Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC literario Poesía El discurso de yerba Rafael Soto Vergés Libertarias, 1994, 81 págs. Rimado bajo el piélago. Ayunt. deCáceres, 1994. 77 págs. Instantes de él y ella María Victoria Reyzábal Zurgai. Bilbao, 1994 68 páginas M ERECIÓ Rafael Soto Vergés (Cádiz, 1936) el Premio Adonals de 1958 con un libro, La agorera que definía bien su poética, Sobre la trama anecdótica de una advinadora de mercado se dibujaba la figura de la poesía como indagadora y conjuradora de los temores, deseos y sueños del pueblo Se movía la escritura en un discurso de carácter mágico que presentaba una textura barroca intensamente expresionista. Se adensaría ésta en Epopeya sin héroe (1967) y, de tan tupida, llegaría a hacerse a veces críptica en El gallo ciego (1975) Justo en esa frontera y como en retorno, Viento oscuro lejano (1987) traía ya un mensaje de depuración. Convencido de que el destino del hombre es ciego, al poeta sólo le resta la posibilidad de musicalizar la aciaga incertidumbre. Y ahí se inóardinan estos dos libros, complementarios entre sí, que acaban de aparecer. Alguna vez he recordado la afirmación de Ortega de que el andaluz tiene un sentido vegetal de la existencia. Soto Vergés lo proyecta sobre ese peculiar surrealismo andaluz que halló sus máximos exponentes en Alberti y Lorca, Aunque, a decir verdad, estas páginas traen ecos más próximos del telurismo de Neruda o Miguel Hernández. Nada puede devolvernos el es plendor en la yerba Pero, a sabiendas de ello. Soto Vergés retorna a Bornes, un espacio mítico semejante a la región de los Lagos de V ordsworth o el entorno de Swansea de Dylan Thomas. Es el paraíso de la infancia al que vuelve, para descubrir la verdad última del discurso fingido por la yerba en su verdor: que ella nace de la descomposición y crece allrrientada por la rfiisma podredumbre activa que la va arruinando. El clamor musical de la verdura no deja oír la nota última, la más grave y secreta, la que hiere el corazón con flautas agoreras (pág. 64) Al percibirla, invierte el poeta el deseo rubeniano; Si yo pudiera ser como la piedra... Pero soy yerba (pág. 37) El poema que presta título al libro encadena una serie de interrogaciones que nos dan la clave de Interpretación de ese discurso: ¿Cómo se desarrolla la escritura de la muerte? ¿Cómo es su grafema exacto? (pág. 77) Son las mismas preguntas que al comienzo del itinerario poético de Soto Vergés hacía por su boca la agorera. Comprendemos entonces que lo que en este libro hace es destejer el tapiz construido en el sueño de la vida y mostrarnos sus hilos: construir descomponiendo. El expresionismo- esa forma plástica que intenta captar el alma de ios seres en la revelación de un gesto- se muestra aquí instrumento sumamente acorde al propósito. No se configura sólo en las Imágenes- la yerba de un saludo estremecía su mano condenada (pág. 44) -ni se apoya únicamente en el dinamismo retórico: se concentra- y es éste uno de los valores fundamentales del libro- en la selección del léxico. Una enorme cantidad de palabras castizas del ámbito rural retornan a los versos para 8 edificar la vida de una imagen soñada, para verdear un instante y dejar en la boca del poeta el regusto amargo del apostrofe final: Oh yerba, yerba, ¿Por qué me has condenado a rauda muerte? Desde el título, Rimado bajo el piélago muestra el segundo libro esa voluntad de musicalizar la dolorosa existencia. Realiza aquí Soto Vergés una inmersión en la profundidad en busca de la memoria: Navegaré cantando mi infancia y su leyenda Que nadie piense en un retorno feliz. Consciente de que su canto puede resultar os- A curo, advierte que ello se debe a que habla del deseo insatisfecho, de la necesidad que no encuentra su faro (pág. 25) En última instancia, pues, tanteos en la oscuridad de la existencia, conjuros en los temores. Más articulado que el anterior, sus cuatro partes no hacen sino verter sobre el molde alegórico de ese doble elemento, música y piélago, la visión de la existencia como un precipicio hacia arriba o, inversamente, como un catafalco vegetal Lo mejor del libro, lo que demuestra el poderío figurativo de Soto Vergés, se halla en la capacidad de multiplicar en mil formas diversas la imagen del hueco del ser y su caída en lo profundo: ¡MI casa ha naufragado! La pálida cebolla deslíe ya en medusas la luz de mi cocina (pág. 63) Advertimos al tiempo que su lenguaje poético se nutre de la savia de la poesía barroca del Siglo de Oro, mezclada, como en el surrealismo andaluz, con las palabras mágicas del pueblo. Lástima que la facilidad verbal conduzca a veces al mero regodeo de vocablos o, lo que es peor, a excesos conceptuosos, Pero más allá de tales imitaciones queda el logro positivo de tejer un discurso rico, mágico, que conjura el vacío del existir. Víctor GARCÍA DE LA CONCHA de la Real Academia Española FIRMABA José Bergamín que la poesía de Salinas era verdadera porque tenía razón de ser, limpia de aquella turbia inmortalidad irracional del esteticismo ilusorio El madrileño se detenía en Ja interpretación órfica del universo como forma de verificar el dibujo poético que la poética de Salinas manifestaba en su verdad amorosa. Con el nuevo poemario, María Victoria Reyzábal (Madrid, 1944) consigue expresar esta caracteristica, aunque olvide en algunos momentos la dimensión trascendente del ser amado. El diálogo constante entre dos protagonistas- él y ella- y su fusión amorosa- una forma de llegar hasta los límites del existir- remite a la cosmogonía (gestación de un universo propio) de Neruda. El instinto amoroso aparece como ímpetu salvador para el chileno, y gracias a él el alma del poeta escapa de ser devorada por imágenes de destrucción. Las conexiones intertextuales muestran las visiones desintegradas- formas de meditación- en la experiencia de un destino común. La tangencialidad sexual para Neruda y Reyzábal se convierte en metáfora de un encuentro más allá de las realidades últimas, anunciando el rito de sublimación corporal. Los amantes descifran las iniciales de la vida y emprenden la búsqueda de la pasión hasta la muerte. Esta perspectiva obliga a reconocer el error de cálculo aunque todo sea fruto del miedo a esas carencias sensitivas que supone la vivencia de amor. El acto de fusión deviene así en transfiguración y recreación del tiempo. Como si la dependencia o libertad de los cuerpos estuviese sujeta a conjuros o engaños- actitudes de entrega- las preguntas y respuestas de este intercambio emotivo implican unas fórmulas ya comunes en la literatura: Cuando no te tengo la noche es una loba rabiosa clamó ella él pensó toda de seda es nuestra alcoba ella suspiró todo de fuego es nuestro aire Concebido el libro como fragmentos ele un discurso dialogado, bien puede aplicarse en él la teoría bajtiniana de la dialogía En la Estética de la creación verbal (1979) quedaban delimitados los conceptos de dialéctica diálogo y dialogía La explosión del sujeto, la pluralidad del sujeto múltiple y la necesidad de la otredad surgen de la lucha entre el yo y el otro en cada manifestación interna y externa, frente a la dialéctica hegeliana. Así, la autora desafía, como exige Bajtln, las voces de su texto con una nueva historicidad, aquella que nace de la propia ficción amorosa. Bajtin, para definir la noción de acabado busca una actitud de respuesta activa entre los integrantes de todo diálogo. Él y ella provocan en estos versos esos retos activos la relación de enunciados (letanías, símbolos) convergen en un eje plural, donde es posible un acuerdo de trascendencia. Esta Idealización define la moralidad del ejemplo: Él aconsejaba en sus discursos trata a los enemigos como amigos no guadañes la vida de la naturaleza no muevas ni un dedo por rencor En estos poemas de la también profesora, los ritmos de luz o los nudos mágicos definen esas furias y penas -vértigo de lo erótico- en una integración puntual y en cohesión a través del cosmos. Con esta lección- lenguaje sellado, sin ecos- dentro del hermetismo (él Icaro mil veces ella siempre odisea finaliza la verdad de Reyzábal. José MARÍA BARRERA