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A B C literario Poesía 30 de enero de 1998 Poemas escogidos John Keats Edic. bilingüe de J. V. Martínez, P. N. Paya y M. Teruel. Cátedra. 219 págs. 850 ptas. Belleza y verdad. Edic. y traduc: Lorenzo Olivan. Pre- Textos. 201 págs. 2.500 ptas. A cuenta de la noche Ricardo Defarges Pre- Textos. Valencia, 1997 67 páginas, 1.300 pesetas P OR muchos Keats que los eruditos quieran ver, siempre hay uno que permanece fijo y esencial y que es el nuestro. Ese Keats, tan eterno como portátil, es el que Alejandro Valero supo vertebrar y verter en una ajustada traducción que a muchos nos parece insuperable. Keats vuelve a ser revisitado, pero no todo él sino, más bien, algunas de sus partes: las cartas, como exposición de su poética, y las odas y los sonetos, como síntesis de ese romanticismo oblicuo que, en cierto modo, representa y es. A los poetas jóvenes les interesa, sobre todo, su concepto de la intensidad, descrito en una carta de 1817, y su teoría y práctica del poema conversacional, a cuya actualización y desarrollo tan decisivamente contribuye. Keats parte de Coleridge, pero va más allá de él: abre la vía que seguirán Campoamor, Unamuno, Domingo Rivero y Cornuda, y que llega hasta la lengua coloquial de los poetas del 50. José María Valverde subrayaba su sentido de capacidad negativa y no dudaba en caracterizarlo como el de más nítida conciencia teórica sobre la poesía de su tiempo Los traductores de Poemas escogidos explican bien el mapa histórico en que se mueve su autor: inventarían no pocos de sus rasgos; aclaran cuestiones de su estilo; jerarquizan algunas de sus fuentes; describen su variedad estrófica y la relación entre ésta y sus reflexiones sobre el proceso creador; recogen lo que Paul de Man llama simpatía moral resumen las interpretaciones dadas a los dos últimos versos de la Oda sobre una urna griega cuya dificultad reside no en el texto sino en saber quién es el emisor; definen lo que la melancolía como estado de espíritu significa; y aportan una ordenada bibliografía que, en el caso de las traducciones españolas, está algo incompleta. Traducido por anglistas- que no son y que no tienen por qué ser poetas- este Keats tiene las virtudes y el mérito de la exactitud y de la totalidad. Y si en una nota a los versos se les llama líneas en otra se produce este desliz: se dice (pág. 96, nota 36) que Polifemo era un cíclope que devoró a algunos compañeros de Ulises al penetrar éstos en su cueva en su viaje de regreso a Troya La Oda a un ruiseñor es recogida con soluciones nuevas, como también la Oda a Psique rítmicamente muy lograda. Lo medieval se mantiene en La víspera de San Marcos como las visiones voluptuosas y el tema de los celos, en la Oda a Fanny La Oda a la Indolencia es una fuente clara de Cornuda y Gil- Albert, qué los traductores no dejan consignada. En cam- T Son estas dos versiones muy distintas que, en cierto modo, se complementan, si bien, desde el punto de vista poético, resulta más efectiva y convincente la de Olivan en Belleza y verdad asepsia, pero también el defecto de la desaparición de lo poético y de la ausencia de la dinámica del ritmo y de los mecanismos de emoción. La selección que han hecho intenta recoger el mayor número de claves y registros. En De puntillas subido en la pequeña loma hay apuntes de metapoesía que el lector no logra disfrutar, porque los traductores, extremando al autor, han preferido un verso más pesado que sobrio. En Sueño y Poesía se alcanza algún momento hermoso y se acierta en hallazgos esporádicos, pero nunca en el clima del poema ni en su unitaria y feliz 12 bio, hay notables aciertos en el final de Estrofas en avaros de sonidos y sílabas de ese Al soneto que generó el de título similar de Juan Ramón, y en los tres últimos de Tras una densa niebla que ha cubierto nuestros llanos en los que es fácil adivinar el principio de otros, parecidos, de Borges. Más poética, más libre y más lograda, la versión de Lorenzo Olivan ni se pierde en la maraña de la bibliografía ni introduce al lector en el estrabismo de las notas: parte de un prólogo escueto, de un punto de vista equilibrado y de una voluntad de estilo y de expresión. Su selección es acertada; su tono, justo, y sus soluciones aportan un Keats más íntimo que extraño, que coincide bastante con el Keats fijo y esencial. Olivan ha seguido un buen criterio: atender el ritmo de las ideas y las expresivas evoluciones de la sintaxis y someterse a la forma de la dúctil silva libre impar Gracias a ello su traducción seduce, porque el lector se sabe siempre dentro del clima del poema y no en su margen o en su vecindad. A veces llega demasiado lejos- como en balcón hacia el paisaje pero se le agradece, porque traducir es siempre interpretar. Belleza y verdad proporciona un placer estético mayor que Poemas escogidos soluciona mejor los problemas que los versos plantean y aporta hallazgos que conviene aceptar. Se trata de dos versiones muy distintas que, en cierto modo, se complementan, si bien, desde el punto de vista poético, resulta más efectiva y convincente la de Olivan. Jaime SILES RAS el poemario Con la luz que declina (1991) y las anteriores recopilaciones, Poesía (1956- 1973) (1974) y Antología poética (1985) Ricardo Defarges (Barcelona, 1933) publica un nuevo libro, ejemplo de poesía meditativa y distanciadora. García Montero, en el Diccionario de Literatura Española e Hispanoamericana (1993) decía: Su poesía, escrita con austeridad, pero utilizando rigurosamente el lenguaje, está relacionada con la experiencia moral del individuo. Partiendo de la propia subjetividad como centro, Defarges busca sus relaciones con la naturaleza, depurando los sentimientos amorosos y la conciencia de soledad La noche del sentido supone ahora la aventura- una ruta inexorable- hacia ese mito final que impone las dos muertes -sucesión y distancia- de la naturaleza. Traspasado por un anhelo de plenitud, define lo infinito, más hondo o más lejano a través de la palabra, constituyente fiel de la persona poética. Asimismo, el aviso existencial enmarca la reflexión sobre la temporalidad y las razones de la sombra como formas de identificación con la realidad. Las heridas del tiempo (pasado y futuro) convierten, en estos textos, los espacios de la creación en definiciones del signo, marco específico de evocación: Cuando llegabas, se aceleraba el pulso de tu vida. Leías, paseabas, estudiabas la lengua del país, pero siempre contemplando lo que tanto has amado, desde que te fuera revelado en su día Entre las líneas de un diario amoroso completado por los recuerdos y la vivencia actual, el diálogo con el tú testaferro especifica un singular modo de distancia: Vas a encontrarte con humano labio, y no es fuego la espera de la cita La llamada de la pasión amorosa cobra especial trascendencia bajo el temor original forma de acercamiento a la nostalgia. En consonancia con otros compañeros de generación (la del 50) el autor de El arbusto (1962) entona una clara elegía y acude a los objetos cotidianos desde una visión simbólica. El viaje interior -así formulado- encierra las claves de otro tiempo asignado imagen del desamparo: Obligas a tu cuerpo cansado a cruzar dos veces el ancho mar; nada en general consigues sino la vivencia de la contradicción pura, el dar sin que te puedan devolver nada, el obtener lo que no se puede pagar Brines estimaba, en Antología de la poesía cotidiana (1966) dos maneras de escritura lírica: La que se ejercita con afán de conocimiento, y la que revive en mí la pasión de la vida. Por la primera el poeta trata de conocer, de indagar una oculta verdad Existe también una poesía que nada intenta conocer del misterio, sino expresar la pasión del hombre por la vida y, mediante su comunicación, reavivar o despertar en los demás esa pasión. Por ella el lector es capaz de vivir más intensamente, y si así sucede es porque éste ha conocido, por la experiencia poética, que la vida era merecedora de esa intensidad En los versos de Defarges el esfuerzo de vida y sentimiento- intuición intensa, conciencia de diversidad- adquiere una perfecta concreGión: ¿Va a apagarse esta brasa postrera? Una extraña calma va ganando ese pequeño jirón de lo que fue tu carne. A la vida es ahora silencio, en espera de ser noche cerrada José María BARRERA