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A B C literario Relatos 30 de enero de 1998 Novela Polvo de líneas Carlos Semprún Maura Traduc. de Julia Escobar. Pre- Textos. Valencia, 1997. 108 páginas, 1.300 pesetas Madrid Blues Consuelo Recio Editorial Creta. Barcelona, 1997 135 páginas, 1.700 pesetas C ARLOS Semprún Maura (Madrid, 1926) se marchó a París con su familia en 1939. Desde entonces, allí reside y en francés ha escrito y publicado la mayor parte de su creación literaria, que se distribuye en una cincuentena de obras teatrales y varias novelas, algunas traducidas después al español. Los cuentos reunidos en Polvo de líneas aparecen en pulcra traducción al castellano realizada por Julia Escobar. El volumen está formado por siete relatos en dos partes, cinco en la primera y dos en la segunda. Y en general, ya de entrada, cabe decir que nos encontramos ante unos textos cuya lectura no defraudará a los seguidores de la buena literatura aquí generada en la asociación de la fantasía y lo cotidiano, de la ficción y la realidad, con humor y sencillez en la construcción y el estilo, con agilidad y viveza en sus diálogos ajustados a cada situación. Los cinco de la primera parte son cuentos de corta extensión, con historias de naturaleza bastante insólita localizadas en barrios periféricos cerca de París y con resonancias de algunos problemas de nuestro tiempo. No todos están a la misma altura, como suele ocurrir en un libro de relatos. Quizás los mejores sean los dos primeros: Polvo de líneas donde un escritor muerto hace años- su nombre coincide con el del autor- busca una novela suya en una librería y, en un presente dominado por la fugacidad de todo, comprueba la rápida desaparición de los libros sin dejar casi huella alguna. Aquí ia fantasía del muerto que revive se funde con la ocupación diaria en una librería. En el segundo relato, El Potomac en parapente el binomio viene dado por la ficción y la realidad en las complejas relaciones de pareja entre un escritor y su amante, entre el creador y su obra gestada sobre un esquema de triángulo amoroso en el que participa también el marido abandonado en la realidad. Los tres cuentos siguientes de- como quiebro final que supera alguna inquietud y de paso aflora una perspectiva crítica que alude a los horrores de nuestro tiempo. He aquí una muestra en esta repentina ocurrencia del escritor en busca de fantasías eróticas: En cuanto al bestialismo, perdón, lo siento, prefiero salir, comprar el periódico y leerlo en un café (página 48) Las dos narraciones de la segunda parte, de extensión muy diferente, amplían este mundo de seres vencidos y desorientados hasta encontrar sus raíces en experiencias vividas en la Segunda Mundial. La estrella amarilla similar a las anteriores, resume una L OS perdedores son personajes más versátiles y más ricos en matices que los triunfadores. Es por ese motivo por el que han transitado con tanta frecuencia la literatura, y que han cambiado tan poco a lo largo de los años. El protagonista de esta novela con la que debuta Consuelo Recio (Madrid, 1943) es uno de esos matizados, caleidoscópicos y atractivos perdedores cuya personalidad le da vigor a una narración y nos arrastra hacia el relato de unos hechos ficticios sin que podamos oponernos. Peter Stein, el protagonista- también narrador: de nuevo aparece la primera persona del singular que tan habitual es en la narrativa última- es un neoyorquino bebedor y ex drogadicto recién llegado a Madrid. Tras su huida se esconde un oscuro asunto que servirá de cebo para los lectores, pero también de excusa a la novelista para tejer una historia de pasados turbulentos, encontronazos amorosos, anécdotas familiares teñidas de sentimentalismo y más desencuentros que encuentros. La gracia no radica tanto en la historia sino- claro- en el modo que la autora utiliza para contárnosla. Afirmar que Recio ha hecho malabares formales en esta novela sería ir muy lejos, pero sí sería justo decir que, al menos, lo ha intentado. Hay un tratamiento cuidado del tiempo, por ejemplo, que interesa al lector desde el primer momento: un pasado remoto y otro más cercano se entrelazan durante toda la obra hasta que consiguen justificar y explicar el presente de los protagonistas. El misterio- o lo que es lo mismo: la información- está bien dosificado, se responde a las preguntas que se plantean a lo largo de la ficción y se halla un modo suficientemente sugerente de cerrar la historia, cosas nada fáciles de conseguir. Pero hay más: son atractivos los personajes, sobre todo los femeninos, que sustentan casi toda la acción, más estereotipados ios masculinos. La autora ha sabido profundizar sabiamente en sus psicologías hasta presentarnos un abanico de seres que casi parecen de carne y hueso, y tejer entre ellos una complicada telaraña de relaciones. Interesante es también el escenario en el que la historia tiene lugar: un Madrid interior- casi toda la novela transcurre en bares o en domiciliosmuy cinematográfico, poblado de seres marginados, de perdedores, de tipos que podrían ser primos hermanos del protagonista. Lástima del estilo, sin embargo, porque sin esta mácula la novela hubiera podido ser una pieza deliciosa. De género, sí, pero apuntando mucho más allá. Pero el lector no puede dejar de lamentar las constantes irregularidades en que incurre Recio, los bajones de ritmo, el descuido con que se presentan algunos pasajes- frente a otros que aparecen muy bien resueltos- como si algunos fragmentos hubieran sido escritos con prisas o por un narrador menos hábil que el que aflora en otras partes. Lástima que estos errores puedan enturbiar el trabajo de alguien que demuestra narrar bien y controlar los mecanismos para impulsar y hacer levantar el vuelo a una historia, porque aprender esto- a narrar bien, a controlar los mecanismos de la ficción- es mucho más difícil que hacer gala de un estilo uniforme. Care SANTOS La lectura del libro no defraudará a los seguidores de la buena literatura, aquí generada en la asociación de la fantasía y lo cotidiano, de la ficción y la realidad, con humor y sencillez en el estilo sarrollan otras tantas situaciones extrañas también enraizadas en la existencia cotidiana de sus protagonistas. Autoestop es una ingeniosa escena- con final trágico- entre una ninfa de carretera y un camionero desesperado. En Al caer de la tarde se frustran las accidentadas relaciones entre un reportero gráfico y su pareja ocasional. Y La novela porno ofrece una indagación sobre la literatura erótica y la vida a través de los apuros de un novelista de escaso éxito en busca de fantasías sexuales para un producto de encargo. Como en otros, en este relato surge el humor 14 situación de miseria y misterio vivida por un narrador- también con señales autobiográficas- en el seno de una familia de refugiados políticos españoles en Francia durante la ocupación nazi. Finalmente, la última narración, A los vagabundos les sigue gustando mucho cantar la mejor del conjunto, se acerca a las proporciones de una novela corta. En su historia, contada en varios tiempos alternantes y desde distintas perspectivas englobadas en la voz del narrador y protagonista, el autor ha sabido integrar la peripecia de unos muchachos de barrio con diversas actitudes ante el amor y el sexo en tiempos difíciles de posguerra, inmersos en el despertar de los sentidos, con el problema de los refugiados apatridas, la soledad y falta de cariño en sus relaciones familiares. De nuevo la fantasía y el misterio brotan de la experiencia cotidiana hasta dar carta de naturaleza a las ensoñaciones de estos jóvenes, iluminar sus vidas y, en un final sorprendente, esclarecer la verdad de lo- ocurrido en tiempos de guerra y sus secuelas imaginarias en la posguerra. Misterio y cotidianidad, humor y erotismo son ingredientes enriquecedores de una experiencia divertida que acaba siendo trágica, en la cual, como asegura el preocupado escritor de El Potomac en parapente lo único que hay que hacer es contar las cosas tal y como sucedieron. No forzosamente en orden Ángel BASANTA