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A B C literario H ACE muchos años, producen la suspensión con no sé cuántos, mi su insignificancia y con la sosamigo Germán Gupecha de que luego adquirillón, que disponía de mejor viPatricia Highsmith rán sentido. Pero casi siempre sibilidad desde su atalaya aguardamos en vano: han suTraducción de Bsa Mateo. Anagrama. Barcelona, 1995. 221 páginas, 2.400 pesetas norteamericana, me sugirió cedido así porque es normal, las novelas de Patricia Higlismith como exce- en esas primeras líneas la habitual indiferencia verbigracia, que, yendo por la calle, se vea a un lente lectura de lecho. de la Highsmith al describir crímenes: utiliza el hombre trabajando en la línea telefónica, o que Puesto que mi joven amigo carecía, imagino, mismo tono que emplearía relatando que el ma- en un día de calor alguien se tome una cerveza de contenciosos con el sueño, no me advirtió tador ha comprado el periódico y se ha tomado fría: se suceden continuamente cosas de este que la Highsmith era antihipnótica. Y cuando un bíter. Es su endemoniada habilidad para dar jaez con la irrelevancia de lo cotidiano; si inquieme sumí en ella, ya no pude escapar: me ha- curso normal a lo abyecto. Arranca así la novela, tan es porque figuran en una novela de la Highsmith, y hemos olvidado, tal vez, que solía crear bía atrapado la perversa dama. Leía frenético ambiente en el tejido narrativo con puntadas sin sus novelas, las de Tom Ripley pero no sólo hilo. Pero no eran tantas. -ah, aquellas estremecedoras Catástrofes y aguardaba impaciente la publicación de nueEn este sentido, es su obra maestra; manevos títulos, adicto perdido, con notable detejando un material muy austero, mantiene al lecrioro físico por insomnios continuados. Hasta tor anclado en la página y, a la vez, ansioso de que, un día, ocurrió lo que suele ocurrir: me pasar a la siguiente. Es el sello de la singular escansé y descansé de tanta tensión nocturna, critora, que consigue tal desasosiego ahorrando de tanta nerviosidad. al argumento los delitos que se narran en otros La escritora tejana ha muerto este mismo grandes relatos suyos- A pleno sol El amigo año. Muchas muertes me están acosando últiamericano Extraños en un tren son sólo mamente, y no ha sido ésta la menos lamenel bar y las cosas ordinarias que suceden a sus tada: avanzábamos por la vida en la misma fila, peculiares clientes, sin excesos multables de ningún tipo, su simple amoralidad contada como la de los setentones, y le debía gratitud por innormalidad, los que mantienen en vilo. La única tensas horas de lectura. muerte- aparte el asesinato inicial que, lo hemos Dejó este libro, no sé si postumo, que ha dicho, carece de relieve argumental- se provisto la luz recientemente en Inglaterra, y ahora duce casi al final del libro, y no por crimen, sino en España. Como homenaje y con curiosidad, por accidente: la maestra de costura Renate, me he embebido en sus páginas, ya no tan intorturadora y muy retor idamente enamorada de quieto, pues creo saberme los resortes con su oficiala Luisa, se desnuca al caerse por la esque electriza la autora, pero sí admirado y, por calera. Con satisfacción, por cierto, del lector, supuesto, melancólico; probablemente será la como siempre ocurre en los asesinatos de la última oportunidad de leerla; a cierta edad, Highsmith, pues entre sus dones figura el iniguatodo va siendo último. lable de inactivar también la conciencia moral de Small g g minúscula, es la señal puesta en quien la lee. Sus lectores sabemos cómo el los locales frecuentados por homosexuales en afecto que se acaba profesando a sus delinZurich para indicar que se admite a quienes no cuentes puede llegar a la complicidad. Brilla esa lo son, y que unos y otros clientes deben estar malvada pericia en esta novela bondadosa dispuestos a aceptar sin sorpresa sus respectidonde casi decepciona que no sea Luisa quien vos comportamientos. Uno de esos locales, el le rompa el cuello a la antipática Frau Renate bar Jacob s, es el centro en torno al cual se deHagnauer porque, a medida que avanza la nasenvuelve la elemental urdimbre de la novela; Manejando un material muy rración, quien lee ha ido concibiendo el sórdido unas lesbianas y unos gais declarados, una rela costurera le dé mulé a austero, la autora mantiene anhelo de quecojajoven haceria sufrir tanto, moprimida y un indeciso, casi todos clientes del aquella virago por bar, constituyen el censo de la narración. En al lector anclado en la página vida, se adivina, por celos mal reprimidos. squel pequeño y deleitoso Ínfleme disfrutan de y, ala vez, ansioso de pasar a su personal insignificancia y se traban en episoLa característica aceleración narrativa de la dios mínimos y vulgares, que pueden ser cruela siguiente. SmaU g esun autora, y el empleo abundante del diálogo se les, hasta el desenlace perfectamente feliz para producen con intensidad en esta novela, y acfestín para los adictos a la sus protagonistas: la costurera Luisa ha heretúan como magníficos excipientes del relato. Highsmith, un inquietante dado una fortunita, y se acuesta ora con el Pero el mayor atractivo de éste lo aportan los habituales del Jacob s, simpáticos, desenvuelpuesto Teddie, ora con la turgente Dorrie sin paseo aromado por sus tristes tos, generosos, con la excepción del subnorsentirse obligada a elegir. Y Rickie, el simpático y sugestivas Jlores del mal mal Willi Biber, sometido a Frau Renate, autén ickie, su maduro amigo y protector, profesiotico pajarraco en medio de aquella bandada de de la publicidad, siempre dispuesto a ayulocuelos jilgueros y osadas jilgueras. dar a sus conocidos del Jacob s y a obsequiar con pellizcos de crujiente croissant a su chuCuyo mejor espécimen es la modistilla chita Lulú, ha logrado un contrato de muchos pero apenas importara ya uien mató a Peter- ¿puede llamarse así a una suiza? -Luisa, tan irancos, y ha redondeado su suerte con esta- habrá un barruntó- a quien sólo mencionan al- espléndidamente indefinida. Es pariente cercana otra: al parecer, Gertrud, la esposa del policía guna vez su desconsolado amante Rickie y la de otra criatura de la autora, la protagonista de reddie, acepta compartirlo con él sin rechistar, ilusa Luisa, su enamorada a pesar de que el mu- El hechizo de Elsie Como ésta, ha acudido a arites bien, dando alentadoras señales de que chacho la había desengañado. Ese asesinato se la gran ciudad a abrirse camino en un mundo ral situación, ya sólida, va a hacerse estable. produce sólo para que el lector se introduzca en corrompido, dentro del cual se mueve con extraña inocencia; deseada igualmente por homNo me importa revelar el final del relato, por- lo que sigue con temple inquieto y expectante. que no desenlaza nada: podrian seguir páginas Pero ya he dicho que esa expectación no se bres y mujeres, permite que su sexo deambule y páginas con más episodios y más asiduos del satisface, ni hay ningún otro acontecimiento te- entre unos y otras con una indiferencia moral tan bar, sin que la novela dejara de ser la misma, rrible que produzca ansiedad. Surgen, sí, innu- absoluta (y quizá física) que parece candor. Su Las dos o tres páginas finales que describen merables expectaciones, pero causadas por pasividad es tan grande, que ni se le ocurre ma, h ntura funcionan irónicamente como un motivos trivialísimos- el encuentro en un café, la tar a su opresora como los lectores le estamos happy end convencional, y están allí porque, celebración de un cumpleaños, la invitación a sugiriendo página tras página. escritas ya trescientas páginas, los escritores pasar la noche en tal o cual casa, incluso el ataUn festín, en suma, para los adictos a Patrisuelen creer conveniente que una novela acabe. que a Teddie de nulas consecuencias... que cia Highsmith, un inquietante paseo aromado na empezado descrihiendo con frialdad inver- inquietan porque no se puede creer que estén por sus tristes y sugestivas flores del mal. nal cómo alguien despena a un tal Peter allí para nada. Se supone que obedecen a un cuando, habiendo salido tarde del cine, se iba a porqué, y que tendrán algún significado en lo Femando LÁZARO CARRETER casa atajando por un callejón. Reconocemos ya que sigue. En esa minucia consiste el juego: de la Real Academia Española Small g: un idilio de verano