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A B C literario Ensayo Novela- Etnografía E Martyn Hammersley Paul Atklnson Trad. M. Aramburu. Paidós. Barcelona, 1994. 297 págs, 2.800 pesetas N su acepción clásica el término etnografía se refiere a la producción de estudios descriptivos sobre la vida social de tribus o pueblos remotos. El trabajo ideal del etnógrafo se desarrolla en una tribu o pequeño pueblo cuyo idioma conoce. Ello le permite integrarse en la vida cotidiana de la sociedad que estudia. Desde la década de los 20 la etnografía se ha venido configurando como un área de conocimiento, tanto académica como profesional, que se vale de magnetofones, vídeos y otros instrumentos para conseguir datos válidos y fiables. Hoy constituye una rama importante de la antropología cultural y social. Como señalan con acierto los autores, el trabajo etnográfico ha despertado en los últimos años, yo diría que desde finales de los sesenta, un interés que va más allá de la antropología. Desde otras ciencias sociales se busca integrar en la especifidad de sus propios objetivos científicos los métodos y técnicas de investigación propios de la etnografía. Este desbordamiento podrá entenderse mejor si consideramos con los autores que la etnografía es la forma más básica de investigación social Conviene no olvidar que sus datos proceden de la forma más elemental de investigación social, la cual no es otra sino la observación, que en este caso se denomina observación participante puesto que el científico está inmerso en aquello que estudia. Al contrario de lo que sucede en las ciencias naturales, los métodos y técnicas de observación participantes son, en sociología y psicología social, de una cierta tosquedad. Pese al progreso de los instrumentos mecánicos de recogida de datos, el problema radica en que son necesarios conceptos y conexiones conceptuales para poder organizar y dar sentido científico a la observación, una forma de experiencia del mundo que el científico debe transformar desde una percepción inmediata e ingenua de la realidad circundante hasta lo que denominamos ciencia. La dificultad de la observación participante reside en su complejidad. Su cometido no consiste sólo en observar cómo las acciones humanas- G. Homansestán determinadas por causas, ni tampoco dar cuenta- Talcott Parsons- de cómo la gente percibe los medios y fines de la acción social. Todo proceso de observación participante implica, con independencia de sus objetivos específicos, el obstáculo añadido que supone el análisis de los significados culturales propios del lugar y del momento histórico. La estructura de Etnografía tiene un marcado tono didáctico. Obedece las reglas básicas de la investigación social que utiliza la observación participante. Primero definir el problema que se ha de investigar y buscar lo ya escrito sobre el tema. Después obtener el permiso indispensable para entrar en el campo de observación y establecer el plan de trabajo y los instrumentos de recogida de datos. Por último, el análisis de la información y la escritura etnográfica. El tono accesible de esta obra permite tanto su lectura por especialistas como por todos aquellos que deseen mejorar el conocimiento de su mundo inmediato. Bernabé SARABIA El salvaje de Borneo Alfredo Tajan Revista Bitzoc; número 19. Palma de Mallorca, 1994. 80 páginas S I publicar una primera novela supone una buena dosis de aventura, hacerlo en una editoral no dedicada a la publicación del género es duplicarla, y si además aparece en el correspondiente número de una revista la triplica; éste es el caso de El salvaje de Borneo primera novela del abogado malagueño Alfredo Tajan, autor hasta ahora de una entrega poética y cuyo nombre aparece de vez en cuando firmando críticas literarias en la Prensa, que se publica como uno de los números de la excelente revista literaria balear Bitzoc hace ya mucho tiempo que la Prensa diaria ha renunciado a publicar creación literaria, y que las revistas no publican libros enteros de creación, limitándose a poemas, cuentos o fragmentos sueltos. El hecho de que Bitzoc tan rigurosamente capitaneada por Basilio Baltasar, publique solamente creación, ya es una garantía; y el hecho de que esta novela haya surgido de un premio- el Juan March Cencillo- -viene contrarrestado por el de que se trata de la primera edición del galardón. Aunque al final, para cerrar el círculo, habrá que decir que se trata de una novela breve producto ante el que el mercado suele mostrarse por lo general bastante reticente. Este premio, que con esta concesión aparece por vez primera en el peliagudo mundo de los concursos literarios, fue concedido por un jurado compuesto por B. Baltasar, F. G. Corugedo, J. C. Llop, J. Perucho, B. Porcel y V. Puig, y fue otorgado por unanimidad, aunque en una cuarta votación, quedando como finalistas Camilio José Conde y Vicente Molina Foix, lo que algo querrá decir en favor de la calidad del producto premiado. En un breve prefacio, debido quizá a la singular pluma del director de la revista, se alude al hecho de la dificultad de llegar a un lector inocente- como pueden existir entre los lectores de novelas- a través de los lectores de revistas, que en principio parecen condenados a no serlo. La verdad sea dicha, creo que no es para tanto, que la lectura es un continuum y que el verdadero lector es el lector final, el que no lo lee todo, el que es capaz de supe- rar hasta sus propias filias y fobias, aunque no por haber perdido la inocencia inicial, sino hasta sobreponiéndose a su propio estragamiento, como si se enfrentara a cada nuevo libro en el mismo estado de inocencia del principio y de siempre. Si no hay literatura inocente, la lectura siempre lo es, y al revés que en la existencia, donde sólo se pierde una vez, se recupera, como en el verdadero amor, cada vez que surge de nuevo. La lectura, como el amor, siempre es inocente, y ojalá este premio, Bitzoc y El salvaje de Borneo encuentren los lectores estragados e inocentes que necesitan. Pues esta extraña, singular y original novela corta, ceñida, escueta y bastante vertiginosa en suma, nada tiene que ver con los habituales productos que nos abruman. Se trata quizá de la parodia de la novela neoclásica, de una especie de amarga puesta en escena de fórmulas dieciochescas- pienso en el Cándido de Voltaire, pasados por las teorías rousseaunianas del buen salvaje- cargada de sabiduría narrativa y escrita con un sentido crítico bastante deslumbrante. Dentro de un esquema de novela de aventuras exóticas, se inserta una narración no exenta de magia y misterio, que se autocrítica constantemente, poniéndose en solfa a medida que va creciendo, rebajando sus propias ambiciones, y alcanzando unas dosis de corrosivo humor bastante negro en resumidas cuentas. Una insólita pareja de profesores universitarios, herederos de una extraña y ambigua herencia, decide partir en una especie de viaje antropológico a Borneo, no sin previas discu- siones y con la posible intención de encontrar un buen salvaje puro y duro, para insertarlo en su propia, corrupta y desarrollada civilización. Desde la primera frase- pretendían salir de viaje secuestrándose a sí mismos, lo que suponía un alto riesgo -el lector resulta atrapado y lee lo que sigue a tambor batiente, a un ritmo tanto más desenfrenado cuanto más se contrapone a un discurso tan brillante como falsamente intelectual. Pese a la inicial cita de Daniel Defoe, encuentro a Tajan más volteriano que robinsoniano, más destructivo que constructivo, más satírico que doctrinal. Quizá, pese a todo, tanta brillantez- con brindis internos constantes, con huellas de Borges, Gómez de la Serna, con continuas sátiras filosóficas y antropológicas- se vuelve a veces pedante, hay caídas en algún que otro tópico, descensos de tono verbales, y el conjunto peca de teórico, como si fuera un buen producto de laboratorio. En el enfrentamiento final entre el profesor y el salvaje- el autor ha eliminado a la mujer a las primeras de cambio mediante la enfermedad, el envenenamiento, la magia, la religión o la política, lo que nunca se sabrá- sólo se salvará el salvaje, pero sólo mientras lo siga siendo, en esta fábula paródica, legalmente corrosiva, discretamente sexual, antropológicamente dinamitada, filosóficamente pen ersa, que se ríe de sí misma con un humor negro absoluto, y que, como no podía menos de dejar de ser, desemboca en la destrucción total. Vale la pena. RafaelCONTE 11 dr