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ABC literari 0 Poesía Antología poética Ángel Crespo Introduce, y selección de Arturo Ramoneda. Alianza, 1994. 231 páginas, 800 pesetas Sendero luminoso Pedro Sevilla Felipe Beríitez: La maleta del náufrago (fragmentos inéditos) Cuadernos de la Moderna. 18 y- 20 págs. D ECÍA Jaime G ¡I de Biedma que Ángel Crespo (Ciudad Real, 1926) no ha confundido la literatura con la actualidad literaria Quizá por ello, añadía, a pesar de ser una de las voces más sostenidas y más vivas de nuestra edad no se le ha concedido el relieve que hemos conocido otros pero sus versos le dan la razón: ellos han salido ganando Tan sincero como lúcido, el testimonio viene a romper el cliché de manual, con la foto fija de una Generación de los años cincuenta que se identificaría con la supuesta Escuela de Barcelona y sus compañeros de viaje, e invita a replantear el estudio de esa época. A ello puede contribuir en el caso de Ángel Crespo- autor de dos docenas de libros poéticos, promotor de revistas, traductor espléndido- esta Antología que A. Ramoneda guía desde un sistemático estudio introductorio. Porque, bien elegida, facilita un conocimiento básico y su única limitación consiste en que nos deja con la miel en los labios. Una edición todavía reciente de las Primeras poesías (1942- 1949) permite conocer la preparación del poeta, que aunó desde muy pronto un amplio conocimiento de los clásicos universales y la devoción por el Juan Ramón Jiménez de la etapa metafísica con la actitud vanguardista del Postismo. El Itinerario aquí antologizado parte de Una lengua emerge (1950) donde se perfila el concepto básico de poesía como voz que misteriosamente integra muchas voces pero que, ai mismo tiempo, es frágil y requiere una delicada técnica; una voz es un hilo que se rompe Veinte años más tarde reorganiza y revisa A. Crespo los trece títulos hasta entonces publicados en el volumen En medio del camino (1971) Lo articula en cinco libros, el último de los cuales dormidos. Un rebaño, una mujer barriendo, una tarde cualquiera, bastan como motivo. Se ha hablado de realismo mágico No sería, en todo caso, el de Kafka sino más bien el de Orfeo, ligado al vuelo de la palabra que contornea un espacio de aire que penetra las cosas. Véase el formidable cuadro de la madre del poeta Juan Alcaide en el velatorio de su hijo: Porque tú estabas blanca, en una silla, sin pronunciar un verbo y con gesto de nunca (pág. 54) Siente desde muy pronto A. Crespo la llamada de otras tierras y su trazo se hace más plástico en piezas dedica- D Como decía Jaime Gil de Biedma, pocos poetas españoles han logrado en los últimos cuarenta años una voz- tan viva y sostenida como Ángel Crespo mmimi m funciona como quicio que abre un segundo tiempo en su escritura. Puede decirse que ese primero está dominado por las preocupaciones centrales de la modernidad literaria y especialmente por el ejercicio de la poesía como vía de penetración en lo trascendente. Glosando el aforismo Juanramoniano Poesía metafísica, no filosófica aclara Crespo que aquélla no comporta un sistema sino un método. De ahí que en él no encontremos un cosmos doctrinal. Un mundo bien concreto, el de su entorno manchego, se nos muestra intensamente plástico y la palabra va descubriendo en cada objeto significados que en él yacen 8 das a la pintura. Con Docena florentina título coetáneo a los de los primeros novísimos extiende su mirada al espacio de la cultura e inaugura un segundo tiempo progresivamente abierto a la preocupación metafísica: ir juntando en el poema tanto disperso mundo. Ave, aire y fuego se convierten en núcleos simbólicos centrales, fecundísimos. Escribir poesía- véase El pabilo -es como encender una vela, a cuya luz un mar cede en extensión y el aire abre caminos ocultos; pero cuando todo comienza a ser luz, algo impide seguir mirando al interior de la llama. A lo largo de diez libros, hasta Ocupación del fuego el poeta emula el empeño de Prometeo; robar a los dioses el fuego sagrado de su lengua, en la que cada cosa tiene un nombre vedado a los mortales Con ella podría él metamorfosear todas las cosas y romper el círculo aprisionador de la muerte. Cobra así plenitud de sentido su definición de poesía como palabra que quiere trascenderse en el plano del poder ser Vano empeño. Como pnncipio del mundo, el fuego lo ha echado a rodar para pulir un espejo que refleje el eterno retorno de luz y oscuridad. Lo que decía Gil de Biedma: pocos poetas españoles han logrado en los últimos cuarenta años una voz tan viva y sostenida. Víctor GARCÍA DE LA CONCHA de la Real Academia Española IRIGIDOS por José Mateos, en la Tertulia de la Moderna de Jerez, han visto la luz estos textos inéditos de dos escritores gaditanos (Arcos de la Frontera y Rota) de la misma generación (Pedro Sevilla, 1959; Felipe Benítez, 1960) El primer autor fue dado a conocer por Francisco Bejarano en su antología de la nueva poesía andaluza, en 1991 La poesía más joven el segundo ha trazado una interesante obra poética (desde Estancia. en la heredad 1979 hasta Sombras particulares 1992) en contrapunto a su labor prosística. El poeta arqueño entiende la escritura como capacidad de transformación de la propia interioridad: Escribo para transgredir un mundo absurdo, para conseguir el respeto y la dignidad que la vida niega al hombre El codirector de Fin de siglo ha defendido, por contra, la sugestión emocional en cualquier aspecto de la realidad: Una intensa sugestión fugaz que acaba haciendo de la vida un asunto interesante y complicado. Un espejismo, en fin, de seducción Ambos enmarcan la experiencia poética en los límites de la propia materialidad de la vida, Sevilla, en la nueva plaquette continúa la intención de Septiembre negro (1992) recobrar por entero los días vividos, a través de imágenes y episodios cotidianos, por ese sendero de luz de la exacta biografía En aquel poemario anterior se podía leer: Reconoce que todo tu afán por escribir no es más que el desamparo y el miedo que le tienes a la vida Ahora, entre recuerdos escolares y vivencias propias, muestra un temblor compartido como carga de gesto solidario El bronco escenario de la Historia la iniciación a la poesía y el guiño irónico a la hija adolescente conforman a un personaje lírico que dialoga con realidades que merecen los honores inciertos de ün poema Todo sublimado por el toque irónico del distanciamiento: MI escritura es sólo un vano intento de emular la fama de los niños de mi escuela. La segunda muestra es la prolongación- con Inéditos de un volumen con igual título ya editado en 1991. Aquellas páginas, redactadas con la única intención de distraer, sólo tienen un contenido- según su autor- con valor y coherencia para quiqn lo dispone El lector puede servirse, al menos, de ía agenda de personajes, siquiera sea como indicio de algún tipo de complicidad Y un ruego final: Si no fuese así, estas páginas- recurrirían inmediatamente a su triste anillo con veneno y serían papel muerto, caído de las manos con la implacable determinación de los suicidas Entre la humorada, la greguería y el aforismo, las reflexiones de Benítez alcanzan la dimensión de verdadera crítica y creación literarias. Convertido el discurso en dietario, los fragmentos hilvanan el espejismo de la vivencia cotidiana y la memoria de la edad primera. Así se combate la rutina- ruina- diaria, porque sin llegar a pensar, como Jünger, que lo mejor de los escritores son los diarios el también novelista estima que, con sus anotaciones, puede asistir- con media sonrisa entre despectiva, comprensiva y ansiosa- al espejismo de este presente literario, esa enrevesada figuración colectiva José María BARREAA