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A B C Hterario El Plenilunio de Muñoz Molina VIVIMOS DERROIADOS POR EL MIEDO Antonio Muñoz Molina se comporta con una discreción iiospitaiaria, levemente exhausta, que no excluye las consultas ai reloj: apenas faltan un par de horas para que parta de Barajas el avión que lo conducirá hasta Venecia, la ciudad que ha elegido como escenario de su reposo, ahora que acaba de entregar a su editor las galeradas ya corregidas de Plenilunio una novela que explora, a partir de una pesquisa policial, Jos mecanismos arbitrarios de la violencia y las secuelas que el miedo segrega en quienes lo padecen. Muñoz Molina es un hombre que disfraza la ingenuidad atónita de su mirada con un bigote que le susurra palabras muy sensatas. Habla con una franqueza doméstica, como si quisiera pasar desapercibido: una pretensión que desmiente con su literatura, siempre rotunda y vehemente, como fraguada en los hornos de la pasión Llosa, donde se recoge aquella cita de Flaubert, que se refiere al escritor como un ermitaño que ama la literatura como un cilicio... ¡Ahora eso me parece una monstruosidad! En el énfasis de sus palabras se adivina que, para él, la literatura tiene un tacto sumiso y confortable, como de felpa. -Aludía usted antes al interés que le suscita la escritura periodística. -Para mí el periodismo es un género soberano. Una de las grandes cosas que pueden hacerse en la vida es escribir en periódicos: artículos, crónicas, reportajes, entrevistas... lo que sea. Muchos escritores desdeñan hacer literatura en periódicos, o la hacen de manera mercenaria, para ganar dinero; en mi caso, la escritura en periódicos ha estado siempre vinculada al resto de mi trabajo, de mi propósito de ser escritor, incluso antes de empezar a publicar. Cuando tenía trece o catorce años, en la biblioteca pública d e ú b e d a encontré las obras completas de Julio Camba: leía muy aplicadamente sus artículos y luego escribía yo otros calcados. En literatura no hay otra manera de aprender que copiando ai maestro. A los veintitantos años, me reencontré con este género al leer las prosas de Baudelaire; esa idea de el spieen de París cuando Baudelaire habla de una prosa que se haga adecuada para expresar la vida moderna y cotidiana, me impresionó mucho. junto al descubrimiento de Francisco Umbral. Poco a poco fui encontrando mis modelos: tuve un período de mucho entusiasmo por González- Ruano, que luego se me pasó; ahora mismo, por ejemplo, leo mucho a Pía. Q UIENES hayan frecuentado las páginas de Muñoz Molina, liabrán observado una evolución muy marcada, desde aquellas primeras novelas, respetuosas de los géneros tradicionales y de cierta pulcritud formal (pensemos en El invierno en Lisboa o Beltenebros a esas otras que se internan en los meandros de la memoria personal o colectiva (pensemos en El jinete polaco o Ardor guerrero Con Plenilunio se corrobora el compromiso del autor con la vida, en este caso con las vidas ajenas. -Se trata de una evolución de la que yo no he sido muy consciente- d i c e- pero que se da con cierta frecuencia: cuando uno empieza a escribir, está fascinado, sobre todo, por lo literario. Es muy frecuente, por ejemplo, que a un escritor joven le deslumbre Borges, porque le ofrece el máximo de literatura, del mismo modo que te enamoras de Hitchcock, porque en sus películas estás viendo el cine dentro del cine. Yo creo que eso está bien, pero con el tiempo van cambiando tus preferencias sin que te des mucha cuenta. También vas haciendo cosas que no puedes repetir: yo, por ejemplo, escribí novelas que se alimentaban de música, literatura y películas, tampoco voy a estar toda la vida repitiéndome: después de haberme sumergido en un mundo muy determinado, me apetece salir de él. Incluso los gustos van cambiando: en mi caso, sigo leyendo a Borges con gusto, pero ahora entiendo de otra manera a autores como Baroja, o incluso la literatura que se hace para los periódicos. Me interesa, sobre todo, la literatura como retrato del mundo y de la vida, y mucho menos como ejercicio sobre la propia literatura. -Hay quienes afirman que literatura y vida son incompatibles. -Eso me parece una falacia ro 18 mántica y muy peligrosa que te puede llevar a tensiones y angustias innecesarias. Es ridículo pensar que, para escribir, tienes que no vivir, o viceversa. Escribir es una pasión que necesariamente está disuelta en la vida. La literatura es mi oficio y una de las cosas más importantes de mi vida, pero nunca ha estado separada de ella. Para mí, el acto de escribir, incluso cuando estoy plenamente sumergido en una novela, no ahoga otros aspectos de mi vida: me gusta trabajar durante una hora, pero luego me gusta estar con la persona que quiero, me gusta pasear, me gusta cocinar o escuchar un disco. Una cosa da sentido a la otra y la alimenta. Cuando más he sentido que esa distinción entre escribir y vivir era falsa ha sido cuando me he encontrado en circunstancias muy difíciles: en esos momentos, escribir me ha ayudado a vivir. La idea contraria es muy romántica: la sostiene uno a los veinte años, cuando tiene una gran necesidad de afirmación frente a un exterior hostil: la literatura, al principio, es una rebelión contra la vida. Una de las fuentes de este mito absurdo procede de Flaubert, que intentaba mostrarse como una persona retirada del mundo, cuando lo cierto es que viajaba a Paris para enterarse de todos los chismes. A mí esta conciencia de las renuncias que impone la literatura me marcó mucho de joven; recuerdo que- quedé impresionado con La orgía perpetua de Mario Vargas El fruto de un arrebato ¿Y dónde está el secreto de un buen artículo? -Yo creo que la clave del artículo, lo que le da su carácter específico, aparte del tamaño o su carácter periódico, es la espontaneidad: no puede ser una cosa elaborada, debe ser fruto de un arrebato. Un artículo se hace con una intuición o, a lo máximo, con dos intuiciones que, al chocar, hacen saltar una chispa. Un artículo es también una manera de sumergirte en otro tiempo distinto al de la ficción: mientras las ficción exige reposo y continuidad, el artículo obedece a eso que, en el expresionismo abstracto americano, se llama identidad entre la idea y el acto Cuando tardas horas en redactar cincuenta líneas, seguramente te estás equivocando. El artículo se hace en caliente y sin excesiva preparación: en eso consiste su magia! -Usted ha tomado posturas muy contundentes ante asuntos sociales o políticos de estricta actualidad. No parece, desde luego, obedecer a ese paradigma del escritor encerrado en su torre de marfil. -La implicación del escritor en la actualidad no es un fenómeno moderno. Piense en los grandes nombres: Larra, Galdós, Ortega, Baroja y todo el 98 mantuvieron una presencia constante en la Prensa. Pero con esto no desdeño al modelo contrario de escritor: uno no es lo que quiere ser, sino lo que puede. Yo, si hay algo que detesto, es la figura del intelectual oficialmente comprometido, ese intelectual estrella, al es- tilo francés, arrogante y algo pre- MUCHOS escritores desdeñan hacer literatura en periódicos, o la hacen de manera mercenaria, para ganur dinero; para mi el periodismo es un género soberano. Una de las grandes cosas que pueden hacerse en la vida es escribir en periódicos: artículos, crónicas, reportajes, entrevistas... lo que sea