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-Poesía-
Una sombra que pasa
Diego Doncel Tusquets. Barcelona, 1996. 90 páginas, 1.400 pesetas IEL al título con que ha bautizado esta colección de poesía- Nuevos textos sagrados su director, Antoni Mari, va eligiendo con tino obras que, en su diversidad y con el denominador común de calidad, gravitan hacia ese espacio en el que la palabra asedia el misterio del ser indagando las razones últimas de la existencia. Reciente aún la entrega, marcadamente existencialista, Los países nocturnos de Carlos Marzal, aparece este libro de Diego Doncel (Malpartida, Cáceres, 1964) cuyo título, tomado de un verso de Shakespeare- La vida no es otra cosa que una sombra que pasa -indica ya que se inscribe en la misma línea de preocupación metafísica. Se trata, en efecto, de un poema unitario, compuesto de doce movimientos que se articulan en dos fases: la del instante en que el hombre sueña el goce de la fusión armónica con todos los seres de la creación y la del despertar en la realidad del tiempo, que impone inexorable el destino de ser sólo eso, una sombra pasajera. cia del universo. El paisaje con el que antes se sentía fundido en armonía, cobra ahora la figura de medio hostil: Allá en lo alto del cielo agoniza su luz en el lugar vacío de los dioses y la humedad de las primeras estrellas va cayendo en mi alma como caen las ruinas sobre el polvo del sueño (página 41) El meditador se percata incluso de que su suerte es peor que la de la naturaleza: Porque al fin estas aguas y su horizonte, que son como un bostezo ajeno y desolado, sobrevivirán más allá de la muerte, que han de marcarme las sombras La luz de cada madrugada, al tiempo que alumbra la reali-
Constelaciones al abrir la nevera
Ángel Petisme Hiperíón. Madrid, 1996 94 páginas
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Comienza el poema tras un silencio, indicado por los puntos suspensivos, que supone la experiencia interior de una revelación que de inmediato se explícita: Y si ahora todo es azul, y de un rumor sagrado, y los bosques, los pájaros, el aire, la tierra entera son una aüanza de claridad, ¿no he de beber yo su fuego? (página 15) Ese tono de soliloquio va a continuar a lo largo de todo el poema impregnándolo de un carácter meditativo. Para alcanzar esa meta de fusión con todos los seres del mundo sabe el poeta que ha de empezar un camino análogo al del éxtasis de la iniciación mística: vaciar el alma de imágenes y deseos, y disponer los sentidos a la receptividad de lo puro, colmándolos con la bebida profunda del silencio La salvación del dolor y de la conciencia se produce en la noche. Cegados los sentidos exteriores, son los interiores los que perciben la sintonía con los misterios celestes de lo desconocido mientras que el hombre sueña con volver a ser de nuevo sustancia y fuego, suceso feliz de las. estrellas (página 21) Reflejando sobre sí mismo el principio iniciático de la docta ignorancia- El saber será tan sólo en mí la forma absoluta de ignorar el poeta se desconoce, como un barco contemplado en la lejanía y fundido en el horizonte de las aguas. Podrá así decir, invirtiendo la imagen sanjuanista del Cántico Espiritual Y yo soy estos prados, y los barrancos de la luz en que se vierte la luna, y estas zarzas... (página 28) Pero todo ese ensueño que abarca los tres primeros movimientos y cuya tonalidad recuerda a la de Claudio Rodríguez, se desvanece cuando irrumpe el río del despertar Desde la imagen tradicional, el río fluye hacia el morir. El tono del discurso se hace ahora intensamente barroco. Ya no nos encontramos en el ámbito neoplatónico de la noche sino en el espacio de la ciudad y el poeta se descubre allí en su exacta dimensión de hombre perdido en medio del tráfago, tras sufrir el error de creerse concien 18
ELECCIONADO por Luis Antonio de Villena en Postnovísimos (1986) Ángel Muñoz Petisme (Calatayud, 1961) ha desarrollado una amplia obra lírica Cosmética y terror 1984; El océano de las escrituras 1989; Habitación salvaje 1990; Amor y cartografía 1993) unida a una especial discografía. En aquella muestra antológica declaraba su poética: Desde pequeño me definió una especial aptitud para combinar las cosas, simultanearlas, sin demasiado respeto a la unidad o al conjunto. Las cosas son sólo datos y éstos deben procesarse Es el juego de la combinatoria. Empírico como la vida misma. Lo que importa no es la especulación, sino la obra final, aunque sea errónea. Cuando todo falla, ahí comienza el misterio inalienable de las cosas, la búsqueda de la insignificancia Las imágenes oníricas y el tono sentencioso se mezclan en la alquimia del discurso de sus primeros libros. El nuevo orden de las cosas -desde la ruptura de la sintaxis poética y desde los cambios semánticos- aflora en la aventura del lenguaje, como forma especial de conocimiento y máxima expresión de una nueva sensibilidad, que Villena ya clasificara del rock Sabíamos que debía existir una topografía emocionante, quién nos iba a decir, tan lejos de las heridas que iluminan, que habíamos descubierto el océano de las escrituras Como señala el crítico y poeta madrileño, esa estética (de carácter visionario, realista y parasurrealista, a la vez) no consistiría, tan sólo, en incorporar al poema elementos de la vida juvenil moderna, pues ello se encuentra ya en poemas experienciales sino en crear textos- lograr una aventura creativa- que reflejen la visión del mundo que está implícita en ese modo de vida. Bajo la influencia de Bob Dylan e invirtiendo los tópicos modernistas la senda insolente y terrible de la belleza casi en sintonía con el canto profetice, el autor descifra el Juego Sísmico de la Vida las artes de la navegación de un mundo en crisis: He asistido a la Demolición y bailado por el lado de la sombra. Sin coartadas La tesis actual enlaza con esa capacidad de abismo del segundo volumen: Y también añoro aquel silenció de novedades y velocidad de cuerpos y promesas en sazón, cuando las terrazas se quedaban vacías y sólo un vaso, en plena madrugada, al chocar contra el asfalto, alteraba la armonía del mundo. Son silencios y besos sin nostalgia, resplandores, sudores e incluso estratagemas de vacío que han de perdurar porque ya son historia Las constelaciones del poemario sucede cuando escribo son múltiples y trazan dibujos que evocan diversas figuras del yo cuestionado: la denuncia de la situación bosnia, la crueldad de la belleza, la autocompasión, la nevera de la escritura, el miedo al vacío. Así, estos poemas- acordes mayores para la visión global del mundo según los ha definido, en el Prólogo -Carlos Edmundo de Oryaciertan en lo principal: muestran los signos de interrogación, los fuegos de una existencia marcada por la ley del silencio, ese desgarro de la inocencia en la edad de la sospecha José María BARRERA
dad y produce conocimiento, desvela la verdadera naturaleza de los hombres: ser puras sombras. Navegando por el río del despertar, se llega así, en seis movimientos- IV al IX- desde el soliloquio primero al Monólogo de dos voces Las cosas- confiesa la primera- ya son para mí el sueño de la melancolía Las palabras con las que protesto contra el mundo- responde la otra- tienen el mismo rostro que yo esto es, reflejan la misma apariencia de la ceniza. En efecto, el discurso del libro en esa larga segunda fase está tejido con un léxico que rezuma disolución por todos sus poros. Completan la meditación tres poemas, en el segundo de los cuales, Pensamientos ante una casa abandonada muestra Diego Doncel su talla de poeta. El exceso que en algún momento llega a fatigar al lector con su profusión, se encauza hacia un planteamiento visionario de gran eficacia comunicativa. Puede valer esa pieza por varias páginas y en ella se condensa el libro entero. Un buen libro, en el que un punto de barroquismo rebaja la intensidad barroca. Víctor GARCÍA DE LA CONCHA de la Real Academia Española