire portugués, del que debe destacarse el sentido del humor, una ironía suave, aunque corrosiva, que traspasa la novela entera. Su autor en ningún momento alude al espacio geográfico en el que se desarrolla el relato. Tampoco hay alusiones temporales que sirvan para situarla en un momento histórico. Pero en Todos los nombres la acción se desarrolla en ambientes claustrofóbicos, entre mecanismos burocráticos que parecen de otra época, aún siendo los nuestros. La novela entera funciona como una metáfora de nuestros días; de la que derivarán otras muchas que afectan a actitudes esenciales, como el papel que otorgamos a la muerte, la soledad de seres aparentemente Integrados o las Inexplicables razones del comportamiento humano que pueden conducir hasta el suicidio. El mecanismo narrativo desencadenante de Todos los nombres procede de la novela policíaca, ya que el protagonista, un oscuro funcionario de la Conservaduría General del Registro Civil, parte de un documento descubierto al azar para indagar, por su cuenta, la existencia de una mujer desconocida, a través de una pesquisa para la que no duda en servirse de mecanismos ilegales, como la falsificación de documentos oficiales, el engaño a vecinos y parientes, la irrupción en locales ajenos, el robo de fichas, o la frecuente e Ilegal entrada, también de noche, en los locales de su trabajo para moverse entre las montañas de legajos, ya que el solitario don José ocupa el único piso adjunto al edificio del que le separa una puerta por la que se permite acceder fácilmente con la llave que se le entregó al ocuparlo. Los valores simbólicos de los espacios recuerdan las metáforas borgeanas: el laberinto que constituyen las montañas de documentos. Para atravesarlos, sin perderse entre ellos, se utiliza un hilo de Ariadna que ha de permitir descubrir al buscador En el discurso del conservador a sus empleados se nos cuenta la historia de aquel investigador de materias heráldicas que desapareció en el archivo de los muertos y al que sólo una semana después conseguimos descubrir, a punto de expirar, cuando ya habíamos perdido todas las esperanzas de encontrarlo vivo La Conservaduría se asemeja al conocido símbolo de la biblioteca de Borges. El protagonista no hará otra cosa que intentar descubrir la existencia, conocer a una mujer desconocida que le intriga y de la que irá obteniendo, no sin dificultades, unos datos mínimos que han de conducirle al cementerio. Allí, de en el erial Ortega y Gasset y la cultura del franquismo de Gregorio Moran ¿Qué puede hacer un intelectual en un país regido por la intolerancia? vida y a la libertad que supone la búsqueda. Tendido en su lecho, reflexiona sobre lo que hace y concluye que; sabía que estaba intentando encubrir la decepción, sabía que no soportaría regresar a los gestos y a los pensamientos de siempre, era como si hubiese estado a punto de embarcar para descubrir la isla misteriosa y en el último Instante, ya con el pie en la plancha, apareciese alguien con un mapa abierto Pero no daremos con dicho mapa en la novela. Sabremos que lo importante no es tanto el hallazgo como el proceso que nos conduce hacia él. De la existencia de la mujer desconocida apenas si llegaremos a conocer lo que era previsible: que estudió en un colegio, que se casó, que se divorció, que fue profesora de matemáticas en el mismo colegio donde estudió y que acabó suicidándose. El viaje al cementerio y la conversación con el pastor de ovejas que pastan entre las tumbas acabará confirmándonos que éstas ni siquiera contienen los cadáveres que indican las lápidas o los números, porque se intercambian. La muerte acaba unificando a los seres y despojándolos de su última identidad. La existencia de la Conservaduría resulta tan absurda como las leyes que rigen el comportamiento de sus empleados y las normas con las que nos movemos en la existencia cotidiana. Tal vez, las últimas páginas resulten más dramáticas, porque el espacio elegido, el cementerio, nos aproxima a un desenlace que ya hablamos descubierto, sin ser conscientes de ello, entre los legajos. No se explica el suicidio, pese a conseguir entrar en el piso de la mujer. Todo ha pasado como si ella no hubiese hecho más que abrir una puerta y salir, O entrar. Sí, o entrar, según el punto de vista. Pues ahí tiene una excelente explicación, Era una metáfora. La metáfora es siempre la mejor forma de explicar las cosas dialoga con el director del colegio. Esta bella metáfora sobre la vida y la muerte y lo absurdo de nuestros convencionalismos constituye lo fundamental de una de las más serias y conseguidas producciones de José Saramago. Joquín MARCO 11