Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C literario Novela 21 de noviembre de 1997 Crónica El tango del perdedor Care Santos Alba. Barcelona, 1997. 312 págs. 2.400 ptas. Okupada. Alba. 184 págs. 1.400 ptas. Mil soles Dominíque Lapierre Traduc. de Pilar Girait Gorína Planeta Seix Barral. 475 págs. 2.900 ptas. C ARE Santos (Matará, Barcelona, 1970) es autora de dos libros de cuentos y dos novelas para lectores jóvenes. La más reciente, Oi upada aborda un problema de actualidad entre la juventud urbana con muchas dificultades en sus aspiraciones a una vida independiente. En esta ocasión se trata de ocho adolescentes que ocupan un viejo palacio barcelonés abandonado en el cual conviven durante unos 27 días del verano de 1997. La experiencia marca las vidas de estos muchachos y resalta algunos de sus problemas, desde la rebeldía del adolescente hasta el peligro de la droga, pasando por otros obstáculos que restringen su afán de una existencia más libre en una sociedad regida por la especulación económica. Y la aventura del grupo está contada con un perspectivismo en el cual se integran los siete personajes que han sobrevivido. Cada uno habla desde su punto de vista y con el lenguaje que le es propio (muy diferenciado en algún caso) de acuerdo con su personalidad y su formación cultural. Fuera ya del ámbito de la literatura juvenil, El tango del perdedor marca la entrada de Care Santos en los dominios de la novela extensa. Y lo primero que debe decirse es que la autora ha dado este paso con especial fortuna. Porque ha logrado redondear una novela interesante, construida con destreza y habilidad, bien escrita y con una graduada suspensión de la intriga que atrae y mantiene la atención del lector sin decaer en ningún momento a lo largo de sus más de trescientas apretadas páginas. Organizada en dos partes y éstas en capítulos, la novela recrea una tupida red de relaciones personales entre las que sobresalen la historia sentimental de la pasión obsesiva de un hombre por una bailarina, la amistad y el cariño ejemplares entre la artista y su protegida, y el chantaje al que la famosa es sometida por su marido a costa de unas fotografías comprometedoras. loneses hasta su retiro en pleno auge, forzada por el chantaje de un hombre sin escrúpulos. Hasta que, más tarde, su apasionado admirador carga con la culpa del crimen cometido por su heroína. Y finalmente todo se esclarece con el juicio y la lectura del testamento de la artista. Buena parte de esta historia se localiza en Barcelona, en el primer tercio del siglo XX. Su ambientacióh coincide, en parte, con la de algunas novelas de Eduardo Mendoza. Y en su organización constructiva la novela de Care Santos recuerda el fragmentarismo narrativo de La verdad sobre el caso Savolta y, sobre todo, su explicación de lo E En El tango... la autora ha logrado redondear una novela interesante, construida con destreza, bien escrita y con una graduada suspensión de la intriga El argumento es muy simple. Si ir más allá de lo que se debe contar, aquí se desarrollan dos peripecias simultáneas que discurren por separado, salvo en su cruce al comienzo y en su encuentro final. Por un lado asistimos a la experiencia amorosa de Gaspar Montesinos entre dos mujeres, una prostituta y la que será su esposa, pero absorbido él en la pasión enfermiza hacia la adolescente que conoció en una noche de cabaré. Por el otro, se va completando la fulgurante carrera de artista de Alondra Segovia, desde su huida de la explotación en sórdidos escenarios barce- acontecido atando todos los cabos sueltos en una narración que, al final, anuda la historia en su secuencia cronológica. El tango del perdedor encierra valores más que notables que reclaman una positiva recepción. En su conflicto novelado se indaga con sensibilidad y hondura en delicados matices de las relaciones personales y de la educación sentimental, desde la iniciación sexual en años de adolescencia y de juventud hasta una atracción irracional que absorbe la vida de un hombre, desde la amistad duradera en el amparo y la gratitud entre dos mujeres hasta el oportunismo y la extorsión ejercidos por un desalmado. Pero el significado de la novela no se agota en esta dimensión individual del éxito o del fracaso en una historia de perdedores. Hay un alcance colectivo que entronca el relato con la historia de aquella época, con el declinar de los espectáculos de variedades y el ascenso del cinematógrafo. Y la articulación fragmentaria del discurso en sendas voces narradoras de Angelina y Gaspar, cuyas narraciones se ordenan en diferentes períodos temporales, enriquece el perspectivismo complementario en la visión de los mismos hechos, favorece la suspensión de la intriga, graduando hábilmente la información, y facilita los cambios de ritmo narrativo, tanto en su variedad y soltura como en su adecuación a las diversas situaciones del relato. Ángel BASANTA N la entrada de un viejo hospital se podía ver escrito el siguiente lema: Aleja tus pasos de aquí si no sabes comprender el dolor ajeno Nada nos hace más humanos que cuando sabemos acercarnos con toda humildad a cualquier ser que sufre, cuando somos conscientes de esa múltiple tragedia cotidiana que vive a nuestro alrededor. Si el sufrimiento siempre nos rebaja a un estado animal, el dolor comprendido es la más grande actitud ética a la que puede llegar el hombre, quizá el modo más sublimie de andar por la vida. En nuestra sociedad contemporánea nada está tan alejado de la comprensión del dolor como el espectáculo que se hace de ese mismo dolor. La tragedia entonces se traslada a su simulacro, el sentimiento se transforma en una especie de diversión circense para las masas. Es lo que ocurre con muchos espectáculos televisivos, con la oportunidad de numerosos best- sellers... y con la literatura incluso seria. La literatura del XX ha hecho buen negocio con el dolor, ha estado siempre de pareja con un hombre al que ha reducido a sus desequilibrios más miserables. Ha creado también un espectáculo de una realidad cuyos atributos eran el sinsentido y la desolación, pero sólo en algunos momentos memorables ha sabido alejarse de ese juego vacío de policías y ladrones y atender a esa tragedia silenciosa que viven hombres cercanos. Dominique Lapierre es un periodista, y un escritor de best- sellers, y además un testigo que sabe escribir para el mercado. Ante sus libros uno tiene el recelo de si los ha vivido intensamente, pero salvado éste se da cuenta que a veces se ha acercado con las manos limpias al dolor. Mil soles estaría dentro de su obra en su vertiente más periodística, por eso casi todo él se nutre de la narración de testimonios, de sucesos, de historias y de vidas. Son, más allá de la pericia del narrador, muy bellas historias basadas en hombres que él conoció y trató. Un gánster condenado a muerte por medio de pruebas falsas, un general nazi que salva a Paris de la destrucción a la llegada de las tropas aliadas, la hermosa leyenda de Henrique Galváo en su ansia por liberar a Portugal de la dictadura o la de Rapháel Matta convertido en un bandolero bueno contra los cazadores furtivos de elefantes, y por supuesto, la India y Ghandi, y un rincón placentero en Saint- Tropez donde construir un refugio frente al mar. Es la reconstrucción de la memoria de distintos reportajes, pero es también un homenaje a personas en las que creyó y a lugares que no ha dejado de amar: París, España, Jerusalén... Y más profundamente lo que Mil soles muestra es la enseñanza moral de hombres que se construyeron su destino, aunque para ello tuvieron que enfrentarse a circunstancias muy duras. El sueño de su vida valía la pena, y era en muchos casos la única razón que alentaba su vivir. Eran sobre todo seres con esperanza, porque la esperanza es también lo más sublime de los hombres. Esa esperanza es la que hace descubrir a Lapierre que tras las nubes siempre hay miles de soles lo mismo que nos enseña que tras el dolor siempre vuelve aquella alegría, la del hombre luchando por ser hombre, la del regreso a la dignidad. Diego DONCEL 14