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A B C literario Novela El gato de Troya Eduardo Alonso Alba. Barcelona, 1997 190 páginas, 1.600 pesetas A recreación a partir de la memoria, advierte Javier Quiñones en el apéndice de esta obra, es un terreno en el que se mueve a sus anchas el escritor asturiano Eduardo Alonso (1944) y que aparece en casi todas sus novelas, siete en tota! de las que entresacamos El insomnio de una noche de invierno (1984) y Los jardines de Aranjuez (1986) En esta nueva entrega, destinada- sólo si juzgamos por el carácter de la colección en la que se insiere- a un público juvenil, -se insiste en la reconstrucción de unos hechos mediante la memoria y en la inevitable transformación de ésta en creadora, que no en mera recreadora. En palabras del propio autor, puestas en boca de su protagonista, Elvira: Quisiera contar su vida pasito a pasito, y con el rigor de la cronista fiel, pero ai tirar del hilo de la memoria los recuerdos se me enredan comio cerezas de un cesto. Además, recordar es inventar (pág. 13) Recordando- o inventando- nos cuenta Elvira la historia de su gato Richolino. Pero el lector sabe muy pronto que ésa es sólo la excusa que blande el autor para hablarnos de otros asuntos más trascendentes: las relaciones familiares y el adiós a ia infancia. La novela se presenta, desde ese punto de vista, como una historia cerrada: empieza en el momento en que el gato liega a la vida de Elvira y termina justo cuando desaparece de la misma. Se trata, asimismo, de dos instantes fundamentales en la existencia de la protagonista. Uno, anclado aún en la infancia: Elvira siente celos de su recién nacida hermana y sus padres deciden regalarle un gato para que se sienta mejor. El otro, en cambio, anuncia ya la edad adulta: Richolino desaparece en el momento en que la familia acaba de vender la casa de veraneo donde Elvira pasó sus primeros años, poco después de que la protagonista se confiese enamorada. Porque un día sabes que ya no eres una niña. Lo venías sospechando hacía tiempo, sabes que la infancia es humo lejano, una memoria que colecciona cuadernos escolares que no quieres romper no sé, te das cuenta de que tienes historia. Y ese día es tan terrible como si te quedaras sin tu gato (pág. 163) De ese humo lejano y de esa historia aún reciente nos da cuenta Alonso en esta novela y el gato le sirve de alegoría de una época que no volverá: la gatinfancia como la nombra repetidamente el autor. El sentido del humor aliña las anécdotas familiares que se van desgranando a lo largo de la novela y se mezcla con la poesía que rezuman algunos pasajes, en un estilo elegante y personalísimo que le sirve a Alonso para alardear de algo más que de oficio adquirido- aunque de esto último no quepa duda- de sutileza, de pasión por lo que nos está contanao, de riqueza léxica y de imaginación. Porque sólo de una mezcla de todos estos elementos podría salir una novela como El gato de Troya que nos hable de hechos que nos son tan cotidianos y logre a un tiempo divertirnos, enriquecernos, asombrarnos y contagiarnos de pasión y ternura. Nada de todo esto tiene edad, pero cada lector- sea joven o adulto- lo degustará a su modo, porque las novelas como ésta suelen tener el don de ser camaleónicas. Care SANTOS Extraña forma de vida Enrique Vila- Matas Anagrama. Barcelona, 1997. 156 páginas, 1.600 pesetas E NRIQUE Vila- Matas (Barcelona, 1948) es un escritor habituaimente elogiado por sus facultades imaginativas. De él hay que esperar planteamientos sorprendentes, giros narrativos inesperados y originales, fórmulas que alejan el relato de las pautas más trilladas y de los procedimientos rutinarios de contar. Extraña forma de vida representa, acaso con menor intensidad que otros títulos del autor, algunos de esos rasgos característicos. Podría haber llevado, a manera de subtítulo descriptivo, el de Un día en ia vida de un escritor porque eso viene a ser, sucintamente enunciado, lo que se ofrece en estas páginas. El narrador es un escritor barcelonés, casado y con un hijo, que va ayudándose gracias a las colaboraciones periodísticas mientras escribe con lentitud una novela en la que ha puesto sus ilusiones y que será un tríptico muy realista sobre mi vecindario, sobre los desheredados de la vida, sobre los muertos en pena, sobre las almas humildes de la calle Durban, sobre los humillados y ofendidos, sobre los desgraciados, sobre los de abajo (pág. 13) La enumeración, que cita o alude a títulos bien conocidos, sitúa al escritor en una determinada corriente narrativa. Pero, al mismo tiempo, el día del relato se encuentra absorto en la preparación de una conferencia que debe pronunciar esa misma tarde, y va urdiendo mentalmente esbozos de episodios supuestamente vividos, apenas embriones de anécdotas o historias que podrían servirte para apoyar el desarrollo de su conferencia, basada en la idea matriz de que el novelista es un espía de vidas ajenas (he ahí ia actividad a que se refiere el título de la novela) La imaginación se escapa con facilidad, y algunos hechos planteados como verídicos acaban tiñéndose de reflejos que los desrealizan, como la historia de Juan Rivarola- parodia de los relatos de espías- o la del abuelo. El imprevisto incidente del narrador con el barbero le hace reflexionar acerca de lo difícil que resulta conocer realmente a los demás. En consecuencia, se impone la conclusión de que las personas que me interesaban de verdad sólo podían surgir de la imaginación y anoté en mi mente las primeras líneas de una novela en la que todo estaría inventado (págs. 118- 119) Estos datos bastarán para apreciar lo que en la novela de Vila- Matas hay de defensa de una estética narrativa- ostensiblemente similar a la suya propia- que se extiende paralelamente a una historia amorosa evocada de modo fragmentario con gran habilidad y cuyo desenlace es tamibién el de la novela; un desenlace excelente- dicho sea de paso- por su escueta sobriedad, aunque la frase de cierre no debió ser tan semejante a la última de El amor en los tiempos de! cólera Lo que sucede es que esas historias apuntadas, esos episodios anecdóticos que el personaje evoca al preparar su conferencia y que acabarán condicionando su evolución estética, tienen escaso relieve, y algunas briznas de indudable agudeza que asoman de vez en cuando no son suficientes para hacerlas recordables. La situación inicial, inteligentemente planteada, se ha estirado en exceso, y en más de una ocasión bordea la trivialidad. El paralelismo entre la decisión dé cambiar el rumbo literario y la de fijar definitivamente la orientación amorosa queda muy empalidecido. Cuando el perso, naje lee los periódicos sin apenas entender nada ni reconocer los nombres de las personas que allí aparecían se pregunta si mi ruptura reciente con la realidad no me habría llevado a replegarme tristemente en mí mismo (pág. 123) Es un diagnóstico bastante certero que podría aplicarse a ia novela, donde las tácticas de alejamiento de la realidad no suelen dar buenos resultados, sobre todo si los mundos sustitutorios no ofrecen una realidad más fascinante. El final de todo es un libro correcto, pero de tono Libro correcto, pero de tono menor, decorosamente escrito. Es lástim, a que un autor tan bien dotado para lafabulación no se haya planteado una obra de mayor empeño menor; decorosamente escrito, aunque con algunos desfallecimientos (las líneas 2- 4 de la página 50, o bien usos poco recomendables, como apercibirse por darse cuenta o para nada como refuerzo narrativo, por en absoluto Es lástima que un autor tan bien dotado para la tabulación y con tan variadas lecturas en su haber no se haya planteado una obra de mayor empeño. El esfuerzo y la exigencia son también loables valores, al margen de la brillantez de los resultados. Ricardo SENABRE