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ABC literario Novela La cuerda rota Pablo Antoñana Pamiela. Pamplona, 1995. 240 páginas, 1.450 pesetas C URIOSA suerte la de esta novela, que durante más de treinta años parecía destinada a no poder nacer jamás. En efecto, desde la noche de Reyes de 1962, se supo que La cuerda rota novela original del por entonces reciente y prometedor escritor Pablo Antoñana, que ya había obtenido dos premios de novela corta y otro de relatos poco antes, quedaba finalista del premio Nadal, que en esa misma fecha se concedió a Juan Antonio Payno- sobrino de Dámaso Alonso- por B curso por cierto la única novela que el premiado iba a publicar hasta hoy. Antes, en 1959, Antoñana había alcanzado el único premio de narrativa breve convocado por la revista Acento -órgano cultural del SEU y a la vez paradójico portavoz de la literatura comprometida y social de aquellos años- con El capitán Cassou en la que, para construir un intenso apólogo antimilitarista y pacifista había tenido que trasponer a la primera guerra mundial un suceso de la civil española. En 1961, pocos meses antes del Nadal, obtenía el entonces importante premio Sésamo de novela corta con una de las primeras narraciones faulknerianas de la España de entonces, No estamos solos estremecedora visión de la disolución de un grupo de combatientes carilstas a quienes la derrota convierte en una banda de delincuentes rurales; con un premio de cuentos del mismo año, el Ciudad de San Sebastián se completaba la carrera literaria que Antoñana presentaba a sus treinta y cuatro años, desde un radical apartamiento provinciano en su Navarra natal más profunda. Aquella novela, que era la primera larga de su autor, nunca se publicó, sin embargo, contraviniendo la costumbre establecida en aquel concurso- que por otra parte fue infringida también en otras escasas ocasiones- y tras la publicación de El sumario dos años después, con cierto eco crítico pero escaso de público, la carrera de Antoñana se ralentizó considerablemente. Recluido en su destino como secretario municipal en diversas localidades de su provincia natal- tierra que ha convertido en el mítico territorio de Yoar otra raíz faulkneriana- el escritor siguió publicando relatos de vez en vez, ganando algunos otros concursos regionales, sobre todo dos de novela corta en 1973- Pequeña crónica- -y 1977- Relato cruento y durante algunos años mantuvo una colaboración semanal en Diario de Navarra de donde han salido posteriormente excelentes volúmenes misceláneos, como Botín y fuego y otros relatos y Patrañas y otros extravíos Una evocación de la segunda guerra cariista y el conjunto de relatos La vieja dama y otros desvarios -donde aparecía por vez primera la inicial El capitán Cassou con excelente estudio previo de José Luis Nogales- libros publicados en los años noventa por el Gobierno de su Comunidad Autónoma, completaban hasta hoy su bibliografía, Y ahora, la exigente editorial navarra Pamiela, que ha republicado todo el resto de su obra salvo Relato cruento recupera aquella La cuerda rota que completa así del todo el panorama. Un panorama, desde luego, fascinante y contradictorio, que se presenta a estas alturas como los restos de un gigantesco naufragio, como las deslumbrantes ruinas de un edificio que nunca llegó a ser terminado, como si el hecho de que dos de sus tres importantes productos iniciales no llegaran a ver la luz en su momento impidiera su lógico y normal desarrollo. O como si un terrible espíritu negativo y hasta bastante autodestructivo se apoderase paulatinamente del escritor que entonces empezaba a configurarse como tal. Navarra, la vieja y poderosa tierra foral, no ha sido nunca un lugar demasiado cómodo para sus escritores, cosa que- en el terreno narrativo- han experimentado en carne propia gente tan dispar como Félix Urabayen, Rafael García Serrano, José María San Juan, Pablo Antoñana o Miguel Sánchez- Ostiz. De la convocatoria de aquel premio Nadal se llegaría a publicar otra de las finalistas, Los miedos de Trasmar (seudónimo que entonces dejó de ocultar al gran escritor gallego Eduardo Blanco Amor) y es evidente hoy que esta novela, junto con La cuerda rota son mucho más poderosas que la premiada. En fin, misterios del destino. Y tampoco la penetración de Faulkner en España- donde acabaría por triunfar el gigantesco Juan Benet- fue tan fácil ni coherente, como demostró María Elena Bravo en un libro célebre, pues dejó bastantes autores maltrechos por el camino, tan considerables por otra parte como el hoy silencioso Ramiro Rnilla o el mismo Pablo Antoñana. El mundo da en apariencia muchas vueltas, y la literatura de Antoñana no, pero así se presenta como inconmovible, irreductible, independiente y terrible, pues se apoya en datos eter- La cuerda rota cuenta una historia eterna y atestigua Uxs fragilidades de la condición humana con una fuerza poética y una intensidad narrativa poco comunes, que al fin hemos podido recuperar: ya era hora nos: se origina en la guerra, en los conflictos fratricidas- la civil española, las carilstas, hasta la primera europea- y desemboca en un grito de paz desesperado, antimilitarista, antibelicista; se apoya en el dolor humano, en la defensa de los débiles, de los humillados, de los explotados; en la memoria convertida en mito más que en historia; y en una prosa casi incandescente y majestuosa, de una insoportable intensidad y de un poderío poético aplastante. Bien es verdad que sus fábulas se presentan desde el principio como bloques expresivos sin fisuras, de difícil abordaje a veces, como si una hipotética línea argumental intentara surgir a duras penas de su interior, como si una serie de hilos desperdigados entre la sucesión de escenas y personajes pugnaran por trenzarse a toda costa. Pero siempre basta con un poco de atención para que todo vaya encajando en su debido lugar, algo que además resulta tanto más sencillo cuanto más potente es la seducción ejercida por la fascinante prosa del escritor. La cuerda rota no surge de una guerra declarada como tal, sino de sus consecuencias, o quizá de otra más soterrada y permanente, aunque hoy haya pasado ya a la historia, a ser un recuerdo más, o quizá ni siquiera, en el interior de esa hipotética Unión Europea en la que nos enclavamos. La novela cuenta la historia de un grupo de trabajadores portugueses que intentan emigrar ilegalmente desde Portugal a Francia cruzando clandestinamente la difícil y complicada frontera a través de los Pirineos navan- os. Víctimas de un pasado de injusticia, miseria y explotación, y después de los turbios manejos y estafes de las redes dedicadas al paso de emigrantes clandestinos, perseguidos por una guardia fronteriza también contradictoria (Antoñana no es maniqueo, no carga las tintas, sus guardias son tan humanos como los demás) protegidos y finalmente abandonados por algún clérigo impotente o por los contrabandistas habituales de la región, ya en decadencia, por otra parte, la lucha de estos cuatro hombres en busca de la imposible libertad resulta impresionante, mítica y terrible. Se dirá- colmo de la buena conciencia- que todo esto es agua pasada, que Portugal y España pertenecen a la Unión Europea, espejismo tanto más ficticio cuanto que todavía el mercado social único está por conseguir. Pero se trataba de una realidad insoportable cuando el libro se escribió, y por eso está vivo- aunque se haya corregido- y es todavía una realidad eterna y de hoy mismo, pues todavía estamos repletos de judíos perseguidos, gitanos inadmisibles, boat peoples albaneses al abordaje de las costas italianas, balseros cubanos y pateras marroquíes, en momentos en los que crecen el racismo, la intolerancia, la xenofobia y el Frente Nacional de monsieur Le Pen. La cuerda rota cuenta una historia etema y atestigua las fragilidades de la condición humana con una fuerza poética y una intensidad narrativa poco comunes, que al fin hemos podido recuperar: ya era hora. Rafael CONTÉ