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A B C de las artes SflWTHeBBECOHPflSTELA LA TIERRA DE ANTÓN LAMAZARES E SA sala tan especial del Centro Gallego de Arte Contemporáneo denominada Doble Espacio es el marco en el que se sitúa la actual muestra de Antón Lamazares (Lalín, 1954) La cuestión consiste, como en ocasiones anteriores, en ubicar la obra a exhibir en el interior de un amplio cubo blanco cruzado al fondo por una enigmática pasarela que conduce a una puerta- ventana. La integración de un trabajo personal en un lugar que tiene una personalidad tan evidente se convierte, en cualquier caso, en un reto a asumir. La propuesta de Lamazares lo lleva a apoyar una obra de grandes dimensiones (5,10 X 5 metros) en esa pasarela. Ella es la gran protagonista de- esta muestra, pero hay más: unos cuantos cuadros, pequeños, que vienen a ser como particulares fragmentos de esa realidad total que se ofrece como objeto fundamental de la exposición. Una superficie, que tiene la rugosidad propia del cartón, básicamente verde pero diversa en lo cromático, viene a constituir una especie de representación global de todo un mundo que no es otro más que la propia tierra gallega del artista. Es, en definitiva, ese territorio en el que el minifundio deja la huella perpetua de una diferenciación constante; el cuidado tratamiento del cartón, que vale en este caso de soporte, permite sugerir la infinita variedad de un terruño en el que cada cual ha dejado testimonio de una presencia sencillamente distinta. Ante esa grandeza el espectador duda entre la aproximación, que lo lleve a reconocer cada red de la sala y ese cuadro de veinticinco metros cuadrados de superficie, ha llevado al artista a actuar con un tipo de recursos bien diferentes a los que utiliza en la parte anterior. Es esa necesaria inmediatez entre el espectador y la obra, y también la oscuridad relativa en que se ha de contemplar tal parte, la que le lleva a buscar efectos más simplificadores y, al tiempo, más rotundos. Son de este modo dos tipos de lenguaje distintos para dos lugares de naturaleza diversa a partir de los cuales el artista construye dos mensajes temáticos complementarios. Si en aquella parte en la que simbólica, y hasta casi físicamente, hace referencia a la tierra es una obra pictórica de valores epidérmicos, en esa otra, en la que parte más bien de valores alegóricos, su lenguaje se organiza con un talante constructivo que racionaliza, de una manera inusual en Lamazares, lo que pretende evocar. Galicia- tierra y Santiagociudad son, pues, las dos caras de una obra bien personal con la que Lamazares toma posesión de una sala llamada a convocar la reflexión y el hacer de nuestros mejores artistas. Nos consta que el pintor estudió hasta en sus más mínimos detalles la peculiaridad de una arquitectura que tiene en Alvaro Siza a su gran mentor. Con el gran cuadro y esos otros pequeños trabajos, que vienen a ser como retazos de un gran puzzle, se configura el catálogo de esta muestra; con ella, además, comienza Antón Lamazares una serie que titula Gracias do lugar Unas fechas antes de la inauguración comentaba el artista que para él esta exposición era un homenaje a Manuel Pesqueira, un gran pintor gallego ya fallecido al que admiraba y quería recordar; también él, como Laxeiro- enterrado en el día en que se inauguraba esta muestra- amó profundamente a esta tierra que, como suma de naturaleza y gentes, es el punto que ensambla a tantos y tantos buenos artistas de Galicia. j M. GARCÍA IGLESIAS Autorretrato 1996 parte- ahí se encontrará con una tierra laborada y fértil, con el color fuerte de la primavera plena- y la respetuosa distancia que lo convierta en otro Lamazares que, desde un punto de vista alto, ve la generalidad de un lugar llamado Galicia al que, con el amor de un gran poeta de la pintura, canta. Decíamos que la obra está apoyada en la pasarela; es decir, el pintor nos permite- y nos invita a ello- que veamos la parte posterior de este ingente cuadro bifaz. En este caso la obra se configura como un díptico, rigurosamente considerado en lo cromático, en el que sobre el cuidado y premeditado bastidor de la obra se nos ofrece sencillamente un verde claro al lado de un verde oscuro. Ahí están dos colores fundamentales en la constitución cromática de Santiago. Las puertas, las ventanas de Compostela son- o deberían ser para Lamazares- de esa forma. Nos encontramos, de este modo, en esta parte de su propuesta, con una especie de homenaje del artista a esta ciudad que le impresiona y a la que ama. El escaso espacio existente, por el lado en el que Lamazares hace su particular homenaje a la ciudad de Santiago, entre la pa- -y. EL cuidado tratamiento del cartón, es en este caso soporte, permite a Lamazares sugerir la infinita variedad un terruño, el minifundio gallego, en el cada cual ha dejado testimonio de una presencia distinta a la que con el amor un gran poeta de la pintura, canta que de que de 33