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ABC literario- Artículos Ensayo las mujeres de mi vida José Luis Olaizola Espasa Calpe. Madrid, 1995 280 páginas, 2.100 pesetas Zen en el arte de escribir Ray Bradbury Traducción de Marcelo Cohén. Minotauro. Barcelona, 1995. 146 páginas, 1.500 pesetas N O son éstos tiempos para que un título como el que encabeza este libro no obligue a un inmediato recordatorio, r es no es hombre, el autor, de equívocos ni Cencías. El título alude a las mujeres que rodean su vida familiar, mujer, hijas, suegra y el TMnb ¡to laboral doméstico. ¿Es un homenaje a Has? No, ni un reconocimiento, ninguno hace ta; es el convencimiento de que, como ad r t e l vieja sentencia china, la mitad del cielo s la munr. Y este centón de artículos, publicados en ABC, Telva y el Suplemento Se i anal componen un discontinuo diálogo con nas interlocutores que a menudo se convier también, en protagonistas. Es lógico. Para 1 iiombre, el mundo gira en tomo a la mujer. 13 ee Olaizola un estilo narrativo que enno ece el asunto tratado, suspende la tensión ue pudiera contener y crea un espacio de l e n i d a d suficiente como para que la lectura 6 cada uno de los artículos que lo integran resulte, siempre, alentadora. Sea cual sea el asunto. Y nótese que el autor no rechaza enfrar al trapo de cuestiones polémicas, como el aborto, el paro, la historia reciente, las relacioi es familiares y la patología de determinados íipos genuinamente contemporáneos: el comprador compulsivo y demás. El acontecer diario es la materia de la que Qstán construidos cada artículo. Y en todos se an las suficientes dosis de sentido común, íue como suele recordarse es el menos co ún de los sentidos en la España de los últif os años, y del humor, tan necesario para sot revivir en tiempos de miseria moral y relativismo degradante, para que una crónica, una 9lo sa o una evocación personal se transfor en en un ejercicio de provechosa lectura, adie sale defraudado. Antes al contrario. Por ue Olaizola, que ya demostró con La guerra el general Escobar premio Planeta 1983, un alentó narrativo de ejemplar pulso y calado, Convierte el diálogo con el lector en la conversación pausada, sin estridencias, que uno iempre añora mantener a la luz del hogar en s largas tardes del invierno. Llena la confusión de claridad, sin exabruptos, ni exageraciones; contempla la realidad de verdad con Os ojos de un espectador minucioso que enseña a distinguir en los hechos y costumbres Cotidianas descritas el carácter único de cada osa que nos pasa. Su prosa, equilibrada y artera, se detiene y mira allí donde otros escritores apenas pasan de perfil; enfoca ese Cuadro fatal que es la existencia contemporái ea desde el ángulo de visión más sereno y, claro, ello tiene sus consecuencias. La primera s el descubrimiento de una original perspecwa narrativa; la segunda, el tratamiento de los asuntos cotidianos con una sabia distancia y 6 sura. Practica lo que ensalza, por ejemplo, Qlogio de la aparente insignificancia, el arte 6 leer periódicos, la nostalgia de las relacio! 9 s epistolares. Su prosa contiene, y expresa, la fifíirada interior de la belleza y templanza que Quieren los avatares, los anhelos y las tristezas de un mundo que pasa sin regresos, ni Ijj ltas atrás. Es un ejercicio complicado feliz nte resuelto. Una mirada necesaria. F. R. L. L A persona interesada en este libro- sobre todo si lo está por su títulodebe olvidarse de encontrar en él cualquier relación entre lo que habitualmente entendemos por zen y el arte de escribir. Nada, pues, que ver con el Budismo- Zen, con ese modo de ser oriental que es una de las especulaciones de carácter místico universalmente más reconocidas; nada que ver tampoco con cuanto han escrito del zen los grandes especialistas en el tema- Suzuki, Watts o Herrigel- por hacer sólo referencia a tres autores sobradamente conocidos, en los ámbitos de la new age en EE. UU. el país de Ray Bradbury. Sin embargo, el posible lector no debe renunciar a este libro si desea participar de una original experiencia narrativa que la viva y precisa traducción de M. Cohén ha sabido potenciar; apostar por algo diferente, si es que desea sumirse en un estado de refrescante humor y atender al testimonio de un escritor profesional de nuestros días. Bradbury tiene una concepción muy particular de la creación literaria que será polémica para muchos, pero nos da cuenta de ella de manera sincera, sugestiva y lo más alejada posible del aburrimiento. Este novelista, cuentista y guionista norteamericano de éxito, también se encargará de sacannos del espejismo del título de este libro de artículos o ensayos breves, pero sólo lo hará en el último de ellos, cuando ya llevamos leídas un centenar de páginas. Es entonces cuando nos dice con la mayor de las ingenuidades: Yo no sabía nada del zen hasta hace unas semanas... Y es que resulta que, al hilo de lo que aprendió durante la lectura de un libro- El zen y el arte del tiro con arco- -desarrolla una teoría con la que justificar su propia obra y que es ésta: el escribir, además de lo que primordialmente es para él- un fruto del entusiasmo, la fantasía, la exaltación y el humor- también es una manera de pensar correctamente, de conocerse, de estar relajados, de no pensar de amor. Aquí radican todas las concomitancias de su libro con el zen. Liberados ya del espejismo del título. Bradbury y su mensaje nos invaden en todos y en cada uno de los ensayos con ingenio y desparpajo. Y está bien que, en medio de tanta prudente o descomprometida teoría sobre el arte de escribir, él opte por hablarnos de su experiencia con humor, de sus dificultades, de las relaciones de la escritura- que para él comenzó siendo una explosión de entusiasmo íntimo en la adolescenciacon el mundo literario y comercial. También nos hablará de sus lecturas preferidas- las de los escritores entusiastas, aquellos que se divertían trabajando- y de experiencias paralelas a la creación, como los viajes, el teatro o la cinematografía. Pronto nos advierte también de los dos peligros que acechan en nuestros días at joven escritor: el mercado comercial y los círculos de vanguardia es decir, por un lado, una obsesión temprana y sin esfuerzo previo por el éxito y, por otro, la actitud de lo que él llama el mentiroso de vanguardia ese tipo de escritor que espera ser recordado por sus mentiras pedantes La prosa de Bradbury se aligera cuando, provisto de lo que él mismo llama desenfreno pone unas frases debajo de otras y utiliza numerosos puntos y apartes, pero resulta explosivo en verdades como la señalada o cuando se pregunta por lo mucho que el escritor y su obra le deben a la casualidad. En este sentido, sus preguntas del tipo ¿Qué habría sido de mí si no... ponen al desnudo el leve espacio que media entre el éxito y el fracaso literario. Él mismo le debió a la casualidad pasar, en pocos días, de ser nadie a recibir en su casa- aún vacía de muebles- a un Huxley admirador de sus Crónicas marcianas Leyendo Zen... he recordado ciertos libros de Pound, como Cómo leer Me refiero a que en ellos la languidez se combina con los hallazgos, las ingenuidades con las El posible lector no debe renunciar al libro si desea participar de una original experiencia narrativa que esta viva y precisa traducción ha sabido potenciar genialidades, lo superficial con lo esencial. Bradbury nos sorprende unas veces con lo que él llama sus chifladuras con su entusiasmo infantil por la ciencia ficción y nos enerva con sus opiniones sobre la pobreza que halló en sus viajes a México o Irlanda; otras, nos gratifica con su afirmación de que escribir es, ante todo, ser A veces, incluso, logra un hallazgo estrictamente zen. Es, por ejemplo, cuando le pregunta a bócajarro al lector: ¿Cuánto hace que no lee un libro de poesía? Antonio COLINAS 19