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ABC de las artes todo ilustrar las vicisitudes urbanísticas y arquitectónicas proponiendo las imágenes de lugares y monumentos La muestra arranca en el segundo milenio antes de Cristo, cuando se asentaban en el Mediterráneo las civilizaciones minoica y micénica y por el mar Egeo se colaban ecos de civilizaciones orientales que dieron lugar al nacimiento de la polis organismo clave y premisa del movimiento de colonización griega en Occidente. Era el origen de una visión nueva en la relación del hombre con su mundo. A partir de ahí, y con la calma o rapidez que el visitante quiera- en cada sala hay, además de las vitrinas con los objetos, ventanas a las que asomarse y profundizar en los diversos rincones de la Historia- el itinerario de la exposición nos conduce al apogeo de la civilización griega en tierras de Occidente y de una manera especial en la península itálica y en Sicilia. Bottini considera que el verdadero eje conductor de la exposición es la sección central dedicada a lo que esta civilización ha producido y que la investigación arqueológica nos ha permitido conocer. Según el coordinador de la muestra, en la selección de las piezas- se han realizado más de novecientas peticiones de préstamo de objetos, especialmente de las instituciones y museos sicilianos, aunque también han colaborado museos de Estados Unidos, y prácticamente todos ios países de Europa- ha primado el criterio estético, es decir, en cada caso se han elegido las obras más bellas, intentando testimoniar, dice Bottini, una de las intuiciones fundamentales del espíritu griego, que es la de considerar la dimensión estética, lo bello, como categoría fundamental del comportamiento humano Además, la selección de documentos arqueológicos y la apoyatura de datos históricos ponen en claro el propósito de los organizadores: delinear el proceso que condujo a la definición del concepto de Europa como patria de una cultura en la que el pensamiento y el arte se iluminan recíprocamente El recorrido cultural de Los griegos en Occidente esta sazonado, además, con citas literarias que nos fijan en la memoria la relación entre la historia de los pueblos griegos en Occidente, ei desarrollo de su pensamiento y la herencia recogida y transmitida por sus descendientes, desde aquellas colonias salpicadas por el Mediterráneo hasta el ahora mismo. Como era de esperar, la muestra navega ya en góndola y en todo su esplendor por la red de Internet. EX ORIENTE LUX H AY la vieja frase de que de Oriente viene la luz: ex Oriente lux Es metáfora de que allí también llegaron la cultura y las artes, en Grecia se concentraron esos influjos en sucesivas oleadas, Pero de Grecia esa luz pasó al Occidente. Vinieron aquí ellos mismos o vinieron pueblos helenizados como los fenicios, etruscos o romanos. Sin ese influjo, directo o indirecto, de los griegos en la raíz de nuestras culturas de Occidente, no se entiende nada de ellas. A esa expansión de los griegos y lo griego en Occidente está dedicada la exposición nuras fértiles pobladas de ricas ciudades cuyos soberanos iban a los grandes Juegos a deslumhrar a los griegos. Y luego vino España. Visitando el sur de Italia y Sicilia se cree uno en Grecia. Allí están los templos de Pestum, de Agrigento, de Siracusa en los muros de su cátedra! están embutidas las columnas del templo de Atenea) Aquí vino, huyendo del río Alteo, la ninfa Aretusa, cuya fuente llena de papiros podemos ver aún. Y si visitamos los museos (Siracusa, Htmera, Palermo, Tarento, Pestum, Ñapóles) creemos estar en Grecia, Para instalar una exposición de recuerdos griegos el solo problema es la excesiva abundancia. Todas las artes, todos los estilos, del arcaico al helenístico están en estos museos. La plata, el mármol, el bronpe, los vasos exquisitos a cientos, a millares. Y luego su continuación por obra de los romanos. Y el arte etrusco que en tan alta medida es arte griego con otro sabor, otra mirada. Y luego está España. Heredóte nos cuenta como Coleo de ¿amos, el Colón griego, la descubrió llevado por la tormenta hacia la mitad del siglo Vil. Y desde entonces los griegos comerciaron con Tariesos y otros vinieron desde Marsella, la colonia griega, y fundaron Ampurias y la demás colonias griegas. Estesícoro, él poeta, nos recuerda desde ese mismo siglo la plata de Guadalquivir. Q periplo de Aviano describe la antiguas navegaciones en torno a la Península, que luego seguían hacia África o hacia Gran Bretaña, en busca del estaño. X. D Estatuilla en taxxice (12,5 cms. que ahora se abre en Venecia. Para comprenderla hay que poner en contexto los objetos de arte y los restos arqueológicos diversos que dlí se muestran. Ya en el segundo milenio antes de Cristo, por lo menos, ios micénicos nav aban a Sicilia y España y dejaban sus huellas. La Odisea recuerda aquéllas havegaciones fabulosas en una época en que el camino de Occidente estaba ya cerrado. Lo pintaba poblado de monstruos y próximo a las regiones infernales. Pero también estaba aquí el jardín de las Hespérides, con sus manzanas de oro de las que Hércules se apoderó, como también se ilew las vacas de Gerión, matando a su gigantesco pastor de tres cabezas. Luego ya no fue cosa de fábula. Desde el siglo VIII todas las riberas del Mediterráneo se poblaron de colonias griegas. Los griegos, dice Platón, eran en tomo a nuestro más ilustre mar como las ranas en torno a una charca. Y así surgió la Magna Grecia, la Gran Grecia: el sur de Italia y Sicilia. Era algo así como la América de nuestra edad de oro: vastas lla- ESAPARECIERON un día los griegos, pero dejaron recuerdos de su arte. De los bronces a los vasos y a la exquisita escultura ibérica, que es tantas veces semigriega. Vayan al museo de Jaén o vean las damas de Elche y de Baza y podrán comprobarlo. Y a la escritura: la de tartesios, toeros y celtíberos viene de la griega y la fenicia. Y a las ciudades, cuyas murallas admiramos todavía en Ullastret y otros lugares. Eran ya culturas semigriegas las que encontraron los romanos en el sur de Italia, en Etruria, en el sur de la Qalia recuerdo la hermosa ciudad galo- griega de Glanum, junto a Saint Remy) en la España mediterránea. Era una cultura mixta, indígena y helénica, fenicia a veces también. Los reñíanos la llevaron más lejos, de ahí venimos nosotros. La belleza de las piezas, la sugerencia de los documentos arqueológicos no hace sino recordarnos nuestras viejas raíces: las de Italia, Francia y España. Todavía salen a la luz cada día en la ría de Huelva o en Córdoba o en Ampurias testimonios nuevos: espadas de bronce, objetos suntuarios, vasos, plomos con cartas comerciales. No sé lo que de todo esto podrá verse en Venecia. Brillarán, sin duda, el arte y la belleza. Pero objetos más humildes tienen para nuestras culturas igual significado. Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Españote 41