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ABC literario Relatos D E la ya voluminosa obra completa de Francisco Ayala, Francisco Ayala que supera el medio centenar de títulos, la narrativa Edb. de C. FthmondyN. R. Oninger, tespedwmentB. CastaiayCáíeáa. -trece de ellos- es la mejor tratada, la que más se reedita, y la mejor recopi- una de las mejores, como una verdadera obra lada desde hace dos años en la Narrativa Com- maestra del género. Carolyn Richmond, en su pleta que lanzó Alianza, en un gigantesco, lu- penetrante y completo estudio previo, la rescata joso y asimismo despojado tomo. Pero, al borde de este semiolvido- mejor decir desatención- y de los 90 años, tan ágil y lúcido como siempre, va descubriendo aspectos bastante inéditos en Ayala sigue siendo un ojo avizor y una referencia ella. En primer lugar, su carácter binario pues constante del mundo que le rodea, como lo divide los retatos en tres parejas acopladas, lo muestran estas dos excelentes ediciones críticas, destinadas al público universitario en un principio, y en cuyo lanzamiento coinciden dos de las tres mejores editoriales existentes en nuestro país para este mercado, y que, por la importancia y accesibilidad de los textos propuestos en este caso, y los rigurosos estudios con que se presentan, posibilitan que dicho mercado se amplíe considerablemente a todo tipo de público, dado además el cuidado de las ediciones y su mínimo precio. Estos dos libros, además, permiten volver a despejar una vez más el tópico que plantea la obra creativa de Ayala, muchas veces oscurecida- o deformada- por el volumen y variedad de la obra científica y ensayística de su autor, profesor de ciencia política, sociología y literatura durante tantos lustros tanto en España como en su exilio americano, lo que podría hacer pensar a lectores apresurados que se trata de un creador específicamente intelectual de difícil acceso. No hay nada de eso. La lectura- y no digamos la relectura- de Historia de macacos y de El fondo del vaso viene a corroborar que cuando Ayala narra, siempre lo hace como es debido, cuenta como casi nadie, como un contador de historias para empezar, maneja argumentos, historias, personajes, diálogos, descripciones y reflexiones con una pasión y unas dotes de narratividad asombrosas. Bien es verdad que en cada una de las cuatro etapas en 9 ue se articula esta obra narrativa- la primera de aprendizaje, con dos títulos entre realistas y regeneracionistas, la segunda de vanguardia, con otros dos más complejos pero de belleza absoluta, la tercera de rehumanización ética en su primer exilio, y la cuarta, casi postmoderna fragmentaria y flexible y todavía abierta a partir de El jardín de las delicias su obra maestra, de 1971- Ayala ha cumplido estrictamente en cada momento con las condiciones éticas y estéticas que debía asumir; Pero nada de ello obsta para que, al final, se vea con toda clari ad, casi hasta la iluminación, que toda esta obra es perfectamente unitaria y coherente, y Que persigue, de manera inflexible y transparente, un grandioso objetivo final: el análisis de la condición humana en este siglo de tragedias ab- que me ha hecho pensar que esta característica solutas, la sátira implacable y la demolición de se presenta también en la mayor parte de los litodos los convencionalismos y falsedades de bros creativos de las tres primeras etapas de su nuestra sociedad contemporánea, y la necesi- obra: dos previos, dos vanguardistas, dos de redad de redención personal y de ascesis final a latos históricos y políticos, las dos novelas de sálas que se ve abocado el hombre de nuestro tira hispanoamericana... Y su relectura me ha tiempo, si es que quiere seguir siéndolo. descubierto un dato curioso: Historia de maca Historia de macacos que fue en su tiempo cos contiene, en uno de sus dos leit- motivs el primero de sus libros que Ayala pudo publicar arguméntales, la misma historia que 40 años en España después de su exilio, en 1955, en después ha manejado Arturo Pérez- Reverte en una edición casi clandestina y minoritaria de Re- su cuento breve La pasajera del San Garios invista de Occidente es un conjunto de seis rela- cluido en Obra breve (Alfaguara, 1995) que he tos cortos- uno de ellos una novela breve, gé- tenido el placer de prologar. No se trata de un nero en el que Ayala es un maestro absoluto- plagio, ni de una influencia directa, sino de un heque no por ser una de sus obras menos atendi- cho real, acaecido durante la administración codas por la critica deja de presentarse como quizá lonial española de Guinea, en la isla de Femando Historia de macacos El fondo del vaso La lectura de estos dos libros viene a corroborar que cuando Ayala narra, cu enta como casi nadie, y que maneja historias, personajes, diálogos y reflexiones con una pasión y unas dotes de narratividad asombrosas Poo, del que Ayala tuvo noticia por un familiar funcio. naho colonial, y Pérez- Reverte por otro marino, 196 y 252 págs. 850 y 900i: fás. y de ahí la notable diferencia entre ambos relatos, uno más terrestre y otro más especialmente marinero. El de Ayala, casi medio siglo antes, es más amplio, más globalizador, y su critica del colonialismo mucho más serena y terrible, pues la completa con la esperpéntica historia de la apuesta gastronómica de los simios, y deja un final tan ambiguo que casi parece abierto. En el resto de los cinco relatos, Ayala acumula ironía a chorros, sabiduría expresiva y tales dosis de crítica tan corrosiva como omnicomprensiva que muchas veces llega a estremecer, sobre todo en el caso de The last supper donde, bajo este título evangélico- La última cena -perpetra una concentrada alegoría del mundo capitalista e industrial y de las crisis trágicas de nuestro siglo, con la historia del invento de un matarratas en un campo de concentración alemán, y su posible explotación como un medio para enfrentar la vida... y la muerte. El hispanista Orringer ha construido, por su parte, para esta edición de El fondo del vaso -esa terrible y satírica novela de 1962, que continúa el escenario y algunos de los personajes de otra de 1958, Muertes de perro quizá la más elogiada y mil veces reeditada- un cuidadoso análisis destinado sobre todo a salvar al Ayala creador de las acusaciones de cnjeldad y dureza que a veces se le han lanzado. Ya se conoce la diferencia clásica entre los creadores esperanzados y los desesperados, los más blandos o tiernos -Galdós, Baroja- y los más duros o implacables, como Quevedo, Valle- Inclán o el propio Cela, capaces no tan sólo de hundir a sus criaturas en tragedias inexorables, sino de hasta privarias de cualquier capacidad de redención. En el caso de Ayala, y en estas sus dos novelas más negras Muertes de perro y El fondo del vaso la doctrina se dividió desde el principio entre los optimistas como Sobejano o Murena (olvidado ya, pero excelente novelista argentino del grupo de la revista Sur y los más pesimistas como Mermall y Bieder. Ayala, que siempre ha hecho mucho caso de la crítica- que así le corresponde, a tal señor... desde que descubrió cómo un profesor alemán revelaba en uno de sus relatos vanguardistas una evidente crítica de la Alemania prenazi, ha subrayado el optimismo que yace bajo sus más terribles fábulas, y el propio Orringer así lo declara también. Por mi parte, pienso que esta dicotomía es menos clara de lo que parece, que entre los creadores más fiemos hay durezas increíbles, y entre los más duros también esperanzas evidentes. En El fondo... que puede ser considerada más negra todavía que la anterior ya citada- donde la redención se expresa en dos de sus víctimas- la posibilidad de la esperanza está precisamente en la autoconfesión del narrador, que alcanza, tras toneladas de estupidez, arrogancia y prepotencia sexual y social, inimitables grados de autorreflexión, autenticidad y posible pureza desolada en las páginas finales. Lo que sucede es que Ayala, más cen antino que nunca, resulta más brillante cuando acusa que cuando redime. Dos lecturas sencillas, atractivas y terribles, para estremecerse, gozar y pensar un poco en este largo y cálido verano, lo que tampoco es tan frecuente. Rafael CONTÉ