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A B C literario John Keats, dos sigilos después r- CON LAS CADENAS ROÍAS, GRI 1 A QUE Tü ERES LIRRE... Sobre la Paz X 3 J Como me gusta... L ÓMO me gusta, en bellos ocasos estivales, cuando ríos de luz se vierten al oeste dorado, y en los céfiros fragantes se serenan las nubes plateadas, abandonar muy lejos los pobres pensamientos y tomarme un respiro iide las preocupaciones; encontrar fácilmente un paraje balsámico de frondosa belleza, y dejar que ia dicha seduzca allí a mi alma. V allí cender mi pecho con la cultura patria, medita -sobre Milton o el féretro de Sidney, hasta que sus figuras se eleven a mi mente: remontarme quizá con la alada Poesía, derramando a menudo una gozosa lágrima cuando hechice mis ojos una pena armoniosa. ¡OH Paz! ¿Con tu presencia bendices las moradas de esta Isla rodeada de guerra, apaciguando con plácido semblante nuestra última angustia, haciendo que sonría este triple reinado? Convoco tu presencia con júbilo, y convoco a dulces compañeros que te esperan; completa mi gozo: que no falle mí primera esperanza, que sea tu favorita la ninfa de los montes, la libertad de Europa proclama con la dicha de Inglaterra. ¡Oh Europa! No vean los tiranos que debes cobijarte en tu anterior estado. Con las cadenas rotas, grita que tú eres libre; da normas a tus reyes, sujeta al poderoso. ¡Con pasados horrores conquistarás tu dicha! N. del T. Keats celebra ¡a Paz de París de 1814 ¡Feliz es Inglaterra! ¡X ELIZ es Inglaterra! Yo me contentaría con no poder ver otros verdores que los suyos, ni sentir otras brisas que las que soplan sobre sus bosques, confundidas con insignes romances. Y a veces, sin embargo, siento una gran nostalgia de los cielos de Italia y un gemido en mi seno por no poder sentarme en algún trono alpino, y olvidarme del mundo y las cosas mundanas. Feliz es Inglaterra, y sinceras sus hijas, cuya simple hermosura me es más que suficiente, y sus brazos blanquísimos que cuelgan en silencio. Y a veces, sin embargo, ansio ver bellezas de mirada más honda, y escuchar sus canciones, y flotar junto a ellas en las aguas de estío. Oh, Soledad... ÍOH Soledad, si tengo que convivir contigo que no sea en la maraña de oscuros edificios! Asciende la ladera conmigo- observatorio de la naturaleza- desde donde esta cuenca, sus pendientes floridas, sus aguas cristaÜnas, ocupan sólo un palmo, y velaré contigo bajo un dosel de ramas, donde el brinco del ciervo asusta a las abejas sobre las dedaleras. j Pero unque seguiremos con gozo estas escenas, el pliSef de mi alma es el dulce diálogo con una mente pura cuyas palabras muestran ideas delicadas; seguro que esto es casi la dicha más auténtica del espíritu humano: cuandú a tus madrigueras van dos almas gemelas. Acerca del mar murmullos en E, L mar conserva eternos sus recio embate torno de playas desoladas, y con su inunda mil cavernas, hasta que el sortilegio de Hécate les deja su sombrío sonido. A menudo se encuentra su temple tan calmado que apenas si se mueven durante algunos días las conchas más pequeñas de donde se quedaron al desencadenarse los vientos de los Cié os. Los que tenéis los ojos cansados, doloridos, regalaos la mirada con la amplitud del Mar; los que en vuestros oídos tenéis un hondo estruendo N. del T. Escrito poco después de Irse de Edmonton. cerca de Londres, en 1815, donde vMa con sus hermanos, para es- u os encontráis ahitos de pesadas cadencias, j tudiar algo parecido a enfmrnería en el Gu s Hospital, que es- sentaos junto a una vieja caverna y meditad hasta que os sobresalten los cantos de las ninfas. taba en el centro de la ciudad. La oíra alma gemela del poema puede que sea su h marx George y