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ABC literario Ensayo- -Artículos Narcóticos N S. I. Witklewicz Traducción de Josep M. de Sagarra. Circe Barcelona, 1994. 212 páginas, 1.950 pesetas OS cuentan ios editores en la soiapa que Witi iewicz (también ilamado Witkacy, 1885- 1939) fue un excéntrico personaje del panorama cultural polaco, que se aplicó a múltiples ramas del arte (pintura, fotografía, literatura, filosofía) que el eco de su trabajo se extendió rápidamente por la Europa anterior a la Segunda Guerra Mundial, y que su personalidad adquirió el aura de poeta maldito -en la línea de Kafka y Grombrowicztras suicidarse en 1939, No es ésta una infornnación gratuita y conviene partir de ella para hacer frente a este insólito libro. Narcóticos hace tiempo que circula en otras lenguas europeas provocando- seguroel estupor de quien se decide a curiosear en sus páginas. Lee uno el título y piensa inmediatamente en todas esas sustancias que mitigan una dolencia física y producen sopor en las personas a las que se les suministran. Le advierten que se trata de un ensayo y frunce el ceño con recelo ante la posibilidad de encontrar otro estudio científico sobre determinados estupefacientes. Pues conviene aclarar que no se trata de un análisis específico ni se centra en el significado literal del término descrito. Witkiewicz comenzó la redacción del libro en 1930 dispuesto a compartir con el público sus puntos de vista sobre los efectos cotidianos de aquellas drogas sobradamente conocidas por él (nicotina, alcohol, cocaína, éter y morfina) Así lo expresa en el Prefacio con que advierte al lector de sus pretensiones. Las horas Josep Pía Traducción de J. Daurella. Destino. Barcelona, 1994. 550 páginas, 3.000 pesetas D ESPUÉS del Josep Pía intensamente dialéctico de los años treinta, la posguerra parece llevarle a deberes más presocráticos: se ha quedado sin pasaporte y sin La Vanguardia sin más espectáculo gratis que la contradanza de equinocios y de soiscticios que constituye el año. Ha comenzado a escribir en la revista Destino y los lectores acuden al amparo de su Calendario sin fechas en busca de un rescoldo de tolerancia. Desde 1940, Pía cada semana deleitaba e instruía a los lectores de Destino catálogo irrepetible del liberalismo posible en época de intransigencias y penurias. Tam- palda ondulada y redonda c l cerdo o que una viva idea del verano sea oír, en una habitación en penumbra, a las tres de la tarde, con tiempo húmedo y bochornoso, volar una mosca Llegará el invierno inodoro y mordiente Del Año Nuevo a otro fin de año, Las horas enlazan las menguas de enero, las calmas de junio, las verbenas de San Juan, la caza y la vendimia, los últimos grillos y las primeras setas. Los días se acortan y llegan las noches de diciembre. Son todos los ciclos de la bondadosa y feroz naturaleza Es el Pía dispuesto a aceptar que el mundo de hoy vive una época de transición, siempre que previamente acordemos que esta época empezó en Adán y Eva el Josep Pía que ante la fugacidad de la belleza siente el mismo vacío que sintió el día que, en Cagliari, en Cerdeña, me robaron la cartera Es el Pía moralista escéptico, inesperadamente rotundo en alguna afirmación filosófica: Toda forma es la liberación de la tensiórífc ue la ha construido escribe cuando florecen los almendros. Ni tan siquiera cierta apariencia costumbrista de Las horas dará pie a aquellos que querrían relegado a la condición de escritor con boina, payés culto o periodista venal, sin atender a la complejidad de su carácter o a la lucidez de su pensamiento político, tan incomprendido por quienes todavía creen que una guerra civil es un cómic ideológico La matanza del cerdo le lleva al Contra Sainte- Beuve de Proust; el fútbol le hace calificar al siniestro, engolado y pedantesco Montheriant el rumor de las fuentes le devuelve a Ronsard; Eurípides aparece en una glosa de junio. El Pía viajero recuerda el olor a mimosa en Ajaccio, el canto del ruiseñor en Beriín o en Ceret, una frase perfumada de Madame de StaéI. Por entre los resquicios de unos años sin política, por fuerza asoma la inteligencia conservadora de Josep Pía, al recordar unos revolucionarios que pretendían hacer avanzar el mundo a base de destruir lo que, a ellos personalmente, no les gustaba y de conservar lo que a ellos les placía, como es naturalísimo Otras personas- constata Pía- pretendían conservar lo que los revolucionarios querían destruir y destruir lo que los revolucionarios querían conservar. Me dijeron, entretanto, que aquel tira y afloja venía durando desde hacía muchísimos siglos, quizás treinta o cuarenta- en vista de lo cual creí que lo más razonable era seguir cotemplando el vuelo de las golondrinas Frente a otras de sus obras más compactas y complejas, Las horas no deja de ser un libro plácido, sencillo, pacífico y modesto en definitiva, inteligible, capaz de precisar los amarillos de yema de huevo, colores ferruginosos, estaños extaslados de las nubes tocadas por la luna dé otoño. Es el individualismo asequible y sin anarquías: Siempre he creído que el hombre tiene derecho, en al; gunos momentos del año, a ignorar dónde se encuentra su domicilio ValOTtíPUIG 15 Lejos de exponer las consecuencias devastadoras con que se nos amenaza habitualmente- el deterioro de los pulmones, arterias, faringe y corazón- se centra en el diagnóstico pormenorizado de aquellos estupefacientes que actúan como analgésicos sobre el cerebro y el sistema nervioso de cualquier individuo. Lejos de dirigirse a los narcómanos de- clarados, se propone advertir a los consumidores habituales del suicidio intelectual al que exponen su potencial creativo. El tono tenderícioso, casi visceral, domina los tratados, y si en ocasiones se hace insistente y carga las tintas en lo dramático de su experiencia personal, en otras acapara nuestra atención por la minuciosidad con que describe los síntomas de la común resaca que deja cada uno de ellos. Estremecedores (el entrecomillado es nuestro) resultan los capítulos dedicados a los narcóticos grises -nicotina y alcohol- cotidianos venenos que abotargan tos sentidos a cambio de placeres nulos Combinando puntos de vista filosóficos y estéticos, bucea en las razones que mueven a buscar el aturdimiento en calmantes que prometen sensaciones inusitadas y ofrecen un irreparable hastío. Sus argumentos los refuerza el uso de una insistente primera persona que declara su interés por prevenir de las terribles reacciones que se derivan en cada una de las parcelas del yo humano La eficacia de sus reflexiones dura- ciertamente- lo que dura la lectura, pero resulta curioso asomarse a una exposición doblemente veraz por estar motivada en el interés del autor por contar una parte de la verdad sobre sí mismo. Pilar CASTRO poco faltaban los cortes de electricidad pero aquel Calendario, sin fechas nunca fue reducto de nostalgia, poso de venganzas o fomento de purismos. La cuestión es balancear la vida, ondularla un poco dice en uno de sus artículos, vademécum de un posibilismo vital bastante higiénico y ejemplo de astucia del articulista, en años de censura escrupulosa. Las horas es una reordenación de artículos publicados en el Calendario sin fechas en su mayoría de los años cuarenta, ya editados parcialmente en 1945, con el título La huida del tiempo Luego, en 1953, aparecen en catalán con el título Les hores el mismo que va a tener catorce años más tarde como vigésimo volumen de la Obra Completa propiciada por el ecjitor Josep Vergés, aunque engrosado con artículos de épocas posteriores y un prólogo de Pía fechado en 1971. La actual edición en castellano reproduce aquella recopilación ampliada de la Obra Completa, con traducción de Josep Daurella. El gran viajero adicto al Baedeker en Las horas se nutre del Calendario del payés y del calendario gregoriano- único vigente después de tantas tentativas de cambio- con algún vistazo a El año cristiano del jesuíta francés, el padre Croisset, Ya se sabe que Josep Pía tuvo siempre una gran facilidad para documentarse. Lo que cuenta, después de todo, es que por San Antonio Abad da gusto pasar la palma de la mano por la es-