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A B C literario Novela Seda salvaje Eloy Tizón Finalista Premio Herralde de Novela. Anagrama, 1995. 144 páginas, 1.400 pesetas Sagunto una de sus víctimas Salamano y el relato Seda salvaje -nombre de un tejido especial para trajes de novia, pues una boda es el nudo primordial de la novela- y quizá la abundancia de eses quiere decir algo, empezando por su forma de serpiente hasta las siglas de la seguridad social o de las SS hitlerianas, donde la información y el espionaje desembocaban, como aquí, en la muerte. En su morboso y espasmódico camino vital, el protagonista, harto de hundir la mano en las branquias de bolsos abandonados, de escudriñar papeles y correspondencias, o explorar cajones y carteras convulsivamente- lo que no basta para calmar su lujuria y sus fríos y religiosos infiernos- llega a contratar los servicios de un detective privado para que vigile la existencia de su prometida, Fátima, con la que va a casarse quince días después tras ocho largos años de noviazgo formal, y entonces descubre el horror: Yo era un niño que jugaba con una pistola cargada y que en su impaciencia olvidó dejar puesto el seguro. La bala estaba dentro y yo me apuntaba a mí mismo creyendo apuntar a los otros Pues al descubrimiento de las zonas desconocidas de la vida de Fátima sucede la posible revelación de que un acuerdo entre el detective y ella le haya conducido a un mundo imaginario y hasta multiplicado, donde hay muchas mujeres en una misma novia, muchos detectives en el detective, y los seres imaginarios son tan reales como los de la vida misma y pueden morir por su propia culpa. La novela se cuenta en la primera mitad del texto, pero se explica en la segunda mediante la aparición del verdadero motivo de lo que está sucediendo: el protagonista, antes de comprometerse definitivamente con Fátima y fijar la fecha de la boda, le fue infiel durante veinte días con otra mujer, Betania, que llegó a conocerie tan bien que apenas le afectó lo efímero de sus relaciones: Tú eres frío, Seoane- le dice al separarse, y antes de dejarie el regalo envenenado de la tarjeta del detective pnvado cuyos servicios contratará después- Las cosas que pasan ante tus ojos tú las congelas las llevas disecadas en la cabeza y de vez en cuando sacas una a la luz, la agitas un poco para ver si sigue viva o se ha muerto, V enseguida la guardas para tí sólo Esa infidelidad instala la mentira y la falsedad entre los prometidos, Fátima intenta suicidarse y es salvada, se fija la boda y un sonriente Seoane descubre en medio de sus mentiras que su sonrisa, depositada en las comisuras de los labios como una pasta dura y blanca, dulzona, fría, de escarcha... que se escurría a ambos lados de la cara en una mueca espantosa, no era... sino el rictus indeleble que parte en dos un cuchillo: sentía que al sonreír de aque modo me subía a la boca un pájaro Tizón nO le permite al protagonista que deje de ser narrador, ni siquiera el metanarrador, y hasta en medio de su discurso le hace interrumpirse reflexionar sobre el caos de múltiples sinsentidos en los que se ve inmerso: Llegué a pensar en nosotros como en entes de ficción prO ducidos por un autor de segunda; pero quiz el novelista que nos ideó había muerto olvidado y quedábamos nosotros huérfanos en medio de la calle, en medio de un capítulo Pero estas interrupciones descriptivas, líricas, humorísticas a veces, reflexivas y siempre mágicas, no alteran el vertiginoso ritmo del relato, en cuya terrible conclusión todo queda en el aire, sin más recurso que el de la literatura y memoria que tampoco nada pueden explicar al final, pues el problema con la vida es que termina demasiado pronto, uno no está preparado, yo no lo estaba, la luz se apaga de golpf uno no ha acabado de acostumbrarse a vivir y ya está muriendo, ya ha muerto El rizo se ha rizado, y aunque el final se apoye en una hipótesis probable y hasta verosímil, al insinuar la posible historia entre Fátim y Sagunto, la verdad se nos escurre de entre las manos y quizá esta parte del libro sea lo más artificial de todo: pues el recurso a la recreación literaria parece una topificación, que no anula la tragedia de la falta de sentido de una historia que la tiene en sí misma, sin necesidad de más argumentos; como si el autor se hubiera sentido inseguro, como si hubiese necesitado un apoyo más sólido que el que le prestaba su propia historia, tan bien narrada por otra parte hasta ese momento, que así resulta artificial y hasta redundante. Pero noS queda la prosa, ese estilo tan personal y con raíces tan sólidas como autoproclamadas- sobre todo Nabokov, pero sin olvidar a GómeZ de la Sema, Cortázar o Calvino- rápido, nervioso, metafórico, más lírico que efectista, perfectamente poético y narrativo a la vez, de una intensidad poco común, uno de los más personales y sugestivos de nuestra mejor literatura actual. Seda salvaje supone también un considerable avance sobre los relatos de Velocidad de los jardines sobre todo como pO puesta de narración más larga y estructurada, y permite seguir confiando en- y apostando por- las evidentes y notables dotes de este joven narrador. Adelante. Rafael CONTÉ O era un niño intrigado que espiaba en la escalera A los pocos -al parecer- aunque rigurosos lectores que hace tres años lograron conocer a través de su primer libro de relatos, Velocidad de los jardines (Anagrama, 1992) la espléndida prosa narrativa de Eloy Tizón, no habrá cogido por sorpresa la coníirmación que supone esta su primera novela, finalista en la última edición del premio Herralde. He podido leer también la premiada, Un mundo exasperado que presenta una apuesta narrativa situada casi en los antípodas de la de Tizón, por lo que no caben aquí las comparaciones, si siempre odiosas más aún en un caso tan imposible como el que hoy me ocupa. Si comparación no es razón (Etiemble) mucho menos lo será cuando se comparan frutos tan disímiles como los enfrentados este año en el concurso citado, una larga y sólida narración perfectamente discursiva y hasta digresiva y con ambición de totalidad- la premiada- y otra breve, fulminante, poética, ceñida y tan personal como la finalista, cuyo mejor valor reside en su estilo, esa inimitable prosa que Tizón está otorgando a la narrativa española de hoy, con tanta parsimonia y discreción que sería una pena que volviese a pasar inadvertida para el gran público. Eloy Tizón es un gran escritor, lo era ya desde el principio, y la potencia y gracia de su estilo es uno de los fenómenos literarios más interesantes de nuestros días, pues hasta es capaz de colocarte por encima de las posibles fragilidades que pueden amenazar todavía a su mundo novelesco propiamente dicho. En un principio, y desde la frase inicial que abre la novela- la que he colocado al comenzar este comentario- el relato se presenta como una suerte de autobiografía de un mirón, un ser convencido de que la vida empieza demasiado pronto, uno no está preparado, yo no lo estaba, la luz se enciende de golpe, se vive, uno no ha acabado de acostumbrarse a vivir y ya está viviendo que en principio carece de vida propia, pues está fascinado por las de los demás, que espía con una repugnante sensación de placer casi orgasmática. Yo era un niño que jugaba entre otros niños precoces y que un día, sin previo aviso, fue enviado a vivir entre fantasmas. Yo no elegí para mí este destino de locos El protagonista se llama Seoane Suelves su antagonista es el detective Y Ediciones Destino pmümijAaa XÍI MIGUEL DELIBES Los diarios de Lorenzo Diario de un cazador Diario de un emigrante Diario de un jubilado Tros etapas de una vida que son una crónica de la España contemporánea 12