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A B C de la música nrz LA VERDAD DEL DAILE M ESTA EN LOS PASOS, SINO ENTRE ELLOS Detrás de la mirada de Antonio Gades hay, seguramente, un sinfín de historias. Sus ojos son reveladoramente tristes, abiertamente enigmáticos. Incluso su sonrisa se tiñe de un color ligeramente amargo. No es la suya una actitud huraña, pero parece gustarle más el silencio que las multitudes, el anonimato más que la popularidad, la soledad del mar sobre la compañía del público. Tiene mucho que decir, pero prefiere hacerlo con su baile. Las palabras las deja para la intimidad de la conversación. Despojado de la máscara de sus personajes, Antonio Gades parece especialmente vulnerable. En la penumbra de su estudio, se enfrenta a la inocultable verdad del espejo y rompe a bailar, saboreando cada movimiento, vistiéndolos de sobriedad. Gades, cincuenta y ocho años, historia de nuestra danza, emerge de nuevo E L martes próximo, Antonio Gades estrenará en España- en el Teatro de la Maestranza de Sevilla- su última obra, Fuenteovejuna- que ya ha sido aplaudida en Genova y en Japón. Gades siempre es un acontecimiento, mucho más si vuelve a los escenarios después de un largo silencio. No es, dice el bailarín, un regreso, sino sólo el final de un paréntesis que ha llenado de creación. ¿Por qué vuelve Antonio Gades? -Antonio Gades no vuelve, porque Antonio Gades no se ha ido nunca. Son los demás quienes me han matado, quienes me han hecho retirarme, pero yo nunca he dicho nada en este sentido. Repito lo que siempre he dicho, que he venido como el aire y me iré como el viento. Yo no soy capaz de hacer tres obras cada año; admiro a quienes lo pueden hacer, y no los critico, pero a mí me cuesta mucho poder crear una nueva obra. En mi vida habré hecho cuatro o cinco ballets, y entre uno y otro han pasado cuatro, ocho, diez años... Ya hice un parón de cinco años en 1975, y era mucho más joven, y con mayor actividad. Yo no quiero ser el más rico del cementerio. Necesito, cada cierto tiempo, recargarme, tener nuevas exoariencias, oír otras músicas, y para esto no puedo estar en constante movimiento, metido en trenes. Hay quien tiene esa capacidad, pero yo no puedo. Necesito enriquecerme de otra manera, vivir. Pero jamás he dicho que me retiraba, Ver para crecen ¿Y qué ha hecho Antonio Gades durante esta etapa de silencio? -He dejado de trabajar en el escenario, pero nunca de entrenar y de darle vueltas a la cabeza. He estado viendo, mirando, absorbiendo. Vicente Escudero decía de mí que era un ladrón de oido, porque yo estaba siempre atento, escuchando, y. bien o mal, intentaba seguir sus consejos. Lo mismo pasa con la vida. Hay que ver y oir mucho. Es fundamental para aprender y crecer. -No es muy frecuente entre los bailarines jóvenes. -En general, no, Pero hay muchas cosas de las que no tienen la culpa, y tal vez sea nuestra. El sis- En el fondo, el baile exige voluntad y tener vergüenza para saber que, si te dedicas a él, lo tienes qtte estudiar profundamente, y volcarte en él, y hacerlo lo mejor que puedas. La gente dice que soy un artista. Esa palabra ni la conozco ni la quiero 40 tema de educación es muy distinto al nuestro. La sociedad de consumo, los medios de comunicación, pueden transformar a una persona de ta noche a la mañana. ¿Hay demasiada prisa? -Esta sociedad de consumo en la que estamos inmersos ha hecho pocos ascetas. Se va muy deprisa, estamos en la sociedad del- tampax- usar y tirar, usar y tirar. En cuanto se ha usado algo, se tira. Y lo mismo pasa con el hombre, con el trabajador. Guando ya lo has explotado, lo tiras. Ya no sirve, y se sustituye por otro que produzca más. E igual se puede aplicar al baile. De todos modos, creo que al final lo que vale se queda, ¿La calidad se impone siempre? -Creo que, por lo menos, triunfa siempre la honestidad. Aunque ser honesto es egoísta. Si has sido honesto, al final de tu vida habrás hecho lo que has querido. Es una forma muy bella de vivir, porque asumes que te ganas la vida con tu trabajo, que haces io que quieres. Y eso es ser un privilegiado, Naturalmente, no es sencillo conseguirlo, lo mismo que lograr ta libertad. La libertad cuesta mucho, incluso materialmente... No sólo en dolores y sentimientos. No, no... También materialmente. La libertad cuesta... ¿Antonio Gades es libre actualmente? -Sí, si, por supuesto. No ahora, desde hace muchos años, ¿No se siente atrapado por el mito o el personaje Antonio Gades? -Cuando yo me levanto por la mañana, soy Antonio Esteve Rodenas; cuando voy al teatro o a ensayar, me tengo que creer que soy Antonio Gades, Y cuando subo al escenario me transformo en Don José, si hago Carmen- en Carmelo, si hago el Amor brujo o en Frondoso, si hago Fuenteovejuna- Mucha gente me pregunta por qué después de las funciones tardo tanto en salir del teatro, Y es que me tengo que desprender primero del personaje que he interpretado, y después de Antonio Gades, para volver a convertirme en Antonio Esteve Rodenas, el hijo de Vicente, albañil, llamado El Ventana que luchó por la República; y recordar que empecé de botones. Todo esto es para mí como una especie de terapia que me ha ayudado mucho a lo largo de toda mi vida. Creo que ha sido lo que más me ha ayudado: volver a mi origen, a mi clase. Bailarín por hambre -Seguir en el escenario, ¿Es una necesidad? -Para nada. Si sigo en el escenario es, sobre todo, porque estoy buscando compañeros que ocupen mi puesto, que no creo que sea tan difícil, y poder retirarme después. Creo incluso que los espectáculos ganarían si no tuviera que dirigir y bailar al mismo tiempo. Podría estar más pendiente de la limpieza del espectáculo, sin tener que preocu-