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A B C literario Manuscritos de Quevedo, Juan de Mena, Jovellanos, Enrique de Villana... Primeras ediciones, romanceros, cancioneros y pliegos de poesía de los siglos XVI y XVII... Hojas, grabados, dibujos, carteles de teatro... Desde ayer, la cuidada, vivida, única y selectiva biblioteca Antonio Rodríguez- MoñinoMaría Brey descansa, por fin, en la Real Academia Española; un rico legado instituido a su favor, en nombre propio y en el de su marido, por la viuda del insigne bibliógrafo EL LEGADO RODRÍGUEZMOÑINO MARÍA BREY L A Real Academia Española posee una biblioteca excelente, pero desde ayer su riqueza ha aumentado cuantiosamente, tras haber sido inauguradas por ios Reyes las espléndidas instalaciones que ha preparado para acoger el legado instituido a su favor, en nombre propio y en el de su esposo don Antonio Rodríguez- Moñino, por la ilustre bibliotecaria- entre otros destinos, trabajó en el Congreso de los Diputados; dirigió colecciones de clásicos; escribió libros y colaboró con su marido en algunos de éste- doña María Brey, recientemente fallecida. El legado tiene una enorme importancia cualitativa; el insigne bibliógrafo que reunió sus libros, sus manuscritos y sus maravillosos grabados, no se preciaba de acumular papel, sino de que éste fuera significativo para ia historia de la literatura y, muchas veces, para la del arte, No impresiona el número de volúmenes (unos 15,000) Esta cifra significa poco, si no se completa con la noticia de que, en ella, entran incunables fundamentales, casi doscientos manuscritos literarios desde e! siglo XV a nuestros días, cuatrocientos cincuenta impresos de los siglos XVI y XVII, a veces en ejemplar único, multitud de pliegos sueltos, modalidad de transmisión literaria que él mismo estudió conclusivamente, etcétera. Una riquísima correspondencia con escritores e hispanistas que fueron sus amigos, importantes planchas y centenares de grabados contribuyen a dar al legado un incalculable vala. Antonio Rodriguez- Moñino es uno de esos grandes españoles que, contando con un indiscutido prestigio nacional e internacional en actividades del máximo rango, son perfectamente desconocidos del público. Pocos casos habrá en que una persona tenga tan tempranamente asignado un deslino ai cual ser fiel 16 w: legado tiene una enorme importancia cualitativa. Incluye incunables fundamentales, casi doscientos manuscritos literarios desde el siglo XV a nuestros días y cuatrocientos cincuenta impresos de los siglos XVI y XVII, a veces en ejemplar único de por vida. Porque, estudiando con los agustinos de El Escorial, en 1925 publica sus dos primeros trabajos bibliográficos. Tenía quince años. A partir de ese momento, comienzan a sucederse estudios de creciente enjundia, principalmente dedicados a reconstruir el tejido literario e intelectual de España mediante la historia de los libros. Muchas veces, referidos a su amada Extremadura natal; y a un extremeño capital en la historia de nuestros libros antiguos, Bartolomé José Gallardo, a quien rescató briosamente del lodazal ético en que lo habían sumido sus enemigos y la pereza repetitiva. Pero su actividad, que hasta los años treinta parecía fijada sólo o casi sólo en la región extremeña, sin dejar de persistir en ella, ensancha sus horizontes; cursa estudios de investigación literaria y bibliográfica en Francia y Bélgica; con veinticinco años, gana una plaza de Catedrático de Instituto, cuando eso constituía una proeza intelectual. Sobrevenida la guerra civil, y en su calidad tan probada Ei de experto, presta servicios en la Junta de Protección del Tesoro Artístico de la República. Lo pagará: en 1939, se inicia su expediente de depuración política, destinado a permanecer sin resolverse durante veintiocho años. Si- guen la cárcel y la calumnia. Gracias a una de ellas, y por haber comprobado Lázaro Galdiano la inmaculada honradez de Rodríguez- Moñino, lo nombra albacea testamentario y director de sus colecciones; pero, al pasar éstas a poder del Estado, se le rebaja a la condición de bibliotecario. A pesar de tantas vicisitudes, no ha dejado de trabajar y de ir formando su propia colección, la que hoy posee la Academia, Colabora Intensamente con artículos en el Boletín y con libros que se publican con el sello académico: al fin, esta institución constituye un islote hasta cierto punto a salvo de las acciones oficiales. La cual, en 1952, y a propuesta de Marañen, Amezúa y Cossío, to nombra Correspondiente. Y la Corporación publica algunas de sus obras magnas, como los doce volúmenes de Las fuentes del Romancero general o la monumental edición del- Cancionero General de Hernando del Castillo (1958) A todo esto, carece de una cátedra donde comunicar su saber inmenso: es un desafecto, Y se la crea él mismo, en lugar tan céntrico como el madrileño Café Lyon, y de modo tan atipico como es la tertulia diaria: por allí pasan docenas de investigadores y profesores extranjeros que lo reconocen como su maestro; allí acudimos algunos españoles de paso por Madrid o venidos ex profeso, Moñino es riguroso: no todo el mundo le resulta grato; y quien no se lo parece, dejará de volver si es medianamente discreto. Mientras aqui transcurre su vida casi entre paréntesis, se multiplican los reconocimientos interna- clónales. Es nombrado Miembro de Número de la Híspanlo Socieíy de Nueva York, se le invita a congresos, pronuncia conferencias en muchas Universidades norteamer- icanas, y en varias francesas, es nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Burdeos; en 1960, se presenta su