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CINEYTEKTRO
CUARniYMIDUl DE MINISTHHO
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pañola contemporánea. Hemos llegado a un extremo en el que quien se aventura a acometer la producción de una obra de nuestros autores vivos es contemplado como un temerario rayano en la locura o como un extravagante y trasnochado vanguardista que todavía se cree que el teatro es cosa del presente. Cabría corregir esta situación desde los poderes públicos asumiendo, desde los teatros cuya titularidad ostenta, el convencimiento de que nuestros autores forman parte imprescindible de nuestro patrimonio. Hay ausencias en nuestros escenarios que claman al cielo. Y ya puestos en situaciones estrambóticas resulta obligado aludir al panorama del teatro en Madrid. A veces tiende uno a resignarse aceptando la precariedad, la desconsideración, la desorganización y la permanente improvisación en que se desenvuelve la profesión de esta ciudad, que, guste o no guste, acoge a más de la mitad de los profesionales de toda España. Una política bienintencionadamente descentralizadora unida. a la pasividad de una comunidaid que no termina de creerse a sí misma fian generado una sensación de abandono que día a día da al traste con múltiples y valiosas iniciativas que nacen en nuestra capital. Es competencia de todos resolver esta cuestión. En fin, aquí se han señalado sólo algunos casos dignos al menos de un poco de atención. Una vez más, como el que asiste al ritual de una representación ya gastada por la excesiva reiteración, uno se ve lanzando sus cuitas al palco de autoridades para ver si esta vez... Quién sabe, tal vez la medida que en el fondo uno desea más ardientemente consiste precisamente en lo mismo que uno reclama de una función de teatro que se ha vuelto demasiado previsible: algún lance inesperado. Una bocanada de aire fresco. Lo imprevisto. El riesgo. Aunque eso, bien lo sabe uno, no depende de ningún Ministerio. Ernesto CABALLERO Dramaturgo
E coincidido algunas veces, en actos del Ayuntamiento de Madrid, con Esperanza Aguirre, pero nadie me dijo que iba a ser ministra de Cultura. Si llego a saber que aquella chica era la próxima ministra de Cultura me hubiera gustado decirle algunas cosas, las cosas que decimos los del cine, pelmacerías, penas o inquietudes. Y si llego a saber que sería de Cultura y de Educación, todo a la vez, me da un mal. ¿Por qué no de Cultura, Educación y Defensa? Así nos ahorramos otro ministerio. ¿Y ahora dónde encuentro yo a Esperanza Aguirre? ¿En qué noble edificio? Porque supongo que se trasladará de uno a otro y que será ministra de Cultura por la mañana y de Educación por la tarde, o algo así. Lo malo es que entre Educación y Cultura el gato al agua se lo va a llevar Educación, por muchas siete chimeneas que haya en la casa que pillaba cerca del tristemente desaparecido Circo de Pnce, que siempre pierden los pobres, los del circo, los del cine y los del teatro. Ya sabemos el chiste del buen cristiano que rogaba a las alturas: Dios mío, que me quede como estoy Eso nos está ocurriendo. Que nos quedemos así, que no nos zarandeen más, que siga siendo la Cultura un bonito adorno, pero que no desaparezca del todo, que ya nos la han mezclado y no es bueno mezclar el té con el café. Mucho se abominó de las ayudas que él Ministerio, aún con traje nuevo, ofrecía al cine español, pero de aquellas ayudas salieron algunas magníficas
películas, que sin ellas no hubieran podido hacerse. ¿Hay un productor ahora que se atreva a odar una película con un director de más de cincuenta años y el guión de El espíritu de la Colmena por citar un nombre
El cine es industria, pero no olvidemos que también es arte. Por desgracia ya no existen los Borgia, ni quedan mecenas bien educados. Solamente cuenta el dinero, a ser posible en dólares
glorioso? Sólo cuenta la taquilla y el dinero, el dinero que tanto importa en Cultura es para aquellos que den más dinero. En la tele indudablemente el gato de las siete chimeneas se lo llevaría al agua un culebrón. El cine es industria, pero no olvidemos que también es arte. Por desgracia ya no existen los Borgia, ni quedan mecenas bien educados, ya no hay quien ampare a Goethe, ni a Velázquez ni a Goya, solamente cuenta el dinero, a ser posible en dólares. El Ministerio de Cultura, y ojalá me equivoque, está al borde del abismo y tal vez sea su hermano, el Ministerio de Educación, quien le empuje de una vez. Por lo pronto ahora sólo tenemos media ministra, menos de media creo yo: cuarto y mitad de ministra como mucho. Ojalá me equivoque, ya digo, ojalá que viene a decir ¡quiera Alá! Jaime de ARMIÑÁN Director de cine
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